"Cuando una persona pone en peligro su vida para huir de su país es porque el riesgo a morir allí es mayor"

El psicólogo Airam Vadillo, tras nueve meses en la frontera con Siria junto a MSF, expone en Valladolid las necesidades que personas refugiadas y migrantes tienen en cuanto a salud mental, y el cómo percibimos desde España ese dolor.

Airam Vadillo, frente a la Facultad de Medicina. D.Á.

Dice que es canario, aunque su acento para nada le delata. Con 18 años llegó a Valladolid procedente de las Islas a estudiar la carrera de enfermería y después, con 21, completó sus estudios con la de psicología en la Universidad de Salamanca. Tras cooperar en Sudán del Sur y Ecuador -entre otros-, su último trabajo sobre el terreno ha sido en la frontera entre Jordania y Siria donde ha estado nueve meses ayudando en el ámbito de la salud mental, junto con la ONG Médicos Sin Fronteras (MSF), a refugiados sirios cuyo país ha cumplido el séptimo año en guerra.

 

Él es Airam Vadillo, y ha estado en Valladolid para explicar cómo se aborda la salud mental en situaciones de conflicto. Porque las heridas invisibles también duelen. Y en un país como Jordania, que según datos de ACNUR ha acogido a 658.000 sirios (con una población total de 6.6 millones de habitantes, lo que supone que la población refugiada es un 10% del total) la necesidad es aún más acuciante. 

 

TRIBUNA¿Qué necesidades en salud mental encontráis entre migrantes y refugiados?

AIRAM VADILLO: El abordaje de salud mental se entiende de forma muy difusa y es relativamente nuevo en el entorno humanitario. Puedes curar una herida física, pero la emocional requiere de un tratamiento de apoyo psicosocial. La mayoría de casos son síntomas afines a la depresión, al trastorno espectro de la ansiedad, y nos encontramos casos de estrés postraumático pero no tantos como la gente puede pensar.

 

T: ¿Varía mucho el cómo trabajáis con población infatil y con adulta?

AV: Sí. Los niños tienen una manera distinta de expresar sus emociones o malestar, generalmente lo hacen a través de síntomas que, descartada la razón fisiológica, presumiblemente sea psicológica, por ejemplo que miccione durante la noche. Y para abordarlo usamos técnicas de apoyo tipo dibujo, donde el niño se expresa a través de actividades y podemos identificar si hay problemática. En el adulto se aborda a través de la palabra.

Si queda mucho camino por recorrer en España, en países de Oriente Medio el estigma se multiplica por tres.

 

T: En España el tema de la salud mental supone muchas veces un tabú. ¿Qué sucede allí?
 

AV: Es el famoso estigma, discriminación, o etiqueta. Si todavía queda mucho camino por recorrer en España, en estos países de Oriente Medio el estigma se multiplica por tres. La manera que tienen de abordar los problemas de salud mental no es a través de la medicina, digamos occidentalizada o de corte europeo, sino la que ellos creen más conveniente como curanderos, chamanes, sanadores espirituales…

 

T: ¿En MSF usáis terapias con evidencia científica?

AV: Sí, MSF establece protocolos y guías de actuación, con una política creada para todas las estructuras en todo el mundo, y una estrategia sobre cómo se deben abordar los casos, y es a través de la evidencia científica, tratando de implementar de la manera más realista en base a los recursos que tenemos. Mucha veces no tenemos recursos o logística, las instalaciones no tienen un sitio adecuado para establecer un diálogo privado, o no hay personal cualificado. Pero nuestro enfoque está basado en la evidencia científica.

 

Nuestro enfoque está basado en la evidencia científica.

 

T: ¿Cuál es el primer contacto para evaluar la salud mental de los refugiados?

AV: Si existe estigma, ¿cómo vamos a abordar a esas personas que lo último que quieren es que tú les pongas una etiqueta? Estas personas no dan por hecho que hay una figura dentro de la medicina que puede curar estas heridas emocionales o invisibles. Lo que hacemos es integrar los servicios de salud mental dentro de las estructuras médicas que ya existen por parte de MSF.

 

Las personas que van a esos servicios lo hacen por la salud física. El enfermero o enfermera le pasa un cuestionario que evalúa una serie de ítems con los que podemos identificar si esa persona necesita cuidados en salud mental o no. Es la puerta de entrada. Ahí es cuando le pedimos permiso al paciente, le preguntamos si desearía tener servicio de salud mental usando una terminología más simple como ‘alguien con el que puedes hablar’, y normalmente dicen que sí.

