Más de 20 años fotografiando los pueblos que desaparecen: "Es un homenaje a quienes se quedan"
La muestra de de Iván Villapecellín, abierta hasta el 23 de octubre en el espacio Rever, utiliza la fotografía como herramienta de reflexión
Iván Villapecellín, artista visual, presenta una exposición sobre la despoblación rural, una realidad que continúa afectando a numerosos municipios de Castilla y León. La muestra, que gira en torno a la desaparición del folclore de nuestros pueblos, presenta hasta 18 piezas que buscan retratar todo aquello que olvidamos y que ya no permanece en nuestra memoria, capturando en una casa vacía una historia real que habla del abandono de nuestras raíces.
Villapecellín nos invita a reflexionar sobre lo que dejamos atrás a través de su cámara, con imágenes de espacios vacíos, paisajes transformados por el abandono y rostros de aquellos que decidieron quedarse pese a tenerlo todo en contra.
La exposición, bajo el título "In-Volución", podrá visitarse hasta el 23 de octubre en el espacio REVER del IES Las Salinas de Laguna de Duero. El instituto presenta este espacio con el objetivo de involucrar al mayor número de personas, tanto de la comunidad estudiantil como externa, en la transformación de espacios para el desarrollo de nuevas áreas de aprendizaje y la participación de profesionales en el aula.

Orígenes y dificultades para preservar la memoria rural
Iván Villapecellín, autor de las fotografías, valora la situación con crudeza: "Yo no tengo ninguna solución. Yo lo que hago es un estudio fotográfico con el que pretendo que la gente reflexione y participe de este problema, y quizás a lo mejor así lleguemos a una conclusión todos juntos".
Un compromiso cultural que nació hace ya más de dos décadas, cuando el artista comenzó a adentrarse en los "mapas cerrados": pueblos completamente abandonados donde no quedaba rastro de vida. En aquellos primeros años, ante la falta de herramientas digitales o de un GPS como los actuales, llegar hasta esos enclaves requería de métodos más rudimentarios: "me costó mucho encontrar esos sitios, esos pueblos, porque claro, al estar abandonado no había información. El boca a boca me ayudó muchísimo".
La importancia de mantener vivos nuestros pueblos
Cuando emigramos a las ciudades no solo dejamos atrás un paisaje, sino también las huellas de nuestros antepasados. Villapecellín recuerda aquello que perdemos como sociedad cuando un pueblo se queda sin habitantes: "es como que pierdes un diario. Estamos perdiendo su cultura, las fiestas tradicionales, el folclore e incluso las historias que ellos cuentan".
El artista comenta lo duro que puede ser en ocasiones el primer contacto con los pocos o únicos habitantes de las aldeas que visita con el objetivo de visibilizar esta realidad. En su mayoría, se extrañan al principio cuando ven aparecer a un desconocido que porta una cámara y camina entre sus calles desiertas, pero una vez conversan con él y comprenden el propósito de su trabajo, algunos llegan a emocionarse. "Lo primero de todo es hablar con ellos. Yo me presento, les digo quién soy y qué es lo que hago. Hay algunos que no les interesa el tema y otros que sí estan muy interesados e incluso te dicen que ya era hora de que alguien se interesara por ellos".
La fuerza del impacto visual y el valor del homenaje
A lo largo del proceso, el camino no ha estado exento de dificultades técnicas y logísticas. Desde adentrarse en carreteras intransitables hasta adaptar la iluminación con trípodes en edificios en ruinas o cuadrar los tiempos con actividades en continuo movimiento, como la transhumancia, cada fotografía requiere de un esfuerzo específico. Sin embargo, para Villapecellín todo este trabajo cobra sentido al contemplar la reacción del público ante sus imágenes: "Una imagen vale más que mil palabras. La gente queda impactada al descubrir en imágenes que este problema que tenemos es real, al ver esas casas semiderruidas, calles abandonadas o iglesias hechas escombros".
Más allá de la denuncia social, la mirada de Villapecellín encierra un profundo respeto hacia quienes se resisten a que sus raíces se apaguen definitivamente. Para el fotógrafo, retratar a los últimos pobladores de esas tierras es, sobre todo, una forma de darles voz y reconocimiento: "Hacer fotografías a esta gente es un homenaje a estas personas heroicas que han decidido quedarse pese a todo en su territorio".
Con su grano de arena desde el ámbito cultural, el artista espera que quienes recorran las salas del espacio REVER no solo se limiten a contemplar un paisaje de nuestro pasado reciente, sino que salgan de allí con la necesidad de reflexionar y buscar soluciones compartidas para mantener viva la memoria de nuestro entorno rural.








