Adiós al Penicilino; las vallas ya empiezan a rodear el edificio para su reforma
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Adiós al Penicilino; las vallas ya empiezan a rodear el edificio para su reforma

La Plaza de la Libertad este lunes, ya con las vallas para comenzar la rehabilitación. JUAN POSTIGO

Los operarios de la empresa Blape comenzaron este lunes el vallado de la Plaza de la Libertad para arrancar unas obras que se han retrasado por la pandemia.

Era cuestión de tiempo pero para los más nostálgicos del lugar era un pequeño alivio ver que el mítico bar Penicilino, situado en la Plaza de la Libertad en pleno centro de Valladolid, seguía ahí día tras día pese a su clausura. Hasta que llegó el momento. Este lunes los operarios de la empresa Blape vallaron parte del edificio, rodeando el kiosko que sigue en la Plaza, para dar comienzo estos próximos días por fin con unas obras de reforma que durarán meses.

 

El adiós al Penicilino, al igual que el resto de negocios que también se sitúan en el edificio, llegó hace justo un año, a finales de septiembre de 2020, de manera que los tajos de rehabilitación se han retrasado desde entonces. Ahora, una vez arranque la labor, se esperan veinte meses de trabajo para la creación de dieciocho pisos de lujo.

 

UN ADIÓS FORZADO

Con el confinamiento de 2020 se retrasaron los permisos de obra y el bar pudo volver a abrir al terminar el encierro, con un permiso de cuatro meses más, que terminaron a finales de septiembre. “No tenemos noticia por parte de nuestro casero de si nos quiere prorrogar más o no, en todo caso no sé si podríamos sostenerlo, vienen meses muy malos y trabajar en invierno sin terraza y según están ahora las cosas, creo que no sería sostenible”, explicó por entonces Miguel Sirgo, uno de los socios del Penicilino, a TRIBUNA.

 

“Desde luego es un poco triste terminar así”, hizo ver el propietario. Todos ellos vieron cómo se decía adiós a un negocio que llevaba en Valladolid desde 1872, funcionando primero como un colmado, luego como una expendeduría de vinos para, por fin, ser bar fue a partir de los años 50. Los socios y llevaban 14 años al frente del negocio, desde que en 2006 se jubilaron los antiguos propietarios.

 

Tanto Miguel como sus compañeros vivieron innumerables anécdotas y han sido testigos de las historias que se han creado en este peculiar lugar, famoso por su penicilino y sus zapatillas, el licor que da el nombre al local y los mantecados que lo acompañaban. Tantas que Miguel no podía quedarse con ninguna en especial cuando se le preguntaba hace un año. “Ha sido una barbaridad, cuando hacíamos los conciertos o los aniversarios, la respuesta de la gente, el cariño que nos tenía, es imposible sacar una sola y decir que es la mejor que hemos tenido”. Y es que por el Penicilino han pasado generaciones y generaciones.