Así es la lucha contra la despoblación en uno de los pueblos rurales más pequeños de Valladolid

Calle en San Pelayo. D.Á.
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San Pelayo, con 53 habitantes de los que solo viven allí todo el año la mitad, busca poner en valor la vida en los pequeños núcleos de Valladolid. Un problema que afecta a decenas de municipios de la provincia, camino de convertirse en fantasmas en unas pocas décadas.

De camino a San Pelayo el cereal domina el paisaje. No se tardan muchos minutos en escapar del asfalto de la ciudad, hacia el oeste, dejar atrás la A-62 y trasladarse a un nuevo escenario donde el tiempo parece detenerse, donde el agro lo domina todo junto a pacas y placas solares, y donde, en el horizonte, se levantan ogullosos los aerogeneradores. Es el mundo rural que caracteriza a la provincia de Valladolid y a Castilla y León, un medio que, según los datos demográficos, muere lentamente.

 

En San Pelayo hay 53 habitantes, con una media de edad cercana a los 60 años. De ellos, solo la mitad vive durante todo el año (mayoritariamente dedicados a la agricultura), entre los que no está ninguno de los niños que sí hay en el padrón, y que llegan en verano para alegrar los días. Especialmente duro es el invierno, cuando la luz del sol se apaga pronto, las condiciones son adversas y los vecinos hacen su vida prácticamente sin salir de casa. Porque allí no hay supermercados. Tampoco colegios, ya que el que había se cerró en 1971 (aunque el de Torrelobatón está a solo tres kilómetros). Hay un bar, construido hace poco más de un año, y que es de gestión municipal. Entre 20 y 30 casas. Y poco más.

 

El único negocio es un precioso hotel rural que lleva allí más de una década. Y el ayuntamiento hace las veces de sala multifuncional (eso sí, sin baños, por lo que hay que acudir al consultorio médico o al nuevo bar, y hasta hace poco sin calefacción), lugar para las alternativas de ocio que se plantean en un municipio así, ya sea como biblioteca o como gimnasio.

 

Entre el 18 y el 20 de agosto de 2017 esa localidad ha acogido el festival '4 Gatos' con el que pretenden buscar soluciones ante la despoblación rural. Virginia Hernández es su alcaldesa, quien a sus 28 años emplea su energía para tratar de dar vida a su pueblo. Para ella la solución pasa por "dinamizar a la gente". Y eso trata de conseguir con iniciativas como esta: "El problema es que no hay alternativas, no hay nada que hacer, y siempre te vas a Valladolid: cine, teatro, de bares, conciertos. Y eso es lo que estamos intentando, que haya cosas aquí, dar razones para venir".

 

No solo eso, sino que también apela a las administraciones para buscar otras medidas. "Por ejemplo una fiscalidad diferente para el medio rural como tienen en otros países; o la vertebración de unas líneas de transporte" reclama Hernández, quien explica que desde San Pelayo solo sale un único autobús hacia la capital los lunes, miércoles y viernes, a las 10:15am, y regresa desde Valladolid esos mismos días a las 15:15 pm.

 

MURAL HECHO POR LOS NIÑOS DEL MUNICIPIO. D.Á.

 

Los vecinos de esta localidad, como sucede en otras muchas, también carecen de servicios que son básicos en la ciudad. El médico los visita un día a la semana. Al igual que la panadera, el frutero, el pescadero... que visitan a los vecinos un par de veces por semana, procedentes de otros pueblos. 

 

EL RETO DE ESTABLECER POBLACIÓN

 

El problema de la despoblación del mundo rural es un círculo vicioso. La carencia en infraestructuras y servicios que tienen estos municipios hace que sea difícil fijar población. Por un lado los jóvenes se marchan a la ciudad, a estudiar o trabajar. Pero también los ancianos abandonan en muchos casos los pueblos porque sus hijos se los llevan a residencias o a sus domicilios en núcleos de población grandes. Y la consecuencia de ese éxodo de población es de nuevo la carencia de servicios, ya que se invierte menos para satisfacer la demanda de unos vecinos cuyo número disminuye.

