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Valladolid

Alumbrarse con carburo, eso sí que es retroceder en la vida y en el tiempo

A nadie, a ninguna persona, le gusta pasar de un asiento mullido, cómodo, seguro, a otro duro, incómodo e inseguro en el quehacer diario y desarrollo de su propia vida.

Publicado el 17.10.2021

Al paso que va la burra y la subida del precio de la luz que en estos momentos se encuentra en disparadas y disparatadas tasas insoportables para cualquier economía doméstica que se verá agravada con la llegada del invierno y la demanda de calefacción, tendremos que volver al carburo para alumbrar la noche.



 



Ese sistema de iluminación, antes de la llegada del progreso eléctrico, hidroeléctrico, nuclear, solar, eólico... Y lo que el ingenio humano invente o descubra, sirvió en más de una casa donde no tenían otra forma de alumbrar las sombras de la noche.



 



A nadie, a ninguna persona, le gusta pasar de un asiento mullido, cómodo, seguro, a otro duro, incómodo e inseguro en el quehacer diario y desarrollo de su propia vida.



 



A veces comparo esta situación con la semejanza y ejemplo de una ola que moja la playa y a quienes están en ella. Bien es cierto que primero a los que están más cerca de la orilla, pero que, al, final, en su extensión llega a mojar a todos, unos detrás de otros por alejados que estén de la orilla.



 



Subirán en consecuencia los precios de los alimentos, de las gasolinas, de todo, y allí se verá la levedad y delicadeza del aguante ciudadano.



 



Que no fuercen a los ciudadanos a volver a alumbrarnos con carburo y a gritar como tantas veces hicimos en el Cine de Ricardo en Tordesillas cuando se iba la luz: "¡Que venga la luz, que venga la luz!" porque sin ese servicio básico para la vida y su desarrollo, muchas familias, negocios y comercios no pueden ni podrán completar su ciclo vital con la dignidad que precisan y merecen. Todo lo demás son palabras vanas que se las lleva el viento como papeluchos arrastrados por la calle.


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