Chardín

La crítica cultural de Ágreda.

Este cuadro que estás mirando de Chardin (1699-1779) se titula 'Vaso de agua y cafetera' y es capaz, por sí solo, de despertar el deseo y el sentimiento sublime que siempre lleva implícito el arte. Porque el arte siempre recrea la desnudez de lo que nos rodea y nos lleva de la mano a otros mundos: reales, imaginarios, fantasiosos que se materializan ante nuestros ojos para que puedas evadirte durante un rato de ti y, por supuesto, de los demás. Los demás, cansan.

 

Todo en este cuadro permanece estático. La primera mirada se fija en las tres cabezas de ajo. No se sabe de dónde puede venir esa pátina de luz que les envuelve y que les dota de movimiento. Lo cotidiano en las manos de Chardin se vuelve sublime. Es capaz de contarte una historia con los mínimos elementos. Elementos suspendidos en una mesa gruesa de roble donde los objetos parecen que miran al espectador y le absorben por completo.

 

El gran maestro del XVIII francés sabe que las pequeñas historias ocupan un lugar privilegiado dentro de la historia cultural de todos los tiempos. Destaca sobre todo su delicadeza que obliga al espectador a mirar. Decía Calvo Serraller que para mirar, lo que se necesita sobre todo era una silla cómoda.

 

Nada comienza y nada termina si no es nuestro deseo de orden. Es esto precisamente lo que me fascina de Chardin. La recreación de un instante preciso, ordenado. Ese instante que brilla como el lomo de una foca en la lejanía del tiempo. Un vaso de agua que parece una invitación a calmar la sed. La cafetera ya es más desconocida y por lo tanto más extraña e irreal.

 

La belleza de este cuadro la haces tuya al instante. La belleza, parece decir Chardin, es tuya, está en tu mirada y, por lo tanto, al alcance de todos los que se paren a mirarla. Chardin amaba la rutina, le interesaba siempre lo mismo, sabía que en la repetición está la felicidad. Cada día es el mismo día…¿Te suena en estos tiempos de confinamiento? No vio venir la muerte porque le pilló de noche y durmiendo. A traición. De día hubiera sido imposible.

 

Chardin sabía que lo más parecido a pintar cuadros es escribir poemas. ¿Qué mayor experiencia que colocar el lienzo en blanco en el caballete y que poco a poco las cosas inanimadas vayan cobrando vida en tu presencia?