Pedro Sánchez

'El rincón del becario jubilao'

Pedro Sánchez
Pedro Sánchez.
El autor esPedro Berbel Hernández
Pedro Berbel Hernández
Lectura estimada: 3 min.

Quien haya llegado hasta aquí esperando averiguar a quién voy a votar en las próximas elecciones puede abandonar la lectura. No pienso decírselo. Entre otras razones porque una cosa es escribir una columna de opinión y otra bastante distinta convertirla en una papeleta electoral de setecientas palabras.

Hoy quiero hablar de Pedro Sánchez. De Pedro Sánchez, el político.

Y soy consciente del riesgo. En la España actual, escribir sobre Pedro Sánchez sin insultarle puede hacer pensar a algunos que vas a votarle. Elogiar alguna de sus capacidades políticas puede convertirte directamente en sospechoso. Y criticarle, para los de enfrente, probablemente te convierta en otra cosa.

Procuraré sobrevivir. Él lleva años haciéndolo.

No sé si dentro de algún tiempo Pedro Sánchez será más estudiado en las facultades de Ciencias Políticas que en las de Psicología. Material, desde luego, no va a faltar.

Rosa Díez llegó bastante más lejos. En su libro 'Caudillo Sánchez' sostuvo que sus comportamientos encajaban en lo que la psicología denomina la 'tríada oscura': narcisismo, maquiavelismo y psicopatía. Yo no soy psicólogo y bastante trabajo tengo con diagnosticarme a mí mismo, así que no pienso entrar ahí.

Sí me atrevo con otro calificativo: Superviviente.

Aunque tampoco estoy descubriendo América. El propio Sánchez publicó en 2019 un libro titulado 'Manual de resistencia'. Visto lo visto desde entonces, quizá no era un título. Era una declaración de intenciones.

Pedro Sánchez ha conseguido algo extraordinariamente difícil en política: que quienes anuncian su muerte política tengan que hacerlo varias veces.

Le echaron de la secretaría general del PSOE y volvió. Dimitió como diputado y volvió. Ganó unas primarias contra buena parte del aparato de su partido. Llegó a la presidencia mediante una moción de censura. Perdió las elecciones de 2023 y siguió gobernando.

Y hace dos años hizo algo que yo creí irrepetible. El 24 de abril de 2024 publicó una carta a la ciudadanía, canceló su agenda y anunció que necesitaba reflexionar sobre si debía continuar como presidente del Gobierno.

Durante cinco días España reflexionó con él. Si dimitiría. Si no dimitiría. Si aquello era una crisis personal. Una estrategia política. Una operación de comunicación. Un gesto sincero. Una maniobra.

Probablemente hubo españoles que dedicaron más tiempo a reflexionar sobre la continuidad de Pedro Sánchez que Pedro Sánchez.

Cinco días después apareció y dijo que seguía. Recuerdo pensar entonces que aquello - fuera jugada o no - difícilmente podría repetirse. El suspense funciona peor cuando ya conocemos el truco.

Me equivoqué. Este fin de semana Pedro Sánchez ha vuelto a conseguir que España espere.

Otra vez las tertulias. Otra vez las quinielas. Otra vez los teléfonos. Otra vez la pregunta: ¿Qué hará Sánchez?

Y ayer salió y nos lo dijo: elecciones generales el 29 de noviembre.

No entraré hoy a juzgar la decisión. Para eso tendremos unas semanas, unas urnas y aproximadamente cuatro millones de tertulias.

Me interesa otra cosa. Antes de empezar la campaña, Pedro Sánchez ya había conseguido que todos estuviéramos pendientes de cuándo y cómo decidía empezarla. Y eso, para un político, ya es un triunfo.

Sus adversarios cometerían un error si volvieran a darle por acabado. Pueden derrotarle. Naturalmente. Puede perder las elecciones. Puede terminar su carrera política. En democracia, todos los políticos terminan perdiendo alguna vez, aunque algunos tengan la delicadeza de retirarse justo antes.

Pero si algo debería haber enseñado la trayectoria de Pedro Sánchez es que darle por muerto antes de tiempo constituye una actividad de alto riesgo.

Hay una frase que llevamos toda la vida atribuyendo al Tenorio, aunque no aparece en la obra de Zorrilla:"Los muertos que vos matáis gozan de buena salud".

A Sánchez le hemos matado políticamente unas cuantas veces. Y de momento, parece encontrarse razonablemente bien.

No sé qué ocurrirá el 29 de noviembre. Ni pretendo adivinarlo. Los ciudadanos votarán y entonces sabremos si el "Manual de resistencia" necesita un capítulo más o si ha llegado por fin el epílogo.

Pero hasta entonces quizá convenga no cometer con Pedro Sánchez el error que tantos han cometido antes: minusvalorarle.

Porque puede gustarte o no. Puedes votarle o no. Puedes pensar que ha sido un magnífico presidente o exactamente lo contrario.

Pero después de tantos años todavía consigue algo que ningún político debería despreciar: cuando se encierra, todo un país espera a que salga.

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