Caluroso y emocionado Encuentro entre la Señora de Valladolid y Jesús camino del Calvario

Multitudinaria procesión de El Encuentro, uno de los momentos álgidos de la Semana Santa de Valladolid.

La temperatura primaveral permitió que miles de vallisoletanos y visitantes tomaran la calle para ser partícipes de un emotivo Encuentro entre Cristo Camino del Calvario y la Virgen de las Angustias en la Plaza de Santa Cruz.

 

Ya el pasado año la temperatura veraniega hizo que se cortara una mala racha de años lluviosos y suspensiones. En 2015, el tiempo no solo respetó sino que acompañó, por lo que la participación fue multitudinaria.

 

Quizá la del Encuentro sea una de las procesiones más señeras y emblemáticas de toda la Semana Santa. La participación de la 'Señora' de Valladolid, la Virgen de las Angustias, la espectacular talla de Juan de Juni hace que el cortejo sea aún más imponente. Cristo Camino del Calvario, de la cofradía del Santo Cristo del Despojo completa la escena.

 

Al filo de las ocho y media de la tarde, la talla del Nazareno salía a hombros de la iglesia de San Andrés. Cuarto de hora más tarde, la iglesia penitencial de las Angustias se atestaba de espectadores para ver la emocionante salida de la Virgen de las Angustias, una de las tallas con más devoción en la capital.

 

Las calles vallisoletanas convertidas en un Calvario veían desfilar a la moderna talla del nazareno (Miguel Ángel González Jurado  y José Antonio Saavedra García, 2009) camino del encuentro con su Madre. Antes, hubo tiempo de rezar por los enfermos en el Sanatorio del Sagrado Corazón.

 

Pero el momento más esperado llegó en una abarrotada plaza de Santa Cruz, los dos pasos entraban meciéndose al compás para encontrarse en la fachada del Palacio y protagonizar un acto de oración. Los dos conjuntos, en hombros de sus cofrades, abandonaron la plaza para dirigirse hasta sus iglesias de partida. Antes de poner fin a la procesión, una emocionada salve a la Virgen de las Angustias despedía el desfile penitencial. A buen seguro que penitentes, con hábito de terciopelo, y especialmente cargadores pasaron calor en una noche de Martes Santo que volvió a brillar con luz propia: la de la Madre.

 

Momento del encuentro en la plaza Santa Cruz. A.MINGUEZA