Ángel María de Pablos, la información por encima de todo

Una de las voces autorizadas de España para hablar de ciclismo después de su etapa de catorce años como narrador en TVE en los años 80, De Pablos cree que "el periodismo irá hacia donde vaya la sociedad".

LA RÁFAGA:

 

Un sonido radiofónico: “Los sonidos radiofónicos o televisados son los de la gente, la gente que está en los estadios, la gente que está en la carretera, y aplaude, protesta, chilla, se queja o se queja de un fallo de sus jugadores. Ese es el sonido que se me grabó desde un principio”.

 

Un momento radiofónico: “Cuando narré el triunfo de Miguel Indurain en el Tour de Francia”.

 

Una anécdota: "Hablando del Tour de Francia, yo retransmitía en verano en Televisión Castilla y León los informativos con chaqueta y corbata y me moría de calor por los focos. Entonces vi que los locutores de France1, en los informativos, se ponían una camisita de manga corta con una corbatita. Entonces en Valladolid hice lo mismo sin avisar a nadie. Cuando acabé me llamaron de Madrid y me pusieron a caldo. Que cómo se me ocurría eso, que por qué hice eso, que menuda vergüenza y falta de respeto al espectador... Yo creo que los franceses no faltaban al respeto a nadie y yo tampoco lo pretendía”.

 

¿Qué noticia le hubiera gustado contar?: “De alguna manera en televisión me hubiera gustado contar lo que ayudé a contar a mi padre en el periódico. Vivíamos encima de la redacción de El Norte de Castilla, yo subía en cuanto cerraba la redacción, y un día me llama mi padre y me dijo que bajara a ayudarle porque había una noticia extraordinaria. Cuando bajé, el hombre había llegado a la luna, esa noticia me hubiera gustado contar".

 

La radio en una palabra: "Es la información que llega inmediatamente al oyente, ansioso por saber lo que pasa por el mundo".

Ángel María de Pablos (Valladolid, 24 de noviembre de 1942) ve hoy día el toro del periodismo desde la barrera, pero su historia es más que digna de ser una de Las Voces de Valladolid. Precoz en esto de la comunicación, hizo sus primeros pinitos en El Norte de Castilla con solo catorce años, donde su padre era el redactor jefe.

 

Surgió entonces la posibilidad de dar el salto a TVE, toda vez que ya se había especializado en crónicas del ciclismo. Fue su salto a la fama. Catorce años, desde 1978 al 92, haciendo las delicias de un público que todavía recuerda con cariño sus descripciones con todo lujo de detalles o expresiones como la de la serpiente multicolor. Unido siempre a la cultura, De Pablos deja claro que un periodista, hoy día, debe informar de todo. Da igual lo que le pongan por delante.

 

¿Cómo definiría su carrera periodística?

 

Para llegar al mundo del periodismo lo tenía muy fácil, porque mi padre fue treinta años uno de los redactores jefe y vivíamos encima de la redacción y de los talleres, cuando estos estaban todavía en Duque de la Victoria. Además, mi padre fue siete años director. El ejemplo de mi padre ha sido  a seguir para el mundo del periodismo, de la literatura, de la poesía, de muchas cosas. Yo lo tenía muy fácil.

 

De esa carrera de lo que tengo mejor recuerdo es de mi época de comentarista de ciclismo en TVE, narrando todo el calendario español de la Federación Española de Ciclismo y otros internacionales como los Campeonatos del Mundo, Tour de Francia, Giro de Italia... El mundo del ciclismo marcó mi carrera, pero en realidad lo que lo hizo de verdad fue el periodismo. A mí me daba igual hablar del ciclismo que del Premio Nobel, por ejemplo.

 

Aquella época suya en TVE fue el boom del ciclismo, en los años 80.

 

Yo había escrito muchas crónicas de ciclismo en El Norte de Castilla. Cuando entraba a la redacción, al primero que me encontraba siempre era a Julián Merino, que firmaba sus crónicas como Lapice, un viejo cronista del periódico. El año que murió, en vísperas de un Premio Virgen del Carmen de Las Delicias, recuerdo que mi padre, como redactor jefe, me dijo que hiciera la crónica de la carrera. La ganó Pérez Francés, porque por aquel entonces las carreras independientes aceptaban a gente que entraba en el campo profesional.

 

Es verdad que de aquella crónica que escribí a la que al final salió no se parecía nada, porque mi padre la cambió casi totalmente, pero fue una experiencia aprender antes, durante y después cuando leí lo que mi padre me había cambiado para hacer buen periodismo.

 

Yo a televisión en principio pasé por las crónicas de El Norte, porque el que me llamó fue Ramón Criado. Un día que vino a Valladolid a buscarme estuvimos charlando, me dijo que con lo que yo sabía de ciclismo podía llevarlo. Mi entrada coincidió con esta apertura generalizada, porque se habían hecho cosas pero poco importantes de televisión hacia el ciclismo. Era lo primero que TVE ofrecía y estaba mi voz detrás, por eso no me extraña que mucha gente me recuerde, gente mayor sobre todo. Alguno que le comenta a sus nietos si no se acuerda de mí, y el pobre chaval por aquel entonces tendría diez o doce años y no se puede acordar de mi voz.

 

Un paso por TVE que fue su trampolín.

