Abre sus puertas en Valladolid la gran exposición ‘Delibes’ en la Sala de La Pasión
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Abre sus puertas en Valladolid la gran exposición ‘Delibes’ en la Sala de La Pasión

Imagen de la exposición de Miguel Delibes en La Pasión. ICAL

La muestra reúne hasta el 4 de mayo 250 piezas, como fotografías, retratos, manuscritos originales, cartas, objetos y primeras ediciones de su propia biblioteca

Tras su paso por la Biblioteca Nacional de Madrid, la gran exposición ‘Delibes’, comisariada por Jesús Marchamalo para conmemorar el centenario del nacimiento del autor de ‘El camino’, abrirá mañana martes sus puertas en la sala municipal de La Pasión, en Valladolid, donde podrá contemplarse hasta el próximo 4 de mayo. “La exposición recorre su vida y obra de una manera sobria, discreta, elegante y nada intimidatoria. Queríamos que fuera acogedora para el visitante”, explicó Marchamalo en la presentación a los medios. 

 

Con llamativa ausencia institucional en la presentación (sin ninguna representación del Ayuntamiento de Valladolid ni de la familia del escritor, y con la única presencia del director de la Fundación Miguel Delibes), el comisario explicó que “por consenso y por responsabilidad” se ha decidido cancelar la inauguración oficial, prevista inicialmente para la tarde de hoy, ya que “era lo más adecuado en estos tiempos tan difíciles”.

 

En sus declaraciones, recogidas por Ical, Marchamalo señaló que la muestra reúne alrededor de 250 piezas, entre las cuales figuran fotografías, retratos, manuscritos originales, cartas, objetos o primeras ediciones de su propia biblioteca, y recordó que han prestado obras para este proyecto la Fundación Miguel Delibes, ‘El Norte de Castilla’, el Archivo de Valladolid, la Fundación de Castilla y León y la Fundación Juan March. 

 

La muestra recupera la práctica totalidad de las piezas que pudieron verse hasta mediados de noviembre en la BNE, salvo un par de documentos que no podían permanecer más tiempo exhibidos al público y unos retratos de los personajes infantiles que forman parte de la exposición ‘Patria común’. Estos últimos dejan ahora su espacio a un nuevo bloque que se centra en la traducción de sus obras a otros idiomas, y que “muestra la dimensión internacional que tiene Delibes, uno de nuestros autores más traducidos y leídos fuera de España”. 

 

Envuelta en una cuidada iluminación, que invita a “preservar el secreto” y potenciar la “intimidad” del visitante en el recorrido, la exposición se divide en tres grandes espacios. En la planta baja, una especie de recepción da la bienvenida al visitante mostrando los orígenes familiares de Delibes a un lado, los testimonios de sus numerosos descendientes en vídeo al otro costado, y en el centro el retrato de la ‘Señora de rojo sobre fondo gris’ que Eduardo Benito dedicó a Ángeles de Castro, la esposa de Delibes, flanqueado por algunos volúmenes de la biblioteca personal que juntos construyeron y por la Hermes Baby, la máquina de escribir que ella, “premonitoriamente”, le regaló a su marido el día de su boda (que coincidió con el Día del Libro), cuando a él ni siquiera se le había pasado por la cabeza la idea de “ser escritor”.

 

“Hasta que conoció a Ángeles, apenas había leído cuatro libros de aventuras, y de su mano él siempre reconoció que aprendió a leer. De novios montaron una pequeña biblioteca, y por consejo de ella Delibes leyó por primera vez a Stendhal, Chejov, Wilde, Gómez de la Serna o Santa Teresa, entre otros”, señaló Marchamalo.

 

A continuación, el recorrido expositivo deja constancia de sus años prestando el servicio militar en el Crucero Canarias, el inicio de sus estudios universitarios, sus comienzos en ‘El Norte de Castilla’ como caricaturista, la caza “entendida como el contacto constante con el mundo rural, el campo y la naturaleza”, su amor por los pájaros (con fotografías de Ontañón y piezas como los prismáticos que siempre llevaba en sus paseos para observar aves), o el trofeo que le entregaron como ganador del Premio Nadal 1947, por su primera novela, ‘La sombra del ciprés es alargada’, acompañado por el telegrama donde le notificaban el fallo del jurado. 

 

Un santuario

Ese primer gran espacio concluye con una moderna gráfica que repasa el medio centenar de obra escrita que dejó publicada Delibes, para “dejar constancia de la magnitud de su obra”, pero antes de acceder a la planta superior aparece el segundo gran apartado de la muestra, instalado en la antigua sacristía de la sala de exposiciones. 

