De Irish Corner a Vintage: la historia de una discoteca que marcó la noche vallisoletana en la calle Paraíso

Los hermanos Pastor, Miguel y Gonzalo, explican las razones que les han llevado a cerrar un negocio que ha vivido diferentes etapas desde que abrió sus puertas en el 1999

De Irish Corner a Vintage: la historia de una discoteca que marcó la noche vallisoletana en la calle Paraíso
El autor esAlejandro De Grado Viña
Alejandro De Grado Viña
Lectura estimada: 9 min.

El cierre de Vintage, ubicado en el número 9 de la calle Paraíso, ha supuesto el final de una larga y nostálgica etapa. Después de 15 años siendo uno de los referentes de la noche vallisoletana, la discoteca bajó definitivamente la persiana el pasado mes de junio, dejando atrás miles de encuentros y recuerdos de varias generaciones. Sin embargo, detrás de este local, hay una historia familiar que se remonta al año 1999.

Los hermanos Miguel y Gonzalo Pastor, responsables de llevar las riendas del negocio durante buena parte de su trayectoria, explican los motivos que les han llevado a tomar esta decisión y hacen balance de una etapa marcada por los cambios en los hábitos de ocio y las dificultades de gestionar un establecimiento nocturno. Una despedida que, según ambos, no responde a la falta de clientes ni a una situación económica, sino al cansancio y a la necesidad de dar prioridad a sus respectivas vidas y proyectos profesionales.

Aun así, ambos reconocen "que ya no les compensaba" abrir la discoteca cada fin de semana.

Todo comenzó en 1999

Para conocer los orígenes de Vintage, se necesita una máquina del tiempo. Y en ella, hay que adentrarse en el año 1999, cuando José Miguel Pastor, padre de Miguel y Gonzalo y propietario del local, abrió las puertas de 'Irish Corner'. Aquella taberna irlandesa funcionó hasta el año 2005. A partir de ahí, la gestión pasó a manos de otros inquilinos, que abrieron 'Little Bottle', el nuevo negocio que acogió el inmueble.

Sin embargo, aquella experiencia no fue buena para la familia Pastor, que terminó recuperando la gestión del negocio en el año 2007. Fue entonces cuando Miguel y Gonzalo tomaron las riendas del establecimiento y decidieron recuperar la marca 'Irish Corner', manteniendo hasta el 2012 el concepto de taberna irlandesa que había impulsado su padre.

De hecho, el mes de febrero de ese mismo año marca el antes y el después de esta historia. Los hermanos entendieron que el modelo de negocio necesitaba evolucionar para adaptarse al público de la zona, principalmente jóvenes de entre 18 y 20 años, y apostaron por transformar el establecimiento en un bar de copas con una identidad completamente diferente. "Era un bar muy bonito, pero era una taberna irlandesa, y no uno de copas, que era lo que queríamos. Entonces hicimos la reforma y, como lo de Irish ya no tenía ningún sentido, le cambiamos el nombre", recuerdan.

La decisión no fue sencilla, especialmente por el vínculo sentimental que su padre mantenía con el proyecto original. "Él no era muy partidario porque, al final, era quien lo había hecho. Pero como éramos nosotros los que lo íbamos a llevar y los que estábamos aquí, nos apoyó", explican. No obstante, la taberna irlandesa no desapareció de sus vidas. "Realmente no quitamos lo que era la taberna, sino que la cubrimos. Si desmontas lo que hay ahora, tienes la taberna que había", desvelan los hermanos.

También el nombre de Vintage surgió de una manera improvisada, durante una reunión de amigos en la que se estaban probando distintas bebidas para el futuro establecimiento. La acogida fue buena. El nuevo establecimiento consiguió hacerse un hueco en una calle Paraíso que entonces vivía uno de sus momentos de mayor actividad, con numerosos bares abiertos y una importante concentración de jóvenes durante los fines de semana.

"Había muchos más bares en la calle y el público era el que había en aquella época. Era una zona que funcionaba muy bien", recuerdan.

De una calle Paraíso repleta de bares a una zona "muerta"

Uno de los aspectos que más destacan Miguel y Gonzalo es la transformación que ha experimentado la calle Paraíso. De ser uno de los grandes focos del ocio nocturno, a ir perdiendo establecimientos y afluencia. "En su día la competencia era brutal en la calle Paraíso. Ahora no. Si te fijas, Paraíso funcionaba en parte por los otros bares", explican. En este sentido, señalan que todavía permanecen abiertos algunos establecimientos, entre ellos La Chupetería, pero consideran que el cierre de Vintage supone un duro revés para la zona. "Todavía hay algún bar que funciona, pero es lo que queda de Paraíso. Y ahora que hemos cerrado nosotros, pues ya queda todavía menos. Es una calle muerta", lamentan.

