Arte en épocas inciertas
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Arte en épocas inciertas

El  Museo de Escultura tiene el poder de persuadir. Y el poder del abismo. La vida -escribió Nabokov-  es algo que pasa entres dos momentos de vacío; el hombre es el único animal que sabe que su vida termina y eso le lleva a crear arte; que haya principio y final le da sentido; es una paradoja existencial.

 

Todos los creadores que hay en el museo han sabido soportar la espera  para que lleguen los visitantes y a través del pensamiento ordenen lo que está pasando allí. Todo el tiempo que pasas paseando por las salas es un tiempo regalado y no perdido. Aquí, cada cara, cada cuerpo, cada mirada es distinta. Pero hay momentos que los rostros se reflejan  de unos en otros y por ende en el visitante.

 

De esa confrontación nace el conocimiento. Conocerse a uno mismo y conocer a los demás. No hay prisa y te puedes detener en las Tentaciones de San Antonio Abad de Jan Brueghel de Velours; en Naturaleza muerta de María Blanchard; en el Entierro de Cristo del Círculo de Alonso de Berruguete; en Juan de Juni, en Gil de Siloé. Cada cuadro necesita su tiempo de espera. En esa espera ante el cuadro supone una reflexión, un hablar con uno mismo. Hablar con uno mismo siempre da miedo.    

 

He venido a ver El Rincón rojo, pero antes de llegar el visitante tiene que dejarse llevar por otras salas de belleza indescriptible. Te sientes por momentos transportado a otro mundo y a poco que pongas de tu parte experimentas un estado de trance. Me parece muy hermoso poder sentir y emocionarte a cada paso.

 

Dijo Churchill: “Damos forma a nuestros edificios y luego ellos nos dan forma a nosotros”. Los museos los hacen sus visitantes que se dejan impregnar por el ambiente e imaginan cómo era “aquel tiempo” que hacían esos personajes y como se sentían.

 

Mirando en el Rincón Rojo el cuadro Naturaleza muerta de María Blanchard y el Entierro de Cristo del Círculo de Alonso Berruguete sabes que van a pasar para siempre a tu memoria; solo ha bastado una mirado para que esto sucediera .  Ya sabemos que lo mejor de la vida es efímero pero aquí en el Museo de Escultura todo parece eterno.

 

Aquí el visitante no tiene más remedio que respetar las formas y las maneras que le acercan a épocas lejanas. Aquí hay mujeres hombres, vírgenes y dioses que han aceptado su muerte con naturalidad, sin vulgares aspavientos. Saber morir, ha dejado escrito Vargas Llosa, no es menos importante que saber vivir.