Cierra otro histórico de Valladolid: el Café Molinero baja la persiana la próxima semana

El Café Molinero. SERGIO SANZ

Abierto en 1935, el establecimiento ubicado en la calle María de Molina dejará de dar servicio el miércoles 2 de noviembre. Los baches económicos han podido con este negocio.

La hostería de Valladolid continúa en horas bajas. Tras el cierre de varios establecimientos, el Café Molinero bajará su persiana de manera definitiva el próximo miércoles 2 de noviembre. Lo hará después de 81 años, tras su inauguración en 1935.
 

Este mítico café, ubicado en el número 22 de la calle María de Molina, ha vivido gran parte de la historia de la ciudad. Siempre ha compartido acera con los Roxy; durante muchos años con el cine y en este tramo final con el casino. De hecho, tiene un hueco en 'la agenda' de establecimientos importantes de Valladolid. Pero la crisis económica invitó a sus antiguos dueños a que cambiara de manos. Estas pretendieron darle un aire más moderno, dentro de lo clásico que se respira al entrar por la puerta.

 

Lo gastronómico primó en esta nueva etapa; aunque la variedad de tapas y de la carta no ha conseguido su objetivo. Además, se produjo un movimiento accionarial, ya que la situación económica no lograba enderezarse. Pero ni eso ha podido salvar al Molinero, en el que ha acabado pesando más lo monetario que lo histórico.

 

LA LOTERÍA DEL BAR

 

Como recoge José Miguel Ortega en su libro 'Los Viejos Cafés de Valladolid', el Molinero "fue bar antes que café". En él relata los inicios del establecimiento: "Era un bar pequeño y sin muchas pretensiones, con la barra a la derecha de la puerta de entrada, y unos pocos metros para que los parroquianos pudieran charlar, mientras el dueño les atendía".

 

Al primer dueño, Jesús Crespo, le tocó la lotería de Navidad. La suerte agració al Molinero, que tuvo ese empujo económico. Pero este señor, unos años más tarde, en febrero del 1943, decidió traspasar el bar a Vicente Pascual, quien se encontró con el problema de la exigencia de la instalación de un retrete, tal y como recoge Ortega en el libro.

 

El bar siguió sin permutas hasta que "Florencio Roda, uno de los camareros, se mostró interesado en el traspaso, operación que se cerró a finales de enero de 1952". Fue entonces cuando el Molinero pasó a ser café y lo llevaron entre Florencio y su hermano Pablo, quienes ampliaron el establecimiento "comprando el local de una pensión que estaba al lado". Cuando estos dos fallecieron, el negocio cayó en manos del hijo del segundo, Juan Pablo Roda.

 

Este quiso mantener la tradición del siglo XX, pero los tiempos avanzaron y cambiaron, por lo que finalmente tomó la decisión de que el café tuviera nueva gente al frente. 81 años después de su inauguración, los problemas económicos se han impuesto a la historia de un clásico de Valladolid.

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