 

El ejemplo que da Virgina Hernández con Internet sirve para explicarlo. "Hasta hace un par de meses era una basura, es una vergüenza que en plena meseta castellana, sin montañas, y a 30 kilómetros de Valladolid, ninguna compañía se comprometa a traer Internet porque somos 50 personas" relata la alcaldesa, quien considera que este servicio "debería ser un derecho garantizado" ya que "si queremos generar empleo para revertir la despoblación, qué menos que tener un básico como Internet para poder comprar, vender y comunicarnos".

 

POCA COLABORACIÓN ENTRE MUNICIPIOS

 

Obviamente San Pelayo no es el único municipio que comparte esas características. A pocos kilómetros está Torrecilla de la Torre (40 habitantes censados en 2010, 30 en 2016) y junto a ello, Baruelo del Valle (61 en 2010, 66 en 2016). El lugar de referencia de la zona es Torrelobatón (492 vecinos en 2010, 436 en 2016) o Peñaflor de Hornija (350 en 2010, 310 en 2016) Y a veinte minutos están Tordesillas (al sur, 8.905 habitantes en 2016 -9.200 en 2010-) y Medina de Rioseco (al norte, 5.042 en 2010, 4.803 en 2016). Los datos son del Instituto Nacional de Estadística (puedes consultar tu municipio aquí).

 

VISTA DEL PUEBLO. D.Á.

 

Pese a que se podía pensar que estos pueblos de menos de 1.000 habitantes podrían hacer un frente común y unirse para reclamar o idear soluciones, Virgina Hernández lamenta que esto no suceda: "Cada uno hace la guerra por su cuenta y es un error enorme. La lucha por la despoblación es la lucha de todos los pueblos".

 

¿Por qué no hay unidad entonces? La alcaldesa de San Pelayo tiene la respuesta. "Hay pueblos que todavía no son conscientes. Los que antes tenían mil habitantes siguen teniendo esa mentalidad aunque ahora tengan 300. Es difícil convencer a esos pueblos de que nuestra lucha también es la suya, tienen que cambiar el chip". 

 

¿COMPROMISO DE LA ADMINISTRACIÓN? 

 

El Instituto Nacional de Estadística realizó en 2013 una proyección demográfica para los próximos diez años. El resultado para la provincia era que en esa década, hasta 2023, se perderían más de 23.000 habitantes. Porque la baja natalidad no equilibra la balanza con el número de defunciones, y porque es mayor el volumen de vallisoletanos que emigra que el que inmigra a la provincia. Y la tendencia actual indica que son los municipios del alfoz de la capital los que ganan población (Arroyo, Laguna, Cistérniga, Boecillo) mientras que Valladolid y los pueblos rurales la pierden.

 

Para frenar este éxodo del pueblo hacia la ciudad parece fundamental el apoyo de la Administración, que es quien dota de servicios elementales (educación, sanidad, bibliotecas). Pero para Virginia Hernández está claro que no hay una voluntad real de revertir la despoblación rural. "A la Administración le sale más barato que vivamos en la ciudad. El hecho de que tenga que venir el médico, el bibliobus, cuesta dinero. Sí, tienen que decir que lo quieren revertir, porque no te van a decir que están deseando que dejemos el pueblo vacío porque cuesta un dineral. Pero la verdad es que todas las acciones van encaminadas a ello" lamenta.

 

Más allá de las interpretaciones, lo cierto es que según los datos del censo el invierno se acerca para los pueblos rurales de Valladolid. No como estación climática, que también, sino como un tiempo adverso en cuanto a la demografía. El cómo y el cuánto puede afectar, o si hay posibilidad para dar la vuelta a la tendencia, dependerá del ingenio de sus habitantes y de la capacidad de los municipios para atraer población, reclamar infraestructuras, alternativas de ocio, y encontrar oportunidades de empleo que permitan fijar población.

 

 

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