Los hermanos identifican el eje comprendido entre Poniente, la calle Pasión y Coca como uno de los principales puntos de encuentro de la noche vallisoletana. También mencionan otros establecimientos que mantienen una buena actividad, aunque consideran que el ocio se ha concentrado en un número de locales más reducido. "Antes estaba lleno Paraíso, estaba lleno San Miguel y estaban llenas otras zonas. Ahora hay sitios que funcionan muy bien, pero son sitios contados, puntuales", reflexionan.

A esta pérdida de actividad se suma, según explican, una mayor complejidad a la hora de gestionar determinadas situaciones relacionadas con el ambiente nocturn: "Siempre hemos tenido épocas en las que hemos tenido que lidiar con gente problemática, personas a las que no dejábamos entrar y que te discutían en la puerta por qué no podían hacerlo".

Sin embargo, y pese a estas circunstancias, destacan que durante toda su trayectoria nunca tuvieron que enfrentarse a incidentes de especial gravedad dentro del establecimiento. "Nunca hemos tenido incidentes graves aquí, así que creo que lo hemos gestionado, dentro de lo que cabe, bastante bien", aseguran.

La pandemia, clave

Aunque Vintage consiguió mantener una trayectoria económicamente positiva, la pandemia supuso uno de los momentos más difíciles de su historia. Las restricciones sanitarias, las limitaciones de aforo y los cambios de horarios obligaron a los responsables del establecimiento a modificar temporalmente su funcionamiento, intentando mantener una actividad mínima en un negocio concebido principalmente para las noches de los jueves, viernes y sábados.

"Con la pandemia cambió mucho todo. Fue una época complicada para muchos hosteleros y nosotros tuvimos la suerte de que el local era nuestro", explican, conscientes de que no tener que afrontar un alquiler mensual les permitió sobrellevar mejor aquella situación.

Durante ese periodo llegaron a instalar unas pocas mesas en el exterior y adaptaron sus horarios a las restricciones vigentes. "Teníamos cuatro mesas y poco más. Intentabas apañarlo con los horarios para hacerlo lo mejor posible. Había que abrir muy pronto porque luego, a las ocho, tenías que irte a casa", recuerdan.

Los clientes también modificaron sus costumbres para adaptarse a las circunstancias: "La gente se adaptaba. Si querían salir, era lo que había. Las reservas funcionaban muy bien, pero claro, daba lo que daba".

El cambio de hábitos de los jóvenes y el auge de otros modelos de ocio

Más allá de las consecuencias, Miguel y Gonzalo Pastor consideran que la noche vallisoletana también ha cambiado durante los últimos años. A su juicio, los jóvenes ya no salen de la misma manera que antes, una circunstancia que atribuyen tanto a la evolución de las costumbres como al crecimiento de la oferta de ocio tanto en los barrios como en los municipios del entorno. "Yo creo que ha cambiado un poco la forma de salir. Ahora hay muchas más ofertas en los barrios. Antes no tenías bares a los que ir o en los que quedarte. Y, además, en los pueblos también tienes mucho donde elegir. Ha sido un cúmulo de cosas", analizan.

En este sentido, señalan que la afluencia de público en determinados puntos de la ciudad ya no es tan habitual como hace años, cuando diferentes zonas mantenían una intensa actividad nocturna de manera simultánea. 

Otro fenómeno que ha transformado la hostelería es el auge del tardeo, una fórmula que, sin embargo, nunca llegó a encajar con el perfil de clientes de Vintage. "Nosotros no lo hemos hecho porque nuestro público no era ese", explican. Los hermanos consideran, en este sentido, que adelantar la apertura del establecimiento no habría garantizado una mayor rentabilidad, especialmente por los hábitos actuales de consumo.

Una decisión meditada

La decisión de cerrar Vintage no llegó de manera repentina. Los hermanos Pastor llevaban tiempo planteándose su continuidad y, finalmente, optaron por poner fin a una etapa que había dejado de encajar con sus prioridades tanto personales como profesionales.

