Alfonso Pahíno, otro vallisoletano que quiere triunfar en el programa 'La Voz' senior
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Alfonso Pahíno, otro vallisoletano que quiere triunfar en el programa 'La Voz' senior

El concurso de Antena Tres arrancó este jueves con la presencia del cantante vallisoletano, que fue elegido por los coach para seguir adelante en el programa.

Si en la pasada edición la triunfadora absoluta de La Voz senior fue Helena Bianco, ahora otro cantante vallisoletano quiere aprovechar el escaparate de este talent show televisivo para rememorar viejos tiempos. Helena Bianco triunfó con Los Mismos, el mítico grupo de Valladolid que acuñó importantes éxitos especialmente en los años 70. Cuando se presentó a La Voz, su talento no pasó desapercibido y se convirtió en la ganadora.

 

Alfonso Pahíno también tuvo su recorrido exitoso con discos publicados, hits conocidos como 'Yo soy gitano' o 'Hijo, yo te quiero' y conciertos repletos de público como uno que se celebró en el polideportivo Huerta del Rey, entre otros. Hoy sigue en activo demostrando que, a sus 67 años, su voz sigue siendo tan poderosa y cautivadora.

 

Pahíno se presentó ante los coachs de esta edición con una versión de Insurrección, el tema que Manolo García convirtió en hinmo con El último de la fila. Esa canción, que el músico compuso acordándose de una discográfica que les daba la espalda, hizo girar el sillón de David Bustamante y Pastora Soler, aunque tanto Rosana como Antonio Orozco aprobaron también ese giro que mete de lleno al cantante vallisoletano en la dinámica de un concurso que, al menos, puede servir para que el público visualice una trayectoria musical dilatada a lo largo de años.

 

Alfonso Pahíno eligió el equipo de Pastora Soler, a la que calificó como la mejor cantante de España. A partir de aquí empieza el recorrido televisivo de este vallisoletano, luchador empedernido y un apasionado de la música mucho más allá de que haya sido su medio de vida. Quizá habría que preguntarse si no deberían estar los papeles intercambiados entre coachs y aspirantes, aunque la industria musical tiene excesivos recovecos como para controlar ciertos aspectos imposibles.