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A dieu, Monsieur Givenchy

Hubert de Givenchy era un tipo alto, muy amable, habilidoso y muy tímido. Duda al hablar, no termina las frases y su muletilla favorita es “está usted a gusto”. Su obra emparenta por herencia con Balenciaga porque aporta belleza, naturalidad, elegancia y sobre todo una cierta forma arquitectónica donde se sublima lo elemental.

Cuando Givenchy se fue a despedir a Ginebra de Audrey Hepburn… estaba acostada y le di un beso, recordaba. Me dijo que escogiera un de los tres plumones que tenía sobre el sofá. Tomé un de color azul marino. Me pidió que, cuando estuviera triste, me lo pusiera para recuperar el coraje. Volví a París llorando, envuelto en ese abrigo azul. Sonia Grande escribe que Hepburn y Givenchy fueron un tándem de amistad y elegancia, el último bastión de las grandes casas de costura. Givenchy crea un icono, todos recordamos la imagen de Audrey mirando el escaparate de Tiffany´s que resume todo lo moderno, lo artístico y, por tanto, todo lo efímero.

 

Esta tarde interrumpiendo mi vida de recluso (como el narrador de En casa tomada de Julio Cortázar) me voy a dar una vuelta por la sección de perfumería del Corte Inglés en busca de una perfume con personalidad propia que me proporcione una emoción, la misma emoción que te puede proporcionar un buen vaso de vino. La fragancia del perfume de Givenchy adorna este rato de la tarde y le da vigor. Y sirve para recordar al que se ha ido, pero recordarle no por su nombre y apellidos, sino por haber dejado el oxígeno alterado que es como alguien definió al perfume. Porque el aroma es recuerdo, asegura Carolina Herrera. Este es un aroma que trae ecos de oriente, mezclando notas clásicas como el oud o el narciso con otras modernas como la vainilla o el dátil.

 

El olfato es un sentido privilegiado porque su proceso de captación es muy rápido. Va directo desde el bulbo olfativo al sistema límbico, que es el encargado de gestionar las emociones. Un estudio de la Universidad Rockefeller ha descubierto que el ser humano recuerda el 35% de lo que huele, frente al 2% de lo que oye y el 1% de lo que toca.

 

David Hockney, el último icono, ha dejado dicho que la vida mata y que el tiempo es elástico. Esto último lo explica con un chiste. “Un hombre va al médico y este le dice: “Quiero que dejes de beber, que dejes de fumar, que dejes la comida rica y el sexo” El hombre pregunta: “Así viviré más tiempo” Y el médico contesta: “No, pero lo parecerá".

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