 

Allí, a modo de capilla o de cámara oscura, el espectador accede a un rincón con aura sagrada, presidido en el centro por un pequeño ‘altar’ donde reposa el escritorio donde el vallisoletano trabajaba, rodeado por cinco pequeñas vitrinas donde pueden apreciarse los voluminosos manuscritos de ‘El camino’, ‘El príncipe destronado’, ‘Las ratas’, ‘Cinco horas con Mario’ y ‘El hereje’, escritos todos ellos a mano en cuartillas que le preparaban con los sobrantes de las bobinas del papel que se utilizaba en las rotativas de ‘El Norte de Castilla’. Para conferir total solemnidad a ese espacio, un altavoz proyecta sobre la estancia la profunda voz del actor José Sacristán (protagonista de los montajes teatrales de ‘La guerra de nuestros antepasados’ y ‘Señora de rojo sobre fondo gris’), leyendo las primeras páginas de esos manuscritos.

 

Recorrido cronológico

Ya en la planta superior, se propone un recorrido cronológico por sus libros, desde ‘El camino’ hasta ‘El hereje’, en una sala que da la bienvenida al visitante con el colosal retrato que le hizo Alberto Schommer sentado en una silla de madera. Imágenes canónicas como esa, o como el retrato de perfil que le hizo John Ulbricht, que pertenecen a la iconografía clásica de Delibes, aparecen en la muestra salpicadas con fotos de su álbum familiar que enseñan a un Delibes “inesperado y desconocido” para el gran público. 

 

En ese espacio superior conviven “apuntes, borradores, reseñas, cartas de amigos y fotografías con ellos”, ya que “tras la idea preconcebida de él encerrado en su casa, estaba un hombre que se relacionó con buena parte de sus contemporáneos: Jorge Guillén, Cela, Marítn Gaite, Carmen Laforet, Umbral, Leguineche…”. Es por ello que se muestran cartas y fotos con ellos, mezcladas con gran parte de sus libros. “Queríamos que también se vieran los libros, aunque en el mundo expositivo suele haber un cierto rechazo hacia los libros en vitrinas, porque parecen pájaros muertos, pero esa parte de la obra es fundamental”, señaló el comisario. 

 

En ese bloque aparece además referenciada su eterna lucha contra la censura, su relación con Castilla (aparecen algunas fotografías de Navia para ilustrar el libro ‘Viejas historias de Castilla la Vieja’) o distintas referencias a sus adaptaciones al teatro y al cine, dos mundos que le propiciaron “gran cantidad de lectores” (así, se pueden ver los carteles originales de la película de Mario Camus a partir de ‘Los santos inocentes’ o del estreno sobre las tablas de ‘Cinco horas con Mario’, con Lola Herrera como Carmen Sotillo).

 

Asimismo, se recuerda el hachazo que supuso para él la inesperada muerte en 1974 de Ángeles, su mujer, y su entrada pocos meses después en la Real Academia Española de la Lengua, donde “cuando nadie hablaba de ecología en España él alertó sobre el progreso mal entendido y denunciaba la explotación irresponsable de los recursos naturales”. Ahí también hay guiños a sus premios, como el Nacional de las Letras, el Príncipe de Asturias, el Premio de las Letras de Castilla y León o el Cervantes que recibió en 1994, cerrando un círculo que se había abierto casi medio siglo antes con el Nadal. Además, hay un espacio especial para ‘Señora de rojo sobre fondo gris’, “el libro que más le costó escribir con diferencia”, como se aprecia en alguna de las hojas del manuscrito, llenas de anotaciones, y que aparece acompañado por la misiva en la que Pilar Miró le pedía adaptar esa novela al cine, y la consecuente respuesta de él confesándole que 30 años después de la muerte de su esposa aún no estaba preparado para ver aquel relato en la gran pantalla. El recorrido concluye con la referencia a ‘El hereje’, su última novela, que Marchamalo definió como “un canto a la tolerancia y a la libertad en los tiempos oscuros”. 

 

Tras agradecer a la familia la “confianza” depositada en él para comisariar la muestra, en el que a la postre ha sido uno de sus trabajos “más bonitos, agradables y emocionantes”, Marchamalo explicó que tras la personalidad de “hombre sencillo” de Delibes, se escondía una “gran cantidad de facetas ocultas”. “En esta exposición hay un Delibes conocido, que esperas encontrar, pero también uno inesperado que hemos ido descubriendo al documentar la exposición”, remachó.