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Andrés Miguel

Merendola

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El Blog de Andrés Miguel en Tribuna Valladolid

Este pasado sábado tuve merendola con los amigos de la infancia, bueno, más bien los de juventud, aunque es verdad que muchos de nosotros comenzamos la escuela juntos y juntos continuamos hasta acabar el COU... los que lo acabamos, porque hay cada borrico que… (entrando a matar desde el principio, ji, ji…).

 

Quedamos a comer en un garito de Arroyo. Seis cuartos de cabrito para doce, ¡escaso! Cuatro botellas de Carmelo Rodero, ¡más escaso aún! Dos jarras de cerveza de litro y medio, ¡qué miseria! Y una botella de agua, que sobraba. Postre diversos, cada uno el suyo, arroz con leche, natillas, tarta de queso, torrija, vamos, desengrasantes, café pa´todos (porque aquí no se toma una infusión ni Rita, aunque esté mal de la tripa, no vayamos a sacarle cantares por finolis) y chupitos variados en vasitos tan pequeños que tuvimos que parar al Ita porque les entraba a morro a los botellines. Cuarenta montoros por barba. Un poco caro pa´habernos quedao con hambre. Pero bien, repetiremos.

 

Después de la comida nos dirigimos a otro monasterio a rezarle unas plegarias a San Miguel, patrón de la doble malta, ande nos tocó por penitencia cargar con las andas de dos cubatas por cofrade, menos pa´l Lobo, que se tomó un café, el pringaillo. Tenía que conducir, que lo sé yo… se le perdona.

 

No está bien valorado el trabajo de camarero. Lo digo porque retener doce consumiciones, las doce distintas, y ponerlas con su movimiento de cascarita de naranja, su rítmico batir la tónica con la ginebra pa´que den saborcito los granos de pimienta, el pepino, el jengibre y la madre que parió a Falete, tiene un enorme mérito. Más, cuando hay doce energúmenos mirando no sea que te quedes corto con el alcohol y sea todo Coca-Cola, además de que no paran de gritarse entre ellos contándose no sé qué cosas y no hay manera de oír bien lo que te han pedido.

 

Nos fue imposible echar la partida. Primero jugaba el Madrí y el bar andaba de bote en bote. Ni una silla libre. Después jugó el Pucela y se levantaron 2, tampoco era plan.

 

De modo que hablamos. Y ¡coño!, tengo que decir que ha sido la mejor sobremesa de la Historia. No sabía yo que eso de departir entre nosotros era así de chulo. Bueno, quizás no lo sabíamos ninguno. Comenzamos a contar anécdotas, a recordar travesuras y otros chismes de lo más variado y transcurrió el mejor rato de los que hemos pasado juntos en muchos años.

 

Si yo fuera el Coletas, prohibía ahora mismo echar la partida. Es mucho más democrático, muy parecido al Parlamento, de hecho, que doce se hablen a grito pelao cortándose los turnos, que el que cuatro mangantes se jueguen los cuartos a la brisca (¡asco de capitalistas!).

 

Descubrí que a uno de nosotros le había ido a buscar la Guardia Civil en fiestas del pueblo porque le daban por desertor en el Cuartel. Él se justificó diciendo que fue por amor… igual a la “maría”… no entendí bien el nombre de la chavala… El Chapas contó dos chistes más viejos que la orilla del río y todos nos reímos. Nos preguntamos unos a otros por nuestras vidas, los hijos, las contrarias, el trabajo y me di cuenta de que alguno, como yo, casi somos jubilados en activo… hemos tenido una vida dura de trabajo de oficina y de estar tanto sentados con el hilo musical en la cabeza y la obligación de salir a tomar café o echar un cigarro a cada poco, que el cuerpo nos anda avisando de que tenemos que ir parando. Es normal, porque somos de Pedrajas que si no, no hay cuerpo humano que lo aguante.

 

También hay entre nosotros un tío que sigue estudiando, en serio, no miento. Anda estudiando como un bruto pa´cobrar mejor pensión. Me parto. Dile tú al Bolas que se ponga a estudiar ahora… te tira un ladrillo a la cabeza, ¡y tiene miles! (porque se dedica el tío a vender materiales de construcción).

 

Estoy hay que repetirlo sin esperar mucho… pero esta vez echamos la partida, le den por saco a hablar,  porque me mareó el Rodri con el Eurostoxx 50 y las Cuentas de Resultados de Metrovacesa… (es broma, tranquilos, estuvo cabal pese a tener estudios).

 

Alguien comentó que la peña cumple ahora 40 años. Tiene guasa; no tenemos local desde hace casi 30 y aún así (o quizás por eso), nos sigue uniendo un vínculo de fraternidad sincero.

 

Yo espero que siga así otros cuarenta y podamos celebrarlo. Igual entonces alguno de los que ahora no tienen ya pelo tengan un pelucón de escándalo, porque se habrán puesto baratos los tratamientos y el Lobo se podrá tomar un par de birras porque conducirá su nieto de vuelta a casa…

¡Aupa los Buggies!

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