 

Mi voz en aquellos momentos era el referente del ciclismo y yo rompí una lanza por lo que era este deporte televisado, no solo hablar de bicicletas. En el fútbol o baloncesto, diez segundos después de que ocurra algo ya es totalmente distinto, pero en ciclismo hay situaciones en las que se dan escapados y detrás un pelotón que les deja hacer. Claro, dos horas y media aburre al más guapo, así que yo buscaba otras cosas. Anécdotas, cosas de por dónde pasaban los ciclistas, o bien explicar a la gente que el ciclismo tiene un escenario más bonito que el fútbol o baloncesto. Un estadio natural por el que pasan ríos, entras en ciudades, llanuras... Sitios que merecen la pena ir contando.

 

Antes ha comentado que le daba igual informar de ciclismo que de cualquier cosa. La esencia periodística.

 

A mí me lo que me importaba no era el ciclismo, sino la información. Si en aquel momento habían aprovechado todo lo que aprendí de Lapice, y de todos mis cursos aquí en Valladolid, si me ha servido para establecer una línea de transmisión, tengo que catalogarla como una parte de mi vida bastante positiva.

 

 

¿Cómo ha evolucionado el periodismo deportivo desde entonces?

 

Ha evolucionado todo lo que ha cambiado técnicamente. Recuerdo mi primera retransmisión para Radio Popular de Valladolid, que la hice desde la Vuelta a España y yo era vicepresidente de la Federación Española de Ciclismo. Tenían algún problema y les dije que les hacía la crónica, pero para las entrevistas las tenía que pasar con un pequeño equipo que me hizo Miguel, el técnico, en una caja de Nivea. Salían dos pitorros, quitaba la envoltura del teléfono y con los otros dos pitorros del teléfono yo los sujetaba para mandar las entrevistas en la meta o en la salida. Lo que han cambiado han sido los medios.

 

Muchas veces echo en falta esa pizca de imaginación que hay que poner para no aguantar tantas horas una situación igual sin movimiento. Yo lo hacía metiendo alguna entradilla a veces lírica en torno al paisaje, los sitios por los que se pasaba o el esfuerzo del corredor. Creo que no hay nada más lírico que esto último, un corredor intentando ganar una etapa y viendo que no puede. Pero recibí una llamada de los responsables diciendo textualmente que no dijera gilipolleces, que contara lo que pasaba con las bicicletas. Tuve que dejar esas retransmisiones y con eso dejé la televisión.

 

El periodista quizás ahora esté más condicionado por sus altos cargos y tiene algo menos de imaginación a la hora de explayarse en cuestiones paralelas a la narración. Pero ese no es un problema del periodista, sino del de arriba, que cree que ha descubierto la pólvora.

 

Pero no solo de periodismo vive Ángel María de Pablos, también es presidente del Ateneo de Valladolid y ha estado vinculado al teatro gran parte de su vida. ¿Hasta qué punto ha influenciado esto en su carrera?

 

Para luego ponerme ante las cámaras, me sirvió mucho el teatro. Cuando un presentador se pone con un informativo, que suele ser lo más estático, o uno se tiene que mover, como el tiempo ahora, que se mueven o se sientan encima de las mesas, algo que nosotros teníamos prohibido totalmente, es un poco actor.

 

Yo no le hablaba a la cámara, le hablaba a la persona que tenía detrás, el que tomaba las imágenes. Por eso me sirvió para enfrentarme a la cámara. El problema que tiene esto es que una cámara te pilla todos los defectos, te los agranda. Hay que estar muy tranquilo y muy seguro para que no se descubra a los espectadores que eres un novato, un novicio, que tienes errores de principiante. A mí el teatro me sirvió para mucho.

 

Televisión, prensa escrita y radio. Periodista, poeta, escritor... y hasta jefe de prensa del Ayuntamiento de Valladolid. Es usted todo un multiusos.

 

Sí, sí, la verdad es que de mí han tirado para muchas cosas. Me han cogido para eso, me han cogido para el ciclismo, me han cogido para otras muchas cosas y cuando yo volvía del Tour incluso presentaba el informativo. Ese busto parlante que tenía que acoplarse, cosa que también aprendí del teatro, a esa noticia que estaba contando, si era buena o mala. No siempre había que sonreir. Me llama la atención cuando hay jovencitas en TVE que están contando la tragedia de Gaza con una sonrisa en la cara, algo que no se puede hacer. No digo que haya que contarlo llorando pero hay que ponerse serio para contar a la gente que vas a ver como se mata a muchas personas casi en masa porque no piensan igual que los que tiran las balas.

 

Ahora ya retirado, y viendo el toro desde la barrera. ¿Hacia dónde cree que va el periodismo?

 

El periodismo irá hacia donde vaya el país en general, la sociedad del país. Hoy día vivimos una democracia que es una medio democracia porque los medios de comunicación no tienen la libertad que necesitan para decir las cosas que piensan y eso va a constreñir a mucha gente.

 

Si el país evoluciona hacia una sociedad libre de verdad, hacia una democracia auténtica, no solo de papel y de propaganda, entonces el periodismo evolucionará positivamente hacia ese lado. Mientras tu, o tú, o cualquiera que tenga detrás alguien a quien le puedan decir que eche a una persona o que le ponga en el pasillo porque no le gusta, el periodismo no será todo lo que tiene que ser.