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Andrés Miguel

Seis días

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Tan sólo han pasado seis días desde que te marchaste y, en verdad, casi no te has ido. El teléfono, el “guasap”... son herramientas que te mantienen cerca de las personas, utensilios que ayudan a mantener una cierta ensoñación de cercanía, aunque la distancia sea estratosférica.

Hace sólo seis días te encaminaste a tu nueva realidad, abriste la puerta al futuro que te espera desde un presente distinto a aquel al que todos estábamos acostumbrados, cambiando también nuestro presente y modificando el vuelo de nuestro futuro, ése en el que no estarás tras la puerta cerrada de tu habitación, dedicándole montones de horas al estudio, en el que no sonará ya tu despertador a las seis y media de la madrugada, quebrando el sueño del resto de la familia, en el que resultará una excepción comer los cuatro juntos, reír los cuatro juntos, jugar los cuatro juntos… un futuro en el que te echaremos tanto de menos que, cada vez que nos juntemos, el día entero nos parecerá un segundo ante la inevitable perspectiva de que, enseguida, reinará de nuevo la distancia.

 

Han pasado tan sólo seis días... y veinticinco años… y nos sentimos felices de recordarlo mientras vemos aquellas imágenes grabadas en vídeo en las que comenzabas a andar, decías tus primeras palabras, celebrabas tus primeros cumpleaños o disfrutábamos de nuestras primeras excursiones en familia. Veinticinco años y seis días que se nos han ido volando, volando.

 

A buen seguro, durante los primeros meses, la mutua necesidad nos mantendrá más cerca; no obstante, de manera irremediable, nuestras vidas serán más paralelas y menos confluyentes con el tiempo. Presiento que no será tan importante cuántas veces coincidamos, sino cómo las vivamos. Ya nos ocuparemos de eso.

 

Sobradamente preparada para construir tu nueva vida, multiplicar tu ámbito, controlar tu destino, sé que no necesitas muchos consejos -aunque muchos te proporcionemos, más por tranquilizarnos nosotros que por requerirlos tú-, pero no me resisto a los 4 últimos… de hoy…

 

Dice un proverbio escocés, “La sonrisa cuesta menos que la electricidad y da más luz”. Te va a resultar fácil llevarlo a cabo. Tu sonrisa ha iluminado nuestra casa tanto tiempo que veo el riesgo de que acabemos convirtiéndonos en el mejor cliente de Iberdrola de tanto encender las luces de la casa para notar menos la enorme diferencia ahora que no estás.

 

Multimillonaria en sonrisas, harás más brillante la vida de muchas otras gentes. Simplemente dale esa sonrisa tuya al mundo y quienes la reciban jamás podrán olvidarte. Séneca dijo una vez que “para actuar en la vida, el que da debe olvidar pronto y quien recibe no debe olvidar nunca”. Da y olvida.

 

En el camino, por tu calidad humana, por tu capacitación profesional, por tu fe en la gente, por tu sonrisa, encontrarás nuevos amigos. Erasmo de Rotterdam decía que “la verdadera amistad llega cuando el silencio entre dos parece ameno”. Hasta que puedas disfrutar de ese momento, disfrutarás de otras variedades de amistad no menos importantes (aunque no todas); enfócalas, distínguelas, cuida de las buenas y se convertirán en verdaderas.

 

He de prevenirte también de los momentos malos. Incluso las vidas más felices intercalan, en ocasiones, momentos de dificultad, espacios de inseguridad, de enfermedad, disgusto o mala suerte... Te llegarán, no te sorprenda, pero recuerda lo que una vez escribió Mark Twain: “He tenido muchos problemas en mi vida, algunos de ellos reales”. Analiza con calma cada situación, dedícale el tiempo suficiente, actúa y sigue adelante. A veces actuar es no hacer nada, del mismo modo que, en ocasiones, un problema no lo es del todo.

 

Cuando uno tiene tantos años como voy teniendo yo, va sabiendo que los verdaderos problemas son únicamente aquellos que tienen que ver con la salud. Gracias a Dios, tú estás aquí para “curar al mundo”.

 

Y finalmente, recuerda un proverbio más: “Tres cosas nunca vuelven atrás: la palabra pronunciada, la flecha lanzada y la oportunidad perdida”. Sé cauta en las palabras, prudente en los hechos, perspicaz en la gestión de las oportunidades. En la vida te dirán que los trenes hay que cogerlos cuando pasan; sin embargo, no todos los trenes te llevarán donde tú quieres, por tanto, conócete a ti misma, elabora tus prioridades y sube a aquéllos que verdaderamente van a tu destino.

 

Comencé estas líneas diciendo que hace sólo seis días que te has ido pero, en realidad, cariño, jamás te habrás marchado. Eso es lo que comprende formar parte de nuestra familia, lo que entraña ser uno de los nuestros. Allá donde estemos, somos uno.

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