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Lunes Santo en Valladolid: Platerías y sus joyas de madera policromada
La procesión del Rosario del Dolor concitó cientos de espectadores para ver talla como el Atado a la Columna o la Virgen de la Vera Cruz
El tiempo se ha estabilizado y el frío Domingo de Ramos ha dado paso a un Lunes Santo de temperatura agradable. Eso se notaba en las calles de Valladolid, atestadas de gente para ver una de las procesiones importantes de la Semana Santa de la ciudad: la del Rosario del Dolor.
La calle Platerías, dicen que una de las más bellas de España, relució aún más si cabe cuando de la iglesia de la Vera Cruz salieron algunas de las joyas en madera policromada talladas por el genial Gregorio Fernández.
Es la procesión del Santísimo Rosario del Dolor. Poco antes de las ocho menos cuarto se abría el joyero, en forma de iglesia penitencial de la Vera Cruz, para que de su interior fueran saliendo a la luz (de farolas y faroles) algunos de los pasos procesionales más bellos de la Semana Santa de Valladolid.
Primero, la Oración del Huerto de Andrés Solanes, acompañado de la cofradía a la que da nombre y con la Agrupación Musical del Santísimo Cristo del Perdón. El segundo de los pasos es uno de los emblemas de la Semana Santa vallisoletana, el Señor Atado a la Columna, talla cumbre de Gregorio Fernández, acompañado de sus penitentes y cruces, todas las miradas se fijaban en el rostro y en la espalda de la escultura de madera policromada, que parece cobrar vida cuando sale a la calle.

La Cofradía de los Artilleros participó en este Santísimo Rosario del Dolor, que se pudo escuchar a través de la megafonía durante el recorrido, con el Ecce Homo, que contó con la compañía de la banda de Cornetas y Tambores Pureza. Otro de los Gregorio Fernández, Cristo Camino del Calvario, se unía al desfile con su cofradía del Despojado. Lo hacía en la propia Plaza Mayor, al igual que el de la Crucifixión del Señor. Se trata de uno de los siete pasos de la Cofradía de las Siete Palabras. Partía desde la iglesia de Santiago, acompañado de su hermandad.

Y cómo no, la belleza de la Virgen de la Vera Cruz, coronada en 2024, resplandecía al final de una procesión alumbrada por decenas de cofrades, en esta ocasión vestidos de negro y verde, con sus hachones encendidos. La calle de la Platería se quedaba pequeña para ver partir una procesión que llegó hasta la Plaza Mayor, donde dio comienzo el rezo del Santo Rosario, y que volvió sobre sus pasos buscando el abrigo del templo.

Los cofrades, casi dos horas después de la apertura de las puertas de la iglesia, regresaban de nuevo a su interior. En sus rostros se adivinaba la satisfacción de haber cumplido, un año más, la tradición.
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