Alicia en el país de las maravillas
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Alicia en el país de las maravillas

Alicia.

Ya no hay tiempo para lo… superfluo. Lo innecesario. La pregunta es ¿qué es lo necesario? ¿Qué historia puedes encontrar en la Sala Municipal  de Exposiciones de las Francesas que merezca la pena que dejes tus asuntos y dediques un rato a visitar la exposición  “Alicia en el país de las maravillas? 

 

Hoy hay que envasar la cultura de manera distinta. En estos tiempos donde se compite por el tiempo de ocio del personal se tiene que tener una oferta que atraiga y entretenga  y que una vez que entres en una sala de exposiciones quieras estar allí un buen rato, un buen rato donde te puedas convertir en un espectador de verdad y no uno que da el código postal a la entrada y que salga  peor que ha entrado, con esa sensación de que allí has perdido el tiempo.

 

La Sala Municipal de Exposiciones de las Francesas es una catedral cultural con un marco espectacular que hay que tener especial cuidado con lo que se pone no sea que haga bueno ese refrán que dice… mucho arroz para poco pollo. Que es lo que me parece que le pasa a esta exposición de Alicia en el país de las maravillas.

 

Son pocas las emociones que esta exposición pone en juego y es necesario hacer un esfuerzo para cuando el visitante sale a la calle y se pregunta ¿qué? Pues ná. Y eso que no será por grandes nombres: Lewis Carroll, Dalí, Max Ernst y   John Tenniel  especialistas en captar la atención y de establecer vínculos con la experiencia humana. Lewis Carroll creó  un extraño cuento de hadas, una historia que no pertenece a este mundo con personajes como el Conejo Blanco, el Gato de Cheshire, la Reina Roja, etc.,  que tratan de hacer valer su poder y permanecen en tu memoria para siempre.

 

La primera misión del arte es conmoverte de alguna manera. Esta exposición, por lo que sea,  no funciona porque no provoca en mí ni emociones ni sentimientos. Esta sala de exposiciones es un servicio público. Igual que en un hospital, debes salir mejor de lo que estabas. 

 

Una exposición no va  a cambiar tu vida ni el mundo. Pero por eso no deja de ser una actividad indispensable, que nos permite ver el mundo bajo otra luz, gracias a las experiencias y utopías que nos propone. Esta no ha sido el caso.