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Arco de Ladrillo, 162 años viendo pasar la historia de Valladolid

Imagen antigua del Arco de Ladrillo

Construido en 1856, tiene un peso de 800 toneladas, distribuidas en casi 150.000 ladrillos macizos. No se sabe el motivo de su construcción.

Ha visto pasar la historia de Valladolid, concretamente de los últimos 162 años. Es de esos monumentos que, sin utilidad aparente, forma parte indisoluble de la fisonomía de Valladolid. Es el conocido como Arco de Ladrillo, un monumento construido en 1856 sobre las vías del ferrocarril Madrid-Hendaya, antes incluso del tendido en las vías, por lo que se le considera la primera construcción ferroviaria de la ciudad, el prólogo de la llegada del ferrocarril.

 

Se trata de un arco escarzano, con 30 metros de luz. 800 toneladas distribuidas en 147.276 ladrillos macizos. Mucho se ha escrito sobre este monumento sin aparente utilidad. Se ha argumentado que podría tratarse de un simple alarde como consecuencia de la rivalidad entre el hierro y el ladrillo a finales del siglo XIX. Se ha especulado con que podría ser un modelo prototipo de los arcos que se colocarían en las bocas de los túneles, o incluso que se construyera en honor a la reina Isabel II con motivo de su visita para inaugurar las obras del ferrocarril.

 

 

Sin embargo, algunos investigadores sitúan que la hipótesis más creíble es que sea una construcción de Joaquín Fernández Gamboa que, a modo de exposición, demostraría la calidad y la resistencia del ladrillo que salía de su fábrica. Pero el Arco de Ladrillo no es originario de Valladolid. Se trata de una estructura muy común en Europa, que serviría para una conducción de agua. Hay otros ejemplos como el de la ciudad portuguesa de Sacavém, utilizada para salvar el río Trançao.

 

 

Cuando se presentó el proyecto de soterramiento del ferrocarril a su paso por Valladolid, hoy ya descartado, se pensaba en desmontar el monumento en bloques. Hay voces que sugieren la necesidad de una restauración de tan genuino monumento vallisoletano. Cuenta también con un fenómeno acústico muy curioso. Dos personas colocadas en sus extremos, sin necesidad de alzar la voz, escucharán perfectamente la conversación; pues el intradós de la fábrica conduce perfectamente el sonido, sin que una tercera persona ubicada en el centro pudiera percibir lo hablado.