Cuentos de azúcar
Tribuna mini Saltar publicidad
2 file
Cyl dots mini

Cuentos de azúcar

Eva Yerbabuena. NACHO CARRETERO

La crítica cultural de Ágreda en Tribuna de Valladolid.

Eva Yerbabuena  (1970, Frankfurt del Meno, Alemania) es una artista flamenca que parece que  hace todo fácil en el escenario. Respirar y bailar tienen el mismo compás. Y además, tiene duende, para qué queremos más. En Cuentos de azúcar que esta noche vemos en el LAVA,   nada está improvisado, aunque a veces lo parezca, todo está muy aprendido. Le acompaña el bailarín Mario Bermúdez   que ilumina la sala como una hoguera la noche de San Juan ilumina los cielos de isla de Amami.  

 

Qué bien se está a esta hora en la Sala Concha Velasco. Una de las cosas más complicadas de cualquier espectáculo es crear intimidad y que sea creíble. Y emocionante. El tesoro del flamenco, es el lamento, el quejío, de ahí viene la emoción. Es algo atávico, el modo más primitivo de expresión del arte.

 

En el flamenco todo se comparte. Mientras cantan y bailan el espectador tiene la oportunidad,  antes de que llegue el toque de queda,  de imaginar. Porque el flamenco ha evolucionado y de qué manera. Aquí los diccionarios o los correctores sobran. Al público le entra por los ojos, por los pies, por las manos y no necesita nada más que dejarse llevar para viajar a enigmáticas regiones al otro lado del mundo. El flamenco no necesita traducción.

 

La esencia del flamenco es sincrética por sus venas corren todas las disidencias y además tiene el don de la hospitalidad. Lo puede sentir un californiano, un canadiense, un chino y uno de Fuente el Sol. Porque el flamenco es vida y dulzura, esperanza nuestra…

 

La belleza esta noche salta a la vista, una vez que el espectador ha soltado amarras y ha dejado de lado los prejuicios disfruta de Cuentos de azúcar envolviéndose en su ritmo, en su baile, en sus historias, en las emociones que lleva consigo la alegría y la tristeza. Y lo más grande,  se ha creado un vínculo entre el público, los cantantes, los bailaores, Mario Bermúdez  y Eva Yerbabuena  que se palpa con las manos, con las miradas y con los suspiros.  

 

Eva Yerbabuena  es una exploradora del flamenco. Siempre, ha dejado dicho, he sentido curiosidad por lo que hay fuera. Ha impregnado sus coreografías, las medidas y  los pasos de ritmos algebraicos  que llegan alegres al patio de butacas. En una sociedad cada vez más cómoda en el fanatismo más estúpido, más intolerante y cada vez más convencida de que la única voz que merece ser escuchada es la propia,  el flamenco ha demostrado esta noche que cuando las certezas desparecen, la duda empuja a buscar una verdad que puede encontrarse en el arte.