ABBAS. Crónicas del mundo

Me llamo Abbas. Soy fotógrafo. Lo que propongo con mis fotografías es un diálogo, una conversación a través del tiempo. No tengo prejuicios. Fotografío moda o guerras. La vida en blanco y negro. Siempre manteniendo la elegancia y la claridad como premisas. Me ha interesado desde pequeño las condiciones de vida de mis semejantes.

La primera sensación que tiene el visitante cuando accede a la Sala 1 del Museo Patio Herreriano es… de la que me librado, Dios mío. Y la segunda es que el tiempo pasa muy rápido. Todo parece que ayer salía en la pantalla del Telediario y, ya han pasado veinte años. Sentir que es un soplo la vida. Que veinte años no es nada. Que febril la mirada, errante en las sombras. Te busca y te nombra…

 

En las fotografías de Abbas, así a bote pronto, impera lo intuitivo y directo. Quiere convertirse en un documento que empatice con el espectador. Puede adivinar con la mirada el contexto político, social y cultural del mundo en un instante. Abbas no guarda, por así decirlo, la distancia reglamentaria. Su fotografía satisface en el espectador esas ansias inevitables de curiosidad y sorpresa que toda buena foto lleva dentro.

 

Y recupera algo muy importante. La necesidad que tiene el fotógrafo y la fotografía de registrar una realidad que tiene que ver con la verdad. Estas viendo lo que está pasando, no le des más vueltas. Son un testimonio que el espectador tiene que interpretar a su libre albedrío, bastante ha hecho ya el fotógrafo jugándose a veces la vida para realizarla.

 

Todas las fotos de la exposición reflejan un hecho y también una intención. La cámara pegada al ojo se aproxima a la acción, al paisaje y paisanaje y el dedo aprieta ¡click, click! Se produce un contacto físico entre el ojo y el visor, convirtiendo la cámara en un miembro más del cuerpo del fotógrafo. En realidad la que siempre está allí, la que está presente es la cámara y no el fotógrafo.

 

lo que trata Abbas es la certificación de un suceso dentro de un paisaje y de una historia. Lo que quiere mostrar es el mundo más que su presencia, su condición de testigo. Huye del yo como de la peste, no necesita mostrar su vanidad ni mirarse el ombligo constantemente. Su identidad está sujeta a su fotografía. Lleva inscrito su nombre: ABBAS.