'Corell, maricón y socialista': Investigan insultos homófobos contra un profesor de la Universidad de Valladolid

Fotos del Facebook de Alfredo Corell

El profesor ha puesto los hechos en conocimiento de la Policía.

Alfredo Corell dirige el área de Formación del Profesorado y de Innovación Docente de la Universidad de Valladolid, y coordina el proyecto de innovación docente 'Immunomedia' galardonado y reconocido nacional e internacionalmente. Pero en los últimos días no ha saltado a la palestra por sus constantes innovaciones o su brillante carrera profesional. Alfredo Corell es noticia estos días por haber sufrido insultos homófobos en la Facultad de Medicina, mediante la aparición de unos panfletos en los que se podía leer “Corell, maricón y socialista”.

 

El propio aludido, junto al decano de la facultad de Medicina, José María Fernández, ha presentado una denuncia ante la propia Universidad y en una comisaría de Policía “por delitos de odio”. Así lo ha relatado en su cuenta de Facebook. Los hechos han sido relatados por el propio profesor de esta manera.

 

“Lo que lees está pasando hoy. Aunque parezca inaudito y nos lleve a pensar en tiempos pasados. Creo que tenemos que replantearnos el concepto de convivencia. Y sí, repito, aunque parezca anacrónico e increíble, me ha pasado a mí”, encabeza en su escrito en Facebook.

 

“Este papel que veis en la fotografía existe y se ha distribuido en mi lugar de trabajo, en tres ocasiones (que yo sepa, al menos); por las escaleras, en los pasillos, en la puerta de la Facultad; junto a la puerta de mi despacho, en el tablón de anuncios de mi departamento... Ése, al que señalan como "Corell maricón y socialista", soy yo. La acción (abominable donde las haya) se realizó con la cobardía del anonimato, empezando por la frialdad de su diseño, su fotocopiado, el recorte, hasta su calculada distribución”, continúa relatando.

 

No obstante, el aludido no fue consciente de lo ocurrido, hasta que por casualidad alguien se lo dijo. El resto de compañeros y alumnos se limitaron a ocultar las pruebas, quizá para no “disgustar al profesor”. Esto es lo que sigue escribiendo Alfredo Corell en la citada red social:

 

Yo no he visto el delito. Por desgracia, a ello ha contribuido el silencio cómplice que se ha creado a mi alrededor. Me he enterado de los hechos, casualmente, diez días después de que acontecieran. Todos los que lo habían visto pensaron que, quitando de en medio estos papeles (retirándolos por la mañana temprano, ocultándolos o, simplemente, eliminándolos…) se acabaría el problema. Trato de entender ese axioma que dice que “De lo que no se habla no existe”. No les puedo culpar por esta actuación (en muchos casos, ya digo, con una clara intención de protegerme del daño), pero se equivocaron, además de ocultar pruebas.

 

Hoy denuncio públicamente estas acciones como un delito de odio. Lo hago después de haber realizado la denuncia formal en la Facultad de Medicina y en la Universidad de Valladolid, y tras haber notificado los hechos ante la Policía, que ya está realizando la correspondiente investigación.

 

Estoy enormemente agradecido a las autoridades académicas de la Facultad y la Universidad por su apoyo incondicional, desde el primer momento. Me han ofrecido todas las herramientas a su alcance para investigar los hechos y, en la medida de lo posible, identificar a los/las agresores. La Policía ha actuado con empatía, profesionalidad y agilidad ante la denuncia. No debo dar más información para no interferir en su investigación; aunque quiero aprovechar esta nota para pedir que, si alguien más tiene información de primera mano, se ponga en contacto conmigo, en privado.

 

Estos hechos son difíciles de contar con objetividad. La perplejidad de los primeros instantes (dolorosos, repugnantes, e incluso ridículos) se convirtió, luego, en ira hacia los agresores anónimos. Voy contándolo poco a poco, en mi entorno, a quienes me importan. Tengo además la convicción de que estas acciones hay que denunciarlas e investigarlas, además de condenar a sus responsables. No indican nada sano de sus autores. Creo sinceramente que sólo así avanzaremos y seremos una sociedad mejor. Sólo denunciando estas acciones dejarán de dañar a otras personas. Yo necesito hablarlo, y confieso que, ver mi nombre en un acto tan violento como este, me resulta tan aterrador como penoso. Callarme no puede ser nunca una opción”.

 

“Sí, hoy han venido a por mí…”, acaba relatando, a la vez de acompañar esta publicación de varias fotos: una suya, la del papel en cuestión y una cita del pastor luterano alemán Martin Niemöller: “Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista. Luego vinieron a por los judíos y no dije nada porque yo no era judío. Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista. Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante. Luego vinieron por mí, pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada”. Su cuenta de Facebook se ha llenado de mensajes de apoyo de amigos, conocidos, profesores y alumnos. Toda una declaración