'Claudia', una apasionada de la literatura a sus 101 años en Valladolid

Aprovecha su salida diaria del centro para llevarse de un puesto de libros varios ejemplares, algunos incluso en francés, su lengua materna

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'Claudia', una apasionada de la literatura a sus 101 años en Valladolid
Claudia, en la Feria del Libro. Fotografía cedida a TRIBUNA.
El autor esAlejandro De Grado Viña
Alejandro De Grado Viña
Lectura estimada: 2 min.

Cuando una mujer de 101 años se detiene ante un puesto de libros antiguos, examina con calma los lomos y decide llevarse varios ejemplares -algunos en francés-, no se trata solo de una escena entrañable, sino de una declaración silenciosa sobre el paso del tiempo. La protagonista es Marie Claude Laborde, conocida como 'Claudia', y la escena tuvo lugar en el paseo del Campo Grande de Valladolid durante una jornada primaveral. La salida, organizada por el centro Lacort de Viana de Cega, forma parte de las actividades habituales dirigidas a residentes con capacidad para desenvolverse en el entorno urbano. Lejos de lo excepcional, la normalidad de la jornada es precisamente lo que la convierte en significativa.

El día comenzó con una visita al podólogo, una parada vinculada al cuidado personal que, en este contexto, forma parte de una rutina que combina atención sanitaria y vida cotidiana. A partir de ahí, el recorrido se abrió a la ciudad: el mercado de la plaza de España, con su actividad comercial, colores y sonidos característicos; después, una pescadería, espacio reconocible que conecta con hábitos y memorias compartidas por muchas personas mayores. Pero el momento más revelador llegó en la Feria del Libro Antiguo de Recoletos, una cita consolidada en el calendario cultural vallisoletano.

Bajo la carpa instalada en el paseo arbolado, Claudia se detuvo, observó y eligió. Compró varios libros, algunos en su lengua materna, el francés, en un gesto que trasciende lo anecdótico y reafirma una identidad que permanece intacta pese al paso del tiempo. "Para nosotros es Claudia", explica Ricardo, enfermero que la acompañó durante la jornada. En ese nombre cotidiano se condensa una relación de cercanía y reconocimiento que va más allá de la edad o la condición de residente.

El caso de Claudia ilustra de forma concreta el concepto de envejecimiento activo, promovido por organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud, que lo define como la optimización de las oportunidades de participación y seguridad a lo largo de la vida. Así, cuando ella recorre un mercado o elige un libro en una feria, deja de ser, por unas horas, una residente para convertirse simplemente en lo que siempre ha sido: una mujer con criterio, curiosidad y capacidad de disfrute. Porque a los 101 años, disfrutar no es solo una posibilidad; es también una forma de bienestar y, en cierto modo, de resistencia frente al tiempo.

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