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Andrés Miguel

La desobediencia

Puigdemont en belgica detail

En 1962, John F. Kennedy, a la sazón Presidente de los Estados Unidos de América, tomó la difícil decisión de intervenir militarmente en el estado de Mississippi, para hacer frente a la desobediencia del Gobernador de aquel estado, un tal Ross Barnett, posicionado en contra de una ley del Tribunal Supremo americano sobre la integración racial a la que, por su cuenta, consideraba inconstitucional.

 

Previamente, el Gobernador Barnett había prometido acatar dicha ley, pero posteriormente renegó de su promesa, por convencimiento propio o por presiones de los distintos grupos de interés que actuaban en el estado, cuando un antiguo soldado de color, James Meredith, intentó matricularse en la Universidad de Mississippi, hasta entonces una orgullosa y elitista universidad de blancos.

 

Los disturbios que se produjeron como consecuencia de su vuelta atrás y su desafío a las leyes, se saldaron con un periodista muerto y 75 personas heridas.

 

Kennedy ordenó que los Marshalls estadounidenses tomaran el control policial del Estado, con la ayuda de la Policía Militar, la Policía de Fronteras y la Guardia Nacional, evitando así las injerencias de la policía de Mississippi, a las órdenes del gobernador Barnett.

 

Las palabras del presidente Kennedy me vienen a la memoria hoy por su enorme validez, por su inquietante actualidad, por la sencillez de su análisis y por la inquebrantable fé en la democracia que ponen de manifiesto: “Los estadounidenses son libres, en resumen, de estar en desacuerdo con la ley, pero no de desobedecerla. Así, en un gobierno de leyes y no de hombres, ningún hombre, por muy prominente o poderoso que sea, y ninguna turba, por más rebelde o turbulenta que sea, tienen derecho a desafiar a un Tribunal de Justicia. Si este país llegara al punto en que cualquier hombre o grupo de hombres, por la fuerza o por la amenaza de la fuerza, pudiera desafiar largamente los mandamientos de nuestra Corte y nuestra Constitución, entonces ninguna ley estaría libre de duda, ningún juez estaría seguro de su mandato y ningún ciudadano estaría a salvo de sus vecinos.”

 

Cambien algún gentilicio y lo tienen todo.

 

La Historia debería habernos enseñado algo... al menos, debería habernos enseñado a no repetir los errores del Gobernador Barnett.

 

Si en nuestro país, nos guste más o menos (admito de buen grado que puede que no le guste en absoluto), se llegara al punto en que cualquier hombre o grupo de hombres, por la fuerza o por la amenaza de la fuerza, pudiera desafiar los mandatos de los Tribunales y de nuestra Constitución, ¿qué ley estaría libre de duda, qué juez estaría seguro de su mandato, qué ciudadano estaría a salvo de sus vecinos?

 

Hay una forma de cambiar este país a través de sus leyes, no contra las mismas. Ése, y no otro, es el camino en democracia.

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