Cuadrado Lomas
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Cuadrado Lomas

Cuadrado Lomas, el pintor que  se asoma  al abismo del campo castellano mientras el sol alumbra los aleonados sembrados de trigo y cebada. El pintor que nunca piensa en morirse sin contemplar otra vez y otra vez el cuadro de Pilar Benavente retratada con flores. El pintor que se entristece ante el canto del mirlo perdido entre los arbustos del jardín, el pájaro que canta a la vida y al sol y al campo y al paisaje amarillo.

 

Las pinturas de Cuadrado Lomas ahora están en la Sala de Palacio Pimentel de la Diputación de Valladolid en la Calle Angustias, 44 y  son ahora tiempo, calma y soledad. Empeñado en cada lienzo en contar una historia CL quiere encontrar el color exacto, el trazo lineal que intente delimitar la tierra mal bautizada de Castilla.

 

La presencia intensa del paisaje que entronca muy bien con las novelas Turgénev donde los contrastes de una naturaleza extremosa, grandes extensiones de tierra y unos personajes apegados al devenir histórico de su región  son el sutil testimonio del paso del hombre por este mundo habitable y deshabitado de muchos pueblos castellanos.

 

La vida le ha exigido a Cuadrado Lomas pintar estos cuadros. Pintar ha sido su salvavidas en medio de la tormenta y siempre teniendo en cuenta que las limitaciones son parte del proceso del artista si quiere ser honesto consigo mismo y con su prójimo.  Aquí, en esta exposición el público tiene la oportunidad de disfrutar del acto de la contemplación de la obras y de imaginar –para que está la imaginación, si no- de  los momentos y la circunstancias en que estas obras se produjeron y a la postre tener una nueva visión, una visión inmediata de lo que entra por los ojos y es necesario ponerlo palabras. 

 

Tiene una pega esta exposición y grande. Siempre he admirado a la gente que sabe envolver bien un regalo. Cortar, doblar, plegar, adornar, atar todo en un instante bien hecho y con gusto siempre me ha apasionado. Bueno, pues los cuadros de Cuadrado Lomas también colgados como siempre por Luis pero con esos marcos, Dios mío, querido, tan ramplones y vulgares revelan la poca importancia que se le da a la estética. Un cuadro, en esta exposición le hay magníficos tiene  que llevar aparejado la emoción estética  que parte del marco para que la pintura funcione y aquí lo que hace el marco es molestar a la pintura y empequeñece la exposición. Una pena, penita, pena.