Luis Pascual Cordero: "Cuando la homosexualidad es el centro de una película, sigue incomodando"

El profesor e investigador de la Universidad de Valladolid analiza con Tribuna Valladolid el fenómeno de 'La bola negra'

Luis Pascual Cordero: "Cuando la homosexualidad es el centro de una película, sigue incomodando"
Luis Pascual Cordero posa tras la entrevista. Sergio Borja.
El autor esEva Martínez Miguel
Eva Martínez Miguel
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Federico García Lorca vuelve a ocupar un lugar protagonista en la conversación cultural española gracias a La bola negra, la película de Javier Calvo y Javier Ambrossi que recupera uno de los proyectos teatrales que el poeta granadino dejó inacabados. Una historia que aborda el deseo, la homosexualidad y el rechazo social, y que ha despertado el interés de nuevas generaciones por una de las figuras más importantes de la literatura española.

Pero ¿cuánto conocemos realmente de Lorca? ¿Hasta qué punto su orientación sexual condicionó su obra? ¿Y por qué, casi 90 años después de su asesinato, sigue generando incomodidad hablar abiertamente de su homosexualidad?

Para responder a estas cuestiones, Tribuna Valladolid conversa con Luis Pascual Cordero Sánchez, profesor e investigador de la Universidad de Valladolid, donde también comenzó su formación académica. Licenciado en Filología Hispánica por la UVa y doctorado en la Universidad de California, Berkeley, ha desarrollado su trayectoria en diferentes universidades internacionales, dedicando parte de sus investigaciones a la literatura, el cine y los estudios de género, con especial atención a Federico García Lorca.

Desde su experiencia, Cordero reflexiona sobre la dimensión internacional del escritor, el fenómeno cinematográfico de La bola negra y la persistencia de determinados prejuicios. "Todavía tenemos que luchar contra ese negacionismo", advierte sobre quienes siguen cuestionando la homosexualidad de Lorca, una actitud que, asegura, también encuentra dentro de la propia universidad.

PREGUNTA. ¿Quién es Luis Pascual Cordero y cómo ha sido su trayectoria académica hasta llegar a la Universidad de Valladolid como profesor?

RESPUESTA. Como hispanista empecé, como tantos otros, siendo un lector voraz en la adolescencia. Estudié Filología Hispánica aquí, en Valladolid, y me doctoré en Berkeley, en Estados Unidos. Después de pasar años por el mundo, en diferentes universidades, he recalado en mi universidad original, en mi alma mater, en Valladolid.

Siempre he mantenido el espíritu de que, para enseñar literatura, hay que leer literatura y todo lo que esté relacionado con ella, como puede ser el cine o el audiovisual, que también forman una parte importante de mi trayectoria.

P. Ha desarrollado parte de su carrera en universidades de diferentes países. ¿Qué le ha aportado esa experiencia y cómo ha influido en su manera de entender la literatura?

R. Te aporta otra visión, no solamente de la vida, sino también del acercamiento profesional. Los estudios universitarios en España, en Filología, han estado históricamente muy centrados en determinadas épocas y en aspectos más relacionados con la materialidad del texto, como la autoría o las diferentes versiones de las obras.

En los últimos años se está recibiendo esa influencia del extranjero de trabajar más en profundidad los aspectos del contenido. No solamente cuál es la forma del texto, sino qué nos dice y qué posibilidades interpretativas nos ofrece.

Eso conlleva ciertos riesgos, especialmente cuando se trabaja desde determinadas perspectivas, como es mi caso con los estudios de género. Todavía se levantan algunas cejas y aparecen comentarios del tipo: "Bueno, eso es tu opinión, carece de fundamento científico". Son acercamientos que en el extranjero están más aceptados y que en España han ido penetrando poco a poco, aunque siguen encontrando ciertas reticencias.

P. ¿Cómo nació su interés por Federico García Lorca? ¿En qué momento pasó de ser un autor que leía a convertirse en uno de los protagonistas de sus investigaciones?

R. Lorca empezó como un reto en la adolescencia. Cuando comencé a leerlo, no entendí nada. Siempre fue ese arcano, ese misterio, lo que me incitó a investigar más y a trabajar sobre su obra.