 

T: ¿Es un servicio que se requiere con frecuencia?

AV: Sí, hay una necesidad. Considerando el total de las personas que van en un día al centro de salud, hay un veinte por ciento que sí reviste de necesidad de abordaje en salud mental. Y de ese veinte, habría un cinco de casos severos, de acción suicida o que tienen un plan. O personas agresivas, con un pobre manejo del control de su forma de actuar. Y ahí se actúa de urgencia.

 

El 20% reviste de necesidad en salud mental. Y hay un 5% de casos severos donde actuamos de urgencia.

 

Una cosa muy interesante es que muchísimas de esas personas desarrollan el concepto de resiliencia, esa capacidad de las personas de sobreponernos a la adversidad y salir más fortalecidos. Estas personas tienen de forma intrínseca esta capacidad, dureza y entereza de seguir adelante, y han desarrollado esas habilidades. Por supuesto que igual necesitarían algún tipo de intervención, pero cubrimos a la gente que realmente está mal porque sino no podríamos, de hecho tenemos una lista de espera. No podemos subestimar la capacidad intrínseca del ser humano a sobreponerse a la adversidad.

 

T: De vuelta en España, ¿por qué a hay personas a las que les cuesta tanto empatizar con un migrante o refugiado?

AV: Es un tema súper complejo. Mi opinión es que nos suena a algo lejano, difuso. Un profesor nos decía que no es lo mismo escuchar el fallecimiento de alguien en tu barrio, que te toca más, que si falleció en Pontevedra. Pero si esa persona falleció en tu bloque, que la veías entrar, esa muerte te toca más aún. Nos cuesta mucho empatizar con la población refugiada porque nos toca muy lejano. Ni siquiera nos podemos imaginar lo que significa dejar toda tu vida en un lugar que es tu hogar y tener que viajar por necesidad.

 

Es una opinión muy personal, pero hay a veces un miedo de querer empatizar. En la era digital tienes un abanico extraordinario de información, si vas a los medios veraces vas a encontrar tanto sufrimiento que lo último que quieres es empatizar, porque no te toca directamente y en cuanto a recursos psicológicos tuyos te va a consumir mucha energía. Por eso el mecanismo de defensa es decir: prefiero no saber. Esta es la forma más humana y loable incluso de no querer saber. Luego en el extremo está la gente racista, que sería otro escalafón. 

 

Hay miedo de querer empatizar con los refugiados. Encontramos tanto sufrimiento que el mecanismo de defensa es: prefiero no saber. Luego está la gente racista, sería otro escalafón.

 

Cuando te pones en el pellejo de estas personas a través de campañas de sensibilización la gente empatiza con esas personas. Y es cuando sabe lo que significa, que cuando una persona pone en riesgo su vida para irse de su país forzado es porque ese riesgo es mejor tomarlo, ya que el riesgo de morir en su país es mayor. Mucha gente criticaba la “irresponsabilidad”, decían de los padres que meten a sus hijos en un bote para cruzar el Mediterráneo. Ni tú ni yo imaginamos lo que significa meterse en un bote sabiendo que puedes morir, y que aún así el riesgo sea menor que el de quedarse en casa. Podemos oler eso, medianamente imaginar, y nos pone los pelos de punta. Es lo que ocurre.

 

T: ¿Faltan campañas de concienciación para acercar la realidad de los refugiados a nuestra realidad?

AV: Faltan campañas de sensibilización, y faltan estrategias desde arriba. Los medios de comunicación tienen su responsabilidad. Se puede sensibilizar mucho contando una realidad objetiva, que un grupo de personas arriesgan su vida para poner a salvo su integridad. El lenguaje es la clave. Y ahí faltan personas que tengan un enfoque humanitario dentro de la jerga periodística. La prensa de larga tirada llega a muchas personas y tiene mucha responsabilidad sobre cómo cuenta las cosas. Falta periodismo con enfoque de Derechos Humanos, y falta que cada uno se haga responsable de su vida y se fomente un tejido social comunitario que pueda fomentar movimiento. Tú no vas a cambiar la situación en un día, pero sí puedes generar movimiento, y eso va a servir de altavoz para que otras personas se puedan sensibilizar. No hace falta ir a Jordania. Puedes sentarte, leer, y tener una actitud crítcia en base a los Derechos Humanos, que están contemplados en la Carta Magna de Naciones Unidas. La Constitución Española es muy rica en cuanto a promoción de DDHH, otra cosa es que luego se aplique.