Castelvines y Monteses
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Castelvines y Monteses

Castelvines y Monteses.

Me encanta sumergirme en una historia y disfrutarla entera. No creo en el teatro comprometido ni en su utilidad práctica; cuando me siento en mi butaca del Teatro Calderón solo pienso en disfrutar.

 

Castelvines y Monteses. Los amantes de Verona de Lope de Vega es un espectáculo que tiene todos los ingredientes para que el público se entretenga o como diría Fito Cabrales: Tú vienes a verme cantar y yo tengo que llevarte a un sitio más bonito del que vienes.

 

Y claro que Sergio Peris-Mencheta y José Carlos Méndez los directores y adaptadores de la obra despertaron y pusieron en alerta al público nada más entrar en el teatro. Esta obra tiene de todo, pero sobre todo tiene equilibrio, música, talento y buen humor. No hay nada más que ver como vibra y mueve los pies y las mandíbulas y aplaude a rabiar. ¡Vaya noche!

 

El montaje de la obra es histórico.  Todo es ligero y complicado al mismo tiempo. Clasicismo y modernidad se dan la mano. Las escenas fluyen como la barca de Bogart en La reina de África. Los amantes, las familias, los criados, los músicos danzan y bailan en escena felices y dichosos haciendo las delicias del público que no pierde comba.

 

El reparto de Castelvines y Monteses es extraordinario. Mi admiración por todos ellos.

 

¿Destacaría a alguien? Pues no, porque esto es una sinfonía teatral muy bien afinada que dura más de dos horas y medida y se hace corta. La historia ya nos la sabemos: dos familias enfrentadas y lo que suele pasar … el amor surge de esa manera “tan de repente” y se lía parda. Le preguntaron a Tolstoi que de qué iba Ana Karerina y contestó que, de Rusia, yo he sido menos explicito.

 

Texto, puesta en escena, interpretaciones, música, presiento (no hay que ser un lumbreras) que va ser uno de los espectáculos de la temporada. No le pongo ninguna pega, faltaría más. Uno de los mejores trabajos de Sergio Peris-Mencheta por su sutileza y esa pizca que lleva implícita de opereta italiana, de vodevil, de comedia, de bufonada, de canción de verano…volare, oh, oh, cantare, oh, oh, oh.

 

Sorprendente la fuerza, madurez, profesionalidad, tensión y gracia a raudales del elenco, orquesta, coro y cuerpo de baile. Tejen con el público un vinculo invisible que quita el aliento. Sí, ver y disfrutar Castelvines y Monteses nos hizo bien. No me extrañaría que vayan donde vayan: llenen. No se lo pierdan.   

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