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Andrés Miguel

Cultura de corresponsabilidad

Conciliacion familiar detail

Si digo que los hombres también renuncian a cosas y muchas veces les resulta imposible conciliar, puede que me caigan doscientos comentarios llamándome, como poco, machista, pero no por éso lo que digo será menos verdad.

Muchos hombres (también algunas mujeres) saben bien lo que es renunciar a disfrutar de una vida familiar plena por procurarse una carrera profesional de mayor calado. Y saben que no compensa. Lo supieron tarde. Lo que más dentro les duele, lo que les traspasa la tripa como una puñalada, es que aquello que se perdieron no ha de volver por más que lo pretendan, lo que se esfumó ya no es recuperable.

 

Esos hombres (también algunas mujeres) envidian hoy la vida de todos aquellos que acompañaron a sus hijos al cole y los vieron sonreír a la mañana, las experiencias de quienes dedicaron su vida al intenso trabajo de atender las necesidades primarias de sus seres queridos, a despertarles, vestirles, hacerles la comida y la cena, comprar con ellos ropa y zapatos, acudir a la consulta con un catarro del quince o un golpe en las rodillas por hacer de Casillas en un entrenamiento, envidian a aquellos, ya fueran mujeres u hombres, que pasaron su tiempo “viviendo a sus hijos”.

 

Esos hombres (también algunas mujeres) envidian a quienes escucharon confesiones de sus hijos en voz queda, a quienes les fueron planteados miedos de infancia, dudas de juventud, penas de amores... acaso en esos momentos ellos atendían reuniones interminables para poco, para nada, iban y venían de un sitio a otro procurando alcanzar unos objetivos que en realidad no les enriquecían. Por aquel entonces no creían competir por popularidad o por reconocimiento, se decían a sí mismos que estar focalizados en los resultados de su trabajo traía consigo la posibilidad de obtener lo mejor de sí mismos... ¡madre mía, no se puede estar más equivocado, acaso yo entre ellos!

 

Creo en la igualdad y por eso confío en que, de algún modo, las generaciones que me siguen sean capaces de conciliar ambos planos de la realidad que trato de dibujar.

 

Para que eso ocurra todos tenemos que aprender Igualdad. La ignorancia es como la peste negra mutada 30 veces, una bacteria capaz de acabar con la Humanidad entera.

 

El Instituto Vasco de la Mujer en su campaña de sensibilización ligada al 8 de marzo pasado, remarca que los valores basados en la igualdad no nacen naturalmente, se aprenden, como se aprenden otros valores, actitudes o modos de comportarse en la sociedad y que, por tanto, todos tenemos la gran responsabilidad de enseñar igualdad y mostrar modelos igualitarios, con especial atención a las generaciones más jóvenes, desde cada una de nuestras posiciones. Y no puedo estar más de acuerdo.

 

Cuando ese aprendizaje haya calado, cuando la lluvia de la igualdad empape por completo a todos los ámbitos de la sociedad, entonces será el tiempo de volver a los principios de mérito y capacidad, más allá de las cuotas, de los porcentajes entre hombres y mujeres, principios en los que creo firmemente, hoy mismo, pero que quizás hubiera que postergar temporalmente hasta que enseñar igualdad no sea necesario. Da qué pensar, porque según escribo ésto pienso también que nada es o blanco o negro, que dejar de lado el mérito y la capacidad en favor de la cuota pudiera no ser tan conveniente... en mi fuero interno no quiero un 50% de médicos mujeres y otro 50% de médicos hombres, quiero un 100% de médicos que me salven la vida, de abogados excelentes, de jueces justos, de comerciantes honrados, de políticos capaces y así sucesivamente, me da igual su sexo. Pero por algún lado hemos de empezar, y si ese lado es potenciar el porcentaje de mujeres en todos los sectores para rescatar a aquellas cuya capacidad no esté siendo reconocida, pues adelante.

 

Todos, hombres y mujeres, seremos responsables.

 

Aunque algo de miedo he de reconocer. Escucho a Irene Montero manipular los mensajes el 8M, uniendo corrupción y no sé cuántas cosas para atacar al gobierno de España en un día en que la huelga feminista, de seguimiento en más de 70 países, nada tenía que ver con ese tipo de reivindicaciones locales y me pongo a temblar; si somos tan obtusos como para hacer cosas así, de qué no seremos capaces. Equivocar tan gravemente los objetivos o manipular tan subrepticiamente las expectativas de toda una sociedad es tan peligroso...

 

Pérez Reverte suele decir que “en España llevamos mucho tiempo siendo gilipollas por encima de nuestras posibilidades”. Y no le falta razón.

 

Ahora que estamos en el camino de barrer para siempre la desigualdad entre los géneros... no sigamos haciendo el gilipollas.

Comentarios

Adela 19/03/2018 07:50 #1
Mejor dejar las tonterías a un lado , y trabajar unidos.No hay que separar ni diferenciar por ser hombre o mujer. Cada uno tiene sus valores y capacidades, y juntos , se hace todo mejor

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