"Cuando sonó la bocina corrí, grité, salté... No sabía lo que hacía"

La selección española júnior de balonmano conquistó el oro mundial el pasado domingo con el vallisoletano David Fernández en su plantilla, quien analiza en TRIBUNA el logro conseguido con una generación que llevaba "7 años jugando".

David Fernández (30), con la medalla de oro

Pocas veces una persona alcanza realmente el éxtasis en la vida. Esa sensación de alegría máxima, de satisfacción por el trabajo bien hecho y sentir la emoción de haber conseguido algo grande. Esta experiencia la ha vivido en primera persona el vallisoletano David Fernández, que milita en las filas de Ademar León y se acaba de proclamar campeón del Mundo júnior con la selección española de balonmano.

 

Pero el camino no fue precisamente sencillo para alcanzar el éxito. "El grupo parecía fácil y al final pasamos cuatro a cuartos de final. Contra Argentina, en octavos, nos fue bien, pero después contra Hungría ya fue más complicado. Ibamos perdiendo por dos, remontamos y ganamos en la prórroga", explica el joven lateral de 21 años con una mezcla de emoción, alegría y, sobre todo, la humildad de ser un jugador sacrificado y entregado a la causa.

 

Ya en semifinales, frente a Alemania, España se impuso por 21-26 y el vallisoletano anotó uno de los goles que dieron el pase al combinado a la final. En ella se enfrentaron a Dinamarca en "un partido increíble". "La tuvimos perdida en varias ocasiones", reconoce. Con 34-34 en el marcador tras cumplirse el tiempo, el equipo nacional luchó hasta imponerse en el segundo tiempo de la prórroga por 38-39.

 

"Cuando sonó la bocina corrí, grité, salté... No sabía lo que hacía. Tenía una sensación en el cuerpo increíble", expresa David, que también marcó un gol en la final, y afirma que en ese momento se acordó de su "familia y novia". Le llovieron las felicitaciones de "todo el mundo" que le estuvo apoyando. Entre ellas las de "un montón de jugadores de Valladolid que son amigos".

 

Han pasado varios días desde el domingo y, sin resaca, el vallisoletano empieza a saborear de verdad el logro conseguido. "Ahora es cuando valoras todo. Es algo bastante grande", comenta. Además, para él es un triunfo más especial, si cabe. "Dos semanas antes me hice un esguince bastante gordo. Nadie pensaba que fuera a llegar", cuenta. Pero las manos de Raquel García, en su centro de fisioterapia de Palencia, obraron parte del milagro. Porque el resto lo puso él mismo: "Hice todo lo posible por llegar".

 

David Fernández, contra Argentina. @cahandball

 

EL VERANO, UN DESCONOCIDO

 

David no solo echaba la vista atrás unas semanas. El esfuerzo para colgarse la medalla de oro mundial comenzó hace mucho tiempo. "Llevamos 7 años compitiendo sin tener verano. El logro es todavía más grande porque era nuestro último campeonato juntos", comenta.

 

Y es que, después de tanto tiempo, dejará de ver las caras de sus ya amigos en el periodo estival, al menos con la camiseta de las categorías inferiores de la selección española. "Somos como una familia. Se hace difícil pensar que no vamos a estar juntos", afirma.

 

Entrenamientos, partidos, campeonatos, risas, lágrimas, abrazos, choques, forcejeos, lanzamientos, palos, paradas y goles. La gran parte de la vida del joven vallisoletano -en lo deportivo- se resume en eso desde que Isaac Nieto le metió el gusanillo del balonmano. "Me encanta el fútbol y de pequeño lo practicaba, pero gracias a él cambié de deporte", asegura.

 

No escatima en halagos y recuerdos para los que considera parte fundamental en su formación: los entrenadores. "Va por todos ellos; este triunfo es por ellos", dice con orgullo. Entre ellos destaca a "Juan Carlos Pastor, Eduardo Izquierdo, Alberto Muñiz, Gonzalo Villar, Javi Callejo, Borja Rivillo...", a quienes lleva en su brazo izquierdo y en su corazón.

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