La desclasificación de los 'therians'
La edad del pavo en la era de las redes sociales resulta sorprendente y preocupante a veces en el mundo desarrollado. La educación y la identidad de los adolescentes siempre ha supuesto un reto, pero en los tiempos que corren los riesgos psicológicos y emocionales causan estragos en determinados casos. Más de la cuenta. En los países más pobres, la chavalería no tiene estos problemas. Su reto es sobrevivir desde que nacen. Cuando lo consiguen, sonríen aunque no dispongan de casi nada. Y poco después, si pueden, migran hacia el afamado mundo de los ricos.
El último fenómeno viral en España protagonizado por chicos y chicas de la edad de la explosión de las hormonas es el de los 'therians'. Definidos como personas que se identifican con alguna especie animal en el plano psicológico, espiritual o lúdico. Esta especie de burbuja pseudocultural protagonizó en algunas plazas y calles de España el pasado fin de semana unas cuantas escenas poco menos que dantescas. Chavales con caretas de perros, gatos, osos o linces fueron motivo de burla y acoso por parte de la legión de curiosos que se concentraron en los lugares en que las redes sociales, principalmente Instagram y Tiktok, habían citado las quedadas.
El morbo y la mala baba social, liderado por los 'influencers' de turno, han desatado una serie de episodios que navegan con un patético éxito en las megaautopistas de la comunicación tecnológica. Los vídeos virales de la Puerta del Sol de Madrid, de Barcelona y otras ciudades con contados adolescentes disfrazados de animales y rodeados de una masa de semejantes grabando con sus móviles, resulta sonrojante. Menuda histeria colectiva.
Sin entrar en la manipulación ideológica del asunto, que también la ha habido, resulta muy revelador el éxito de acogida que le han dispensado algunos programas de televisión y webs a la quedada 'therian'. Todo por una audiencia que, al parecer, traga con lo que le ofrezcan los modernos gurús del entretenimiento disfrazado de información. Los sesudos análisis de presentadores/as y sus correspondientes colaboradores/as emitidos estos días son un conmovedor compendio de lo más cutre de las parrillas de programación.
No hay que darle muchas vueltas al asunto. Que uno se disfrace para hacer el memo tiene un pase, reírse de uno mismo es muy sano, pero que lo haga por conexión espiritual o identitaria con una especie animal es asunto de psicólogos. O de psiquiatras. Las generaciones anteriores lucharon demasiado para mejorar la vida de los presentes. No para estas tonterías. Las tribus urbanas no son ninguna novedad en el panorama internacional, ni siquiera los 'therians', que ya en la década de los noventa tuvieron sus primeros minutos de gloria. Manipular es uno de los verbos del momento.
Dicen los teóricos que comprender qué son los 'therians' ayuda no solo a ampliar el conocimiento académico sobre la diversidad identitaria, sino también a fomentar el respeto y la empatía en contextos educativos y sociales. Añado que en esta sociedad del bienestar que hemos creado cada cual puede autopercibirse como le venga en gana, pero que no hay que restregar a los demás vidas, historias, éxitos o complejos. O que sean creados nuevos zoológicos humanos para ser visitados por quien tenga interés. Menos exhibición y más actitud.
Ahora que está tan de moda desclasificar documentos secretos (ovnis en EEUU y 23-F en España), podría ser un momento ideal para enterarnos de quiénes son, con nombres y apellidos, los que nos manipulan con tanto interés a todos, especialmente a los menores. No creo que el pasado sea necesariamente mejor, pero como repetía no hace tanto un famoso personaje televisivo "un poco de por favor" no le vendría nada mal a este modernísimo planeta del siglo XXI. Tampoco es cuestión de que vuelva el servicio militar obligatorio para minimizar tanto capricho y tontería. Al fin y al cabo, un servidor (que hizo la mili) también quisiera volar...








