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Andrés Miguel

El lenguaje del entendimiento

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El 31 de Marzo de 1991, en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Pedrajas de San Esteban, tras un par de años de diversas gestiones de acercamiento y trámites, se plasmaba de manera formal el Hermanamiento entre mi pueblo y el municipio de Saint Nolff, situado en la Bretaña francesa, a unos 1.078 kms de distancia.

 

Desde entonces, este acuerdo ha pasado por distintos momentos, épocas de mayor colaboración e intercambio y tiempos de cierta lejanía.

 

Sin embargo, desde aquel lejano 1991, hay algo entre ambas localidades que resulta difícil definir, un sentimiento que comparten muchas familias a uno y otro lado de los Pirineos.

 

Yo mismo he podido percibir y sentir ese “ser como hermanos”, ese instinto de parentela, que mueve a unos y otros a recibir en su casa a familias enteras durante varios días y ponerse por entero a su disposición, procurando convertir esa visita en un conjunto de gratos momentos y recuerdos imborrables.

 

Recientemente, acompañado de mi esposa y mis dos hijos, volví a Saint Nolff durante unos días.

 

Nuestra familia allá, Béatrice y Jean-Claude Kerrand, nos colmaron de cariño y de atenciones, nos inocularon, sin ápice de reserva, el entusiasmo de ser parte de su familia y compartir con ellos la alegría de observar el progreso en la vida de sus hijos y ver crecer a sus nietos.

 

Como en las ocasiones en que coincidimos antes, todo nos interesa; queremos saber cómo van ambos países, qué se cuece en la política, el deporte, la educación… por dónde camina la sociedad y qué hay de cierto en cada uno de los clichés que franceses y españoles tenemos los unos de los otros. Visitamos lugares de interés, probamos vinos y recetas que no conocíamos, observamos que nuestras costumbres, pese a vivir tan lejos unos de otros no son tan distintas (aunque a veces sí lo son y eso suele dar lugar a momentos divertidos que se solucionan con cariño, respeto y ganas de agradar por ambas partes). Sufrimos con los atentados que Francia vive hoy en día con especial desazón, porque también nosotros los padecimos antes y, de hecho, aún siguen considerándose en nuestro país una amenaza real.

 

Durante 4 días, en un precioso lugar de Francia, una familia de franceses y españoles habló un solo idioma, pese a que las conversaciones se desarrollaron en francés, inglés, español, “gestual”… incluso muchas veces en todos al mismo tiempo, ¡qué preciosa locura!

 

Durante 4 días, en Saint Nolff, una familia de franceses y españoles habló un solo lenguaje, el lenguaje del entendimiento.

 

Ese es el verdadero valor del Hermanamiento, el indiscutible fruto de la unión entre nuestros pueblos, la auténtica enseñanza de esta experiencia de interrelación. Dos personas diferentes, dos pueblos distintos, dos comunidades desiguales pueden, si lo desean, sentirse como hermanas. Tan sólo necesitan comenzar a hablar el idioma del entendimiento.

 

Nunca es tarde.

Comentarios

Emilio 07/04/2018 15:35 #1
Es tan sencillo como querer y por desgracia algunos no entienden el idioma de querer

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