El día que Federico García Lorca se subió a un escenario en Valladolid
El poeta visitó en varias ocasiones la capital vallisoletana y llevó hasta el desaparecido Teatro Pradera su proyecto teatral universitario
Federico García Lorca ha vuelto a ocupar un lugar destacado en la conversación cultural de nuestro país. La bola negra, la película de Los Javis, recupera el universo del poeta granadino para construir una historia que atraviesa diferentes épocas y que vuelve la mirada hacia la memoria, el deseo y una España que acabó truncando la vida de uno de sus grandes autores.
Pero mucho antes de convertirse en el símbolo que es hoy, Lorca también pasó por Valladolid. Y no lo hizo una única vez. Recitó sus poemas en la ciudad, habló sobre cante jondo desde el escenario del Teatro Zorrilla y regresó posteriormente al frente de La Barraca, la compañía universitaria con la que recorrió España durante la Segunda República acercando el teatro clásico a todo tipo de públicos.
Una relación con Valladolid que comenzó, al menos, en abril de 1926, cuando Lorca llegó a la ciudad invitado por el Ateneo. El encargado de presentarlo fue otro de los grandes nombres de la Generación del 27, el vallisoletano Jorge Guillén.
Lorca tenía entonces 27 años y todavía no había publicado el Romancero gitano, la obra que apenas dos años después contribuiría decisivamente a extender su fama. Durante aquella visita recitó algunos de sus versos, incluidos poemas que posteriormente formarían parte de aquel libro, y mostró además otra de sus facetas menos recordadas: la musical, cantando y tocando el piano ante los asistentes. No sería su última aparición ante el público vallisoletano.
Del Teatro Zorrilla a La Barraca
El 27 de marzo de 1932, Lorca regresó a Valladolid. Esta vez lo hizo para ofrecer en el Teatro Zorrilla una conferencia-recital dedicada al cante jondo, una de las expresiones culturales por las que mostró un profundo interés a lo largo de su vida. Solo unos meses después comenzaría una de las aventuras culturales más recordadas de la Segunda República: La Barraca.
La compañía de teatro universitario, dirigida por Lorca junto a Eduardo Ugarte, nació con la intención de sacar las grandes obras del Siglo de Oro de los escenarios habituales y acercarlas a lugares donde difícilmente podían disfrutarse. Sus integrantes recorrían España transportando decorados y vestuario y representando gratuitamente a autores como Cervantes, Lope de Vega o Calderón de la Barca.
Y Valladolid estuvo entre sus destinos. En abril de 1933, La Barraca llegó a la ciudad dentro de una gira que también pasó por Zamora y Salamanca. Su escenario fue un espacio que ya no existe pero que durante décadas ocupó un lugar privilegiado en la vida cultural vallisoletana: el Teatro Pradera, situado junto al Campo Grande.
La expectación ante la llegada del grupo quedó reflejada en la prensa de la época. El programa incluía 'La cueva de Salamanca' y 'La guarda cuidadosa', de Miguel de Cervantes, además de 'Los dos habladores', pieza atribuida entonces al escritor.
El Teatro Pradera se llenó y las representaciones fueron recibidas con numerosos aplausos. Francisco de Cossío dedicaría una extensa crítica a aquella primera experiencia de La Barraca en Valladolid, calificando su estreno en la ciudad como un "éxito brillante". Pero Lorca todavía regresaría unos meses después.
La noche en la que Lorca habló a Valladolid
El 4 de septiembre de 1933, La Barraca volvió al Teatro Pradera. Eran las diez y media de la noche y la compañía llevaba esta vez hasta Valladolid dos de las grandes piezas de su repertorio: 'Fuenteovejuna', de Lope de Vega, y 'El retablo de las maravillas', de Cervantes. El teatro volvió a llenarse.
Y aquella representación dejó una escena especialmente significativa en la relación entre Federico García Lorca y Valladolid. Antes de que comenzara la función, el propio Lorca salió ante los espectadores para explicar al público vallisoletano el sentido de la versión de 'Fuenteovejuna' que estaban a punto de contemplar.
Durante unos minutos, uno de los escritores españoles más importantes del siglo XX estuvo frente a los espectadores reunidos en aquel desaparecido teatro de Valladolid hablando de Lope de Vega y de su manera de llevar la obra a escena. La representación volvió a cosechar una buena acogida y las crónicas recogieron las ovaciones dedicadas tanto a los intérpretes como a sus responsables, Federico García Lorca y Eduardo Ugarte.
El edificio que acogió aquella escena sobreviviría varias décadas más. El Teatro Pradera acabaría desapareciendo de Valladolid en 1968, cuando fue derribado después de haber formado parte durante buena parte del siglo XX de la vida cultural de la ciudad.
La Barraca también dejó huella en la provincia
El paso del proyecto lorquiano no se limitó a la capital. Una fotografía histórica permite situar a La Barraca en la Plaza Mayor de Tordesillas, con su característica camioneta y varios de sus integrantes durante una jornada de mercado de 1933. No existe, sin embargo, constancia documental de que llegaran a representar allí alguna de sus obras, por lo que aquella presencia pudo corresponder simplemente a una parada durante alguno de sus desplazamientos.
Sí aparece Peñafiel en una de las posteriores rutas de La Barraca. En agosto de 1934, la compañía emprendió una gira que recorrió diferentes localidades del norte y centro peninsular y que incluyó al municipio vallisoletano junto a lugares como Santander, Palencia, Frómista, Cuéllar, Sepúlveda, Riaza o Segovia.
Para entonces, Lorca era ya uno de los escritores más reconocidos del país.
Las huellas del Lorca que todavía podía subirse a un escenario
Apenas tres años separan aquella noche de septiembre de 1933 en el Teatro Pradera del asesinato de Federico García Lorca al comienzo de la Guerra Civil, en agosto de 1936.
Por eso, las crónicas conservadas de sus visitas permiten recuperar una imagen diferente a la que inevitablemente acompaña hoy a su figura. No la del poeta asesinado que terminaría convertido en símbolo, sino la de un Lorca de menos de 40 años que viajaba, recitaba, tocaba el piano, hablaba de teatro y recorría España acompañado por estudiantes para representar a los clásicos.
Casi un siglo después, La bola negra vuelve a dirigir las miradas hacia su universo y hacia una parte de la historia española que continúa encontrando nuevas formas de ser contada. Valladolid guarda dentro de esa historia sus propias escenas.
La de un joven Lorca recitando ante el público vallisoletano en los años veinte. La de su voz hablando de cante jondo desde el Teatro Zorrilla. La de una camioneta cargada con decorados atravesando Castilla. Y, especialmente, la de aquella noche de 1933 en la que Federico García Lorca salió al escenario de un abarrotado Teatro Pradera para hablar directamente a Valladolid antes de que comenzara 'Fuenteovejuna'.








