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Matarromera, Ence Energía y Celulosa y Pago de Carraovejas certifican el uso de sarmientos para la producción de cartón y papel
El consorcio Vinebox pretende evitar la quema de estos residuos y cumplir con las exigencias de la nueva Ley de Residuos para "ofrecer una solución sostenible al sector vitivinícola"
El proyecto Vinebo, desarrollado por Bodega Matarromera, Ence - Energía Celulosa y Pago de Carraovejas, ha concluido con éxito tras dos años de investigación. Su objetivo ha sido certificar el uso de restos de poda de la vid para fabricar cajas y etiquetas renovables. Esta iniciativa ha permitido mejorar la gestión de la recogida y acopio de los sarmientos en la Denominación de Origen Ribera del Duero, promoviendo su aprovechamiento en la industria del embalaje.
El estudio ha validado la transformación del sarmiento en pulpa de celulosa renovable, que se ha empleado para la producción de etiquetas y cajas de cartón para vino. Estos productos cumplen con todos los requisitos de resistencia y durabilidad, demostrando la viabilidad de sustituir parte de la celulosa de origen arbóreo por este material alternativo. Para una gestión eficiente del sarmiento, el consorcio recomienda establecer puntos de acopio cercanos a los viñedos, equipados con maquinaria adecuada para su valorización.
Además de fomentar la economía circular en el sector vitivinícola, el proyecto cumple con la Ley 7/2022 de Residuos y Suelos Contaminados, que prohíbe la quema de residuos agrícolas. La valorización del sarmiento reduce las emisiones de CO2, pasando de las 44 toneladas generadas por la quema de estos restos a 25 toneladas en el proceso de acondicionamiento y transporte. Este enfoque contribuye significativamente a la reducción de la huella de carbono en el sector.
El proyecto ha sido financiado por la Unión Europea y el Centro para el Desarrollo Tecnológico e Innovación (CDTI), con una inversión de 879.539 euros y una ejecución de 30 meses. En su desarrollo han participado entidades especializadas como el Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA-CSIC), el Instituto Tecnológico del Embalaje, Transporte y Logística (ITENE) y la empresa Athisa, encargada de la recogida y acopio del sarmiento.
Los responsables del proyecto destacan la importancia de la innovación y la sostenibilidad en la industria vitivinícola. Carlos Moro, presidente de Bodega Matarromera, subraya el compromiso de la empresa con el medio ambiente y la economía circular. Por su parte, Antonio Casal, director de Desarrollo de Negocio de Celulosa de Ence, resalta que la colaboración entre bodegas y entidades tecnológicas ha sido clave para validar el sarmiento como materia prima renovable.
Además de su uso en embalajes, el sarmiento valorizado ha demostrado potencial en otros sectores. Pago de Carraovejas ha investigado su capacidad antioxidante y microbiana para la industria alimentaria, mientras que Matarromera ha desarrollado aislantes térmicos biodegradables para proteger el vino durante su transporte. También se ha explorado su uso como biomasa para la producción de energía, determinando que su poder calorífico es comparable al del hueso de aceituna y que genera menos emisiones de gases de efecto invernadero.
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