La mítica Sala Mambo de Valladolid, entre la nostalgia y los obstáculos para su reapertura

El proyecto para recuperar el histórico local choca con la oposición vecinal y la negativa del Ayuntamiento a conceder licencias

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La mítica Sala Mambo de Valladolid, entre la nostalgia y los obstáculos para su reapertura
Carteles de los vecinos del centro de Valladolid para impedir la reapertura de la Sala Mambo.
El autor esMiguel Ángel  Fernández
Miguel Ángel Fernández
Lectura estimada: 3 min.

Durante décadas fue uno de los epicentros del ocio nocturno en Valladolid. Hoy, la antigua Sala Mambo vive un intento de resurrección marcado por la incertidumbre. A medio camino entre la nostalgia de varias generaciones y los problemas administrativos, su posible reapertura se ha convertido en un proceso complejo que sigue sin resolverse.

La historia reciente de la Sala Mambo es la de un regreso frustrado. Cerrada en 2015 por orden judicial tras incumplir la normativa ambiental, la emblemática discoteca de la calle San Felipe Neri parecía encaminada a una nueva vida casi una década después. En 2024, una promotora impulsó un proyecto para recuperar el espacio, aunque con un enfoque completamente distinto al original.

La idea pasaba por transformar el antiguo templo de la noche en un pub musical con actuaciones en directo, orientado a un público más adulto y con horarios más limitados. El objetivo era alejarse del modelo de discoteca que generó conflictos en el pasado y apostar por un concepto más tranquilo y compatible con el entorno vecinal.

Sin embargo, el proyecto despertó rápidamente la oposición de los residentes de la zona. Varias comunidades de propietarios recordaron los años de conflictos, ruido y problemas de convivencia que llevaron al cierre del local, y presentaron alegaciones contra su reapertura. El temor a revivir aquella etapa sigue muy presente entre los vecinos, que cuestionan tanto las condiciones del nuevo proyecto como su encaje en una calle estrecha y residencial.

A pesar de las reticencias, la promotora inició algunos trabajos en el local durante el verano de 2024, a la espera de obtener los permisos necesarios. La reapertura parecía posible, pero el proceso administrativo ha terminado por complicarse.

El golpe definitivo llegó en marzo de 2025, cuando la Junta de Gobierno del Ayuntamiento de Valladolid denegó las licencias ambiental y de obras necesarias para poner en marcha el establecimiento. La decisión se basó, entre otros aspectos, en discrepancias sobre la propiedad de determinados espacios y en la oposición vecinal existente.

Pese a este revés, la promotora no ha renunciado al proyecto y ha anunciado su intención de recurrir la decisión municipal y presentar alternativas que permitan desbloquear la situación. El futuro del local queda así pendiente de nuevos informes técnicos y posibles resoluciones administrativas.

Este mes de marzo de 2026, la posibilidad de recuperar la sala de fiestas volvía a ponerse sobre la mesa. Es entonces cuando el concejal de Urbanismo y Vivienda del Ayuntamiento de Valladolid, José Ignacio Zarandona, ha asegurado que la licencia ambiental para un proyecto de pub musical en el local dela calle San Felipe Neri es "un tema conflictivo", aunque están dispuestos a escuchar "ambas partes" antes de ratificar la aprobación, cuya licencia recuerda que es "reglada".

Zarandona ha reconocido que se trata de un tema conflictivo: "Es un asunto en el que se dirimen distintas maneras de ver lo que ahí tiene que ocurrir. El Ayuntamiento tiene que ser muy prudente y tiene que cumplir con las reglas que nosotros mismos nos hemos dado. Es decir, el obtener o no una licencia es algo que es absolutamente reglado. Si se trata de cumplir unos requisitos, y esos requisitos sí se cumplen, el ayuntamiento tendrá que dar la licencia".

Mientras tanto, la Sala Mambo permanece cerrada, convertida en símbolo de una época dorada del ocio vallisoletano y, al mismo tiempo, en foco de un conflicto urbano que enfrenta intereses económicos, memoria colectiva y calidad de vida vecinal.

A día de hoy, su reapertura sigue siendo una incógnita: un proyecto que avanza entre recursos, trámites y resistencias, y que refleja las dificultades de recuperar espacios históricos en entornos urbanos cada vez más exigentes con la convivencia.

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