Almacén. El lugar de los invisibles

Palabras contra el olvido 165.

En la Sala de Exposiciones del Palacio de Villena (Museo Nacional de Escultura) se puede mantener  hasta noviembre lo que Richard Rorty definió como  “la conversación de la humanidad” donde el conocimiento, la emoción y la experiencia del visitante se ponen a prueba.

 

Esta  es una exposición irrepetible, singular, libre y apasionante. El paseante se asoma al abismo del tiempo mientras la mirada contempla como la luz cae desgastada, cómo los arrecifes de tiempo se desploman en la espuma que diría Ansón.

 

Ser artista en los  siglos  XVI,  XVII y XVIII llevaba consigo enfermedades, frío, hambre y romanticismo. En esta magnífica muestra te das cuenta de los estados de ánimo por lo que pasa el  artista y es tarea del que mira desvelar e indagar intuitivamente que le revela la imagen y cuál es el motivo que esta dice o impone.

 

Aquí, está permitido disfrutar del acto de la contemplación, de la interpretación y de la imaginación. Dicen que la belleza siempre nace de un encuentro, que no existe  si no hay una mirada capaz de captarla. Aquí la belleza se muestra a través de profetas, diáconos, vírgenes, santos, arcángeles, puertas, bustos, columnas, tableros, cristos, etc. La huella de la cultura occidental presente en su forma más poética y buscando el diálogo sugerente entre los diferentes elementos que nos vamos encontrando en las salas.

 

Otra vez hay que felicitar a María Bolaños por haber tenido la capacidad de “sacarse de la manga”  esta exposición asombrosa que permite al visitante acceder al arte y poder entenderlo recuperando todos sus valores en desuso hoy en día. Aquí se recupera el arte tradicional y su sensibilidad para seguir emocionando siglo tras siglo.

 

Solo tienes que dejarte llevar. Abrir bien los ojos y los oídos para poder escuchar todas las historias encantadas e inventadas que  a cada paso cada imagen te cuenta. Porque el arte puede ser un factor de consenso social que permite aprender a tolerar otras ideas, a aceptar la diferencia.

 

Lo veo, porque lo siento, escribe Shakespeare en el acto 4 de El rey Lear, y también puede decirlo el que visita esta exposición. Aquí hay que enfrentarse a muchos artistas y situaciones y no sé si el visitante puede absorber tanta información en una visita. Hay que volver y volver a la exposición otra vez. Una cosa es segura, todas las visitas hasta la fecha han sido momentos placenteros, doy fe.