ACOR en Las Francesas
Tribuna mini Saltar publicidad
2 file
Cyl dots mini

ACOR en Las Francesas

Es entrar en la Sala de Exposiciones de Las Francesas y cambiarme el humor. Me cambia el humor y un sentimiento de agradecimiento se apodera de mí. Siempre he creído que hay que agradecer a los pintores ese tiempo que dedican a los rituales. El ritual de elegir el papel apropiado. He visto algunos pintores oler y acariciar el papel antes de comprarlo y preguntarse cómo respondería ante la humedad, al sol y al calor como si estuviera preguntado por un hermano querido. Y los botes y tubos de pintura. Preguntarse por los matices, cuánto tarda en secarse y la reacción que producen los disolventes. Ese placer de elegir los materiales que requiere tiempo y pericia. Y el olor a la trementina, tan reconocible.

 

He visto con mis propios ojos como Carlos Sanz Aldea ha dado los primeros trazos a su estupendo cuadro USA ATLETI ganador del Premio ACOR en 2008. Un primer trazo azaroso y luego otro y otro hasta que iba adquiriendo su propia personalidad  que recordaba a un viaje en moto por la ruta 66 con su inseparable Manolo “el de Soria”.

 

 ¿Qué mayor experiencia se puede tener  que disfrutar de un lienzo en blanco e inanimado y que a las pocas horas cobre vida en nuestra presencia? Por eso entro en esta Sala y habita en mí el asombro. Cada cuadro tiene su asunto, es como bucear en tu propio subconsciente en busca de que surja algo que te conmueva, que te alegre que te haga sentir frágil, que te haga sentir en definitiva humano.

 

La obra premiada  en el XXI Certamen de pintura Acor  se titula Niebla y es de Guillermo Sedano Vivanco y tiene una cualidad que salta a la vista.  Cada vez que lo miras se renueva constantemente. Porque el problema de la representación de un paisaje no es la fijación topográfica de su perfil, sino la constante renovación de su apariencia. En la naturaleza, y esta exposición hay mucha muestra de ella, nada vive y muere, sino que  todo continuamente se transforma y eso el arte,  lo hace físicamente viable.

 

Hay otro cuadro que merece atención. Es el de Daniel Simeonov Yordanov, titulado Los Zapatos verdes. El mundo entra por los ojos. Mirando a través del escaparate los niños trasforman la mirada en una manera subjetiva de ver la vida. La reflexión siempre surge del ejercicio de mirar.

 

Y el último, el de Natalia Juan Carlos, titulado Nido Vacío 1. Su densidad física y simbólica de la sencillez no impone nada lo único que pretende es que tú te pares a verlo y le pongas la palabra que te venga  a la boca.