Tuve dos profesores, uno en San Diego y otro en Berkeley, que me enseñaron a leer a Lorca, a desmontar ese arcano y a penetrar en lo que había detrás de ese secreto, de esa incomprensión que había tenido durante mis primeras lecturas. La obra de Lorca es voluntariamente una obra encriptada. Nos habla continuamente de sí mismo, del deseo, del deseo disidente, y lo hace a través de una pantalla, de una frontera que es el símbolo y el significado críptico.

P. Después de haber estudiado y trabajado fuera de España, ¿cree que somos realmente conscientes de la importancia que tiene Lorca a nivel internacional?

R. Creo que no somos plenamente conscientes de que el fenómeno Lorca va mucho más allá de España. Es un personaje clave en cualquier programa de estudios universitarios en Reino Unido, Estados Unidos o prácticamente cualquier país occidental.

Lorca es uno de los grandes nombres. Cuando se pregunta a una persona con un mínimo de formación por autores españoles, aparecen Cervantes, Galdós y Lorca. Es un nombre que reaparece y que resulta fácilmente reconocible.

P. Buena parte de sus investigaciones se han centrado en el deseo y la homosexualidad en la obra de Lorca. ¿Cómo se reflejan estos aspectos en sus textos?

R. Gran parte de la obra de Lorca es una codificación, una obra críptica sobre el deseo y, sobre todo, sobre ese deseo que escapa de lo convencional. Lo es desde sus inicios.

Pronto aparecerá una publicación sobre El maleficio de la mariposa, que estrenó con escaso éxito, y donde ya está hablando de ese deseo no normativo, de cómo la convención social y especialmente el matrimonio transgreden el deseo natural y la formación de parejas basadas en el deseo y no en la convención.

Solamente hay que observar sus obras de madurez, que todos conocemos: La casa de Bernarda Alba, Bodas de sangre, Yerma o Doña Rosita la soltera. Todas tienen en común el tema del deseo y la búsqueda de la pareja, que siempre acaba arruinada por una convención, muy especialmente el matrimonio.

Ahí he centrado buena parte de mis estudios, algunos más específicamente en el deseo homosexual y en cómo se manifiesta de una manera críptica, escondida. El amor homosexual, como decía Oscar Wilde, es el amor que no se atreve a decir su nombre.

P. Centrándonos en La bola negra, ¿qué le ha parecido la película de los Javis? ¿Considera que representa de manera rigurosa la figura de Lorca y su entorno?

R. La película se encuentra dentro del contexto actual. Estamos en ese momento que Noël Valis denomina el momento Lorca después de Lorca. Es un fenómeno posliterario en el que quizá la lectura del texto ha pasado a un segundo plano y Lorca se convierte en un personaje, incluso en un producto de mercado. Hay camisetas, bolsas de tela con su cara y eslóganes como "Me vuelves Lorca". Estamos en ese momento.

El acercamiento que intenta hacer La bola negra está, obviamente, muy bien documentado. Cuenta con el apoyo de Alberto Conejero, cuya obra también se adapta para la película y que es uno de los grandes lectores de nuestro tiempo de la obra de Lorca.

Es una persona muy experimentada, no solamente porque es el autor de La piedra oscura, sino porque ha trabajado mucho en la representación y actualización de sus obras. También ha terminado obras de Lorca, como hizo en El sueño de la vida. Con todo ese bagaje es capaz de articular y desarrollar la versión que él considera que podría haber sido La bola negra, un comienzo de obra que conservamos dentro del teatro inconcluso de Lorca y que conocemos desde los años ochenta.

P. La película está despertando el interés de personas de distintas generaciones, incluso de jóvenes que apenas habían leído a Lorca. ¿A qué atribuye ese fenómeno?

R. A nivel generacional creo que es una película que juega muy inteligentemente con el elenco. En cualquier sala, aparte de los llantos, uno de los comentarios más repetidos era: "Qué guapo es Bernardeau", junto a algún "No he entendido nada", algo a lo que estamos acostumbrados en la Seminci.

Ese elenco apela muy bien a la juventud. Los creadores manejan muy bien los códigos que conectan con la generación milénica y con la generación Z. Conocen perfectamente a ese público.

Al mismo tiempo, están trabajando con un material que también puede apelar a generaciones de mayor edad, por la propia figura de Lorca y por toda esa contextualización en la Guerra Civil, que sigue teniendo mucha presencia en la literatura y en el cine y que atrae público por cuestiones culturales, históricas o políticas.

La dirección de Ambrossi y Calvo ha sido muy inteligente con esas elecciones. Han creado un producto muy bien pensado, con una dimensión comercial clara, pero también con una fuerte vocación de autor.

