Amaya Bombín. Piedra y belleza
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Amaya Bombín. Piedra y belleza

La historia de Amaya Bombín es un tapiz de hilos rojos infinitos.  Todo lo humano se ha ido tejiendo de generación en generación desde los chozos hasta los  patrones textiles o la rueca hasta el espacio digital actual. Somos  hebras conectadas en gran enjambre del universo. Esta imagen le brota al visitante nada más pisar la Sala O de una manera instintiva, hasta cierto punto visceral.

 

Hoy que todo se mide por códigos, se compra, se vende y   se explica, lo único que nos queda es entrar en El Patio Herreriano, caminar hasta la Sala O  y dejarte llevar por la emoción de lo inesperado y descubrir la obra de Amaya Bombín cincelada en piedra y en  tierra y dejarte llevar por la imaginación, ya veremos que nos depara o sugiere cuando hayamos salido por la puerta y nos demos de bruces nuevamente con el verano.

 

Jean Paul Sartre escribió al final de su autobiografía, Las palabras: “La cultura no salva a nada ni a nadie, no justifica. Pero es un producto de la humanidad: se proyecta en él, se reconoce, solo este espejo crítico le ofrece su imagen”. Es una de los aspectos que más me han llamado la atención de la exposición de AB esa capacidad que tiene de conectar con nuestra sensibilidad contemporánea porque nos expresa y nos interroga al mismo tiempo. Tiene esa cualidad, como cualquier forma de arte, de poner delante del  visitante lo que es.

 

Se trata por lo tanto de reconocerte en lo que la obra expresa, lo que añade y quita a tus propias experiencias. Quien quiera ejercitar los músculos puede ir al CDO de Covaresa  que hay magníficos profesionales, pero quien quiera ejercitar la musculatura de las emociones, lo mejor que puede hacer es acercarse al Patio y ver la exposición de Amaya Bombín.

 

Amaya Bombín tiene la cualidad de ser auténtica consigo misma. Realiza obras, esta del Patio de Herreriano es una muestra,  que le salen de dentro y que se convierte en necesidad; cada visitante de la Sala O lo tiene que vehicular a su manera, a su libre albedrío. Esa es la grandeza del arte la cantidad de “hilos rojos” que evoca dependiendo de cómo nos levantemos ese día o si hace frío o calor. Es un código abierto.

 

Al decantarse por emplear elementos naturales como la piedra o la tierra, Amaya Bombín se enfrenta  a la construcción racionalista de las geometrías, a la irregularidad de los productos de la naturaleza. Algunos fenómenos de la naturaleza nos fascinan por su belleza intrínseca. La belleza de la infancia de Ada que entiende la libertad como una estrella polar y pisa la moqueta roja y quiere pisar la tierra y tiene una sonrisa que ilumina la Sala O.  Aquí se siente a salvo.   

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