Miguel fue el primero en desvincularse de la gestión diaria del establecimiento, al comenzar a dedicarse a otra actividad profesional. Desde entonces, Gonzalo asumió en solitario la responsabilidad del negocio, aunque su hermano continuó colaborando de manera puntual cuando era necesario. "Yo realmente esto lo dejé hace unos años porque me dedico a otra cosa. Mi hermano quería seguir y es el que ha estado los últimos años aquí", explica Miguel.

Con el paso del tiempo, Gonzalo también comenzó a compaginar el establecimiento con otro trabajo, pasando Vintage a un segundo plano. "Estás cansado de estar aquí lidiando con unos y con otros. Él ya tiene su trabajo y yo tengo otro. Este era nuestro trabajo secundario", añade.

A ello se sumaron las responsabilidades familiares y el deseo de disponer de más tiempo libre, después de 14 años dedicados a la gestión de la discoteca. "Yo tengo mi familia y él también tiene la suya. Afortunadamente, podemos dedicarnos a otras cosas y no queremos seguir aquí", explica.

La decisión comenzó a coger forma entre el 2025 y los primeros meses de este 2026, hasta que finalmente el cierre se materializó en el mes de junio. "Hombre, claro que da pena. Llevamos muchos años aquí", reconocen los hermanos, que admiten el componente sentimental de despedirse de un negocio al que han dedicado una parte importante de sus vidas.

El futuro del local: 132 metros cuadrados a la venta

Con Vintage cerrado, la principal incógnita se encuentra ahora en el futuro del inmueble. El establecimiento, propiedad de José Miguel Pastor, cuenta con una superficie de 132 metros cuadrados y lleva aproximadamente dos meses a la venta, aunque por el momento la familia no ha alcanzado ningún acuerdo al respecto. "Ha habido alguna oferta, pero claro, es como cuando anuncias una cosa por 300 y te ofrecen 150", explican los hermanos, que se muestran dispuestos a negociar siempre que las propuestas sean razonables.

Lo que sí que tienen prácticamente descartado es volver a alquilar el establecimiento a terceros. La mala experiencia que vivieron durante la etapa de 'Little Bottle' ha condicionado su postura. Por esa razón, la familia contempla fundamentalmente dos alternativas: vender el inmueble o aprovecharlo para desarrollar una actividad empresarial diferente, que no exija la presencia constante de los hermanos. "Nuestra idea no es alquilar el local. Como poco, sería venderlo y, si no, seguir dando vueltas para ver qué opciones podemos encontrar", explican.

En este sentido, no descartan que el espacio pueda albergar un negocio de restauración, una franquicia u otra actividad comercial, siempre que su funcionamiento pueda quedar en manos de empleados o de un responsable contratado. "Tenemos alguna idea en mente, pero no te podemos concretar ahora mismo porque no hay nada decidido", aclaran.

En cualquier caso, los hermanos tienen claro que no desean volver a gestionar un bar de copas. Su objetivo es cerrar definitivamente esa etapa y encontrar una alternativa que les permita aprovechar el inmueble sin las exigencias del ocio nocturno.

Una despedida marcada por los recuerdos y el agradecimiento

El anuncio del cierre despertó una importante respuesta entre antiguos clientes y personas vinculadas al establecimiento. Miguel y Gonzalo reconocen que durante las últimas semanas han recibido mensajes de personas con las que llevaban años sin mantener contacto, además de antiguos trabajadores y clientes habituales.

Unas muestras de afecto que, aseguran, les han permitido comprobar el vínculo que Vintage consiguió establecer con quienes pasaron por sus instalaciones. La despedida también ha servido para recordar a quienes formaron parte del negocio desde dentro, especialmente a los empleados que trabajaron en el establecimiento durante sus casi 15 años.

Por eso, los hermanos Pastor insisten en trasladar un mensaje que consideran especialmente importante: "Nos gustaría dar las gracias a toda la gente que ha estado aquí con nosotros. Es verdad que con muchos hemos tenido mucho trato y con otros a lo mejor ya hemos perdido el contacto, pero, en general, queremos agradecer a toda la gente que ha estado con nosotros".

Un agradecimiento que hacen extensivo a trabajadores, clientes e incluso a otros profesionales del sector con los que compartieron durante años la actividad nocturna de la calle Paraíso. Así termina una historia que comenzó en 1999 con una taberna irlandesa impulsada por José Miguel Pastor, que continuó en 2007 de la mano de sus hijos y que encontró su identidad definitiva en febrero de 2012 bajo el nombre de Vintage, una discoteca que marcó la noche vallisoletana.

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