Condenada a 1,5 años una mujer que sacó dinero de la cuenta de un hombre sin su permiso

La mujer acusada de realizar en 2008 extracciones de la cuenta bancaria de un hombre sin el permiso de éste, Isabel D.V.R, quien alegó que la retirada de dichos fondos por importe de 8.725 euros fue con el pleno consentimiento del hoy denunciante, Hipólito R.F, que le regaló el dinero porque en aquellas fechas mantenía con él un "affaire", ha sido finalmente condenada a una pena global de un año y medio de prisión.

En su sentencia, la Sección II de lo Penal de la Audiencia Provincial entiende que la procesada es autora de un delito de falsedad en documento mercantil en concurso con otro delito de estafa y acuerda imponerle un total de un año y medio de privación de libertad, el pago de una multa global de 1.440 euros y la obligación de indemnizar a la víctima en la cantidad de 1.000 euros, según informaron a Europa Press fuentes jurídicas.

 

Aunque la víctima había reclamado 8.725 euros, el tribunal sólo le reconoce una indemnización de 1.000 euros al considerar que únicamente ha quedado probada la falsificación de su firma por parte de la condenada en una extracción por dicho importe.

 

Durante el juicio, la ahora condenada explicó que al poco de conocer a Hipólito tuvieron un "affaire" y que éste se ofreció a costearle, a plazos, los electrodomésticos que necesitaba instalar en su piso.

 

"La relación terminó luego porque se fue apagando", advirtió Isabel, quien reiteró que antes de ello su pareja le entregó el dinero voluntariamente y negó haber falsificado orden de trasferencia alguna desde la cuenta de Hipólito a otra abierta a su nombre.

 

SIMPLEMENTE CONOCIDOS

 

Sin embargo, la víctima de la estafa, Hipólito R.F, negó haber mantenido una relación sentimental con la acusada, peluquera de profesión, y apuntó que tras conocerla ella le pidió dinero para evitar que el banco le quitara un piso en Renedo.

 

"Me dijo: no te preocupes, que de todo el dinero que me dejes no te va a faltar un céntimo", recordó el octogenario, que, en la creencia de la devolución del préstamo, aceptó dejar firmadas en una sucursal de Caja España seis órdenes de trasferencia, con la casilla del importe en blanco, con el fin de que Isabel acudiera periódicamente a las oficinas de la entidad para destinar a su hipoteca no atendida pagos mensuales de 900 euros.

 

La sorpresa del titular de la cuenta fue mayúscula cuando, según apuntó éste en el juicio, al poco se percató de que la acusada había elevado los importes de las órdenes con cantidades de entre 1.000 y 2.000 euros, así como los de otras no firmadas por él pero en los que aparecían vulgarmente falsificadas su rúbrica y letra.