P. A pesar de que la homosexualidad de Lorca está ampliamente documentada, todavía hay espectadores que consideran exagerada su representación en la película. ¿Por qué cree que sigue existiendo esa resistencia a aceptar esta parte de su vida?

R. Ahí están las biografías de Ian Gibson. No hay lugar a dudas. Podemos entrar a juzgar si nos gusta más o menos como espectadores que el personaje tenga una interpretación algo más amanerada, que creo que es por donde van ciertas críticas.

Pero el problema es el negacionismo de la sexualidad de Lorca. Me sigue ocurriendo en congresos y conferencias. Todavía escuchamos argumentos como: "Bueno, es que no era homosexual, es que era sensible", o que, como era artista, tenía determinadas maneras de comportarse.

Todavía tenemos que luchar contra ese negacionismo, que existe entre la población, pero también dentro de la academia. Los estudios sobre ese Lorca queer, sobre el deseo disidente, no tienen toda la aceptación que reciben otros acercamientos. La película termina con esa resignificación de los versos de Lorca: "Nos acechan todavía". Y es verdad que nos acechan todavía.

Cuando los personajes homosexuales son amanerados, graciosos y secundarios, a todo el mundo le parece muy bien. Pero cuando tenemos una película dentro del cine comercial, en la carrera hacia los Óscar, donde la homosexualidad es el centro y sus personajes son los protagonistas, sigue incomodando.

Es lo mismo que nos pasa en la universidad. Hablar del Lorca homosexual sigue siendo tabú y sigue siendo desprestigiado. Nos acechan todavía.

P. Lorca murió asesinado con tan solo 38 años. ¿Cree que, de haber vivido más tiempo, su obra habría abordado la homosexualidad de una forma todavía más explícita?

R. Ese es precisamente el problema. Lorca fue asesinado con 38 años y no sabemos cómo habría evolucionado su obra. Cuando me encuentro con personas que siguen sin creerlo, siempre remito al público a uno de sus textos: "La perdición del hombre es el ano". No hay lugar a mucha más discusión sobre lo que nos está diciendo.

Dentro de su círculo social, su orientación sexual era perfectamente conocida, aunque no tanto de cara al público. El argumento de La bola negra va un poco por ahí. En la película, el personaje que interpreta Antonio de la Torre, el padre de Carlos, se lo dice claramente: "Hijo, tú en la intimidad lo que quieras, pero de cara a la galería no".

Creo que muy posiblemente Lorca pudo pasar por algo similar. Dentro de sus círculos íntimos era conocido, pero se intentaban guardar un poco las formas. Si hubiera vivido más allá de los 38 años, posiblemente su obra literaria habría ido siendo más explícita en torno a este tema. Pero nunca lo vamos a saber.

P. En una de las escenas de La bola negra, la madre de Carlos ahorra dinero para que su hijo pueda marcharse a Madrid. Es una situación que todavía recuerda a la de muchas personas LGTBI que abandonan entornos rurales para poder vivir libremente. ¿Hasta qué punto sigue existiendo esa realidad?

R. En los últimos años se está estudiando bastante en profundidad. Es el fenómeno conocido como sexilio, el exilio involuntario por condición sexual o por cuestiones relacionadas con el género y el sexo. Es un fenómeno que existe, que está ahí y que desde la universidad se está investigando. Es innegable.

En el ámbito rural es muy difícil vivir la disidencia sexual. Por eso se emigra a las grandes capitales. Madrid, Barcelona y, hasta cierto punto, Sevilla, Bilbao o Valencia son algunos de esos entornos de mayor tolerancia y permisividad.

P. Después de tantos años investigando su vida y su obra, si pudiera sentarse hoy frente a Federico García Lorca, ¿qué le gustaría preguntarle?

R. No sé si sería capaz de articular palabra. Creo que preferiría, más que preguntarle nada, que pudiera dejarnos al menos aquello que empezó y no terminó, ese teatro inconcluso y tanta obra que no llegó a ver en vida. Ojalá pudiéramos saber cómo terminaban esas obras, qué es lo que nos dejó, qué se quedó en el tintero.

Por desgracia, la tragedia de su asesinato nos ha privado de toda esa obra y nunca vamos a llegar a ella. Ese sería el gran regalo de Reyes, el gran sueño: poder tener el resto de su obra. Puestos a fantasear, ¿por qué no?

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