¿Ya tienes programada tu propia obsolescencia?
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Para profesionales

Raúl García Díaz
Reflexiones y consejos para verdaderos profesionales, independientemente del puesto y del sector en el que trabajen.

¿Ya tienes programada tu propia obsolescencia?

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El post de Raúl García en Tribuna Valladolid.

“No acabo de entender cómo nadie habla de la obsolescencia programada de las sartenes. Mira si son listas las empresas que fabrican sartenes que ponen la cantidad justa de antiadherente para que te dure solo unos meses y tengas que comprarte otra. Ya podrían fabricar recambios de antiadherente. En la época de mis abuelos las sartenes te duraban toda la vida y costaban mucho menos. Actualmente tienes que tirarlas a la basura después de unas pocas tortillas porque se hace imposible poder cocinar en ellas. ¡Se pega todo! Y claro, a comprar el último modelo de sartén. Porque el modelo que tú habías comprado y que te había salido tan bueno, ya no lo fabrican. Hay que fastidiarse...”

 

La obsolescencia programada es la determinación de la vida útil de un producto, de tal manera que una vez pasado un tiempo, que el fabricante ha calculado de antemano, el producto se vuelva obsoleto, que no funcione o simplemente se convierta en algo inservible e inútil. El término es utilizado habitualmente para productos, sobre todo para productos tecnológicos: el teléfono móvil, el ordenador o la tablet. Pero también los profesionales podemos caer en la obsolescencia, en la obsolescencia programada, pero por nosotros mismos. Y además sin darnos cuenta.

 

Por si alguien no se ha dado cuenta, vivimos en una época en la que los cambios que se producen son más numerosos y se producen a una velocidad mucho mayor que nunca antes. Lo que es válido hoy, quizá dentro de una semana ya no lo sea. Ha quedado caduco. En el mundo laboral pasa lo mismo: un servicio que estás ofreciendo hoy puede quedar desfasado en menos de un año debido a nuevos requerimientos o a que la competencia se ha puesto las pilas y ha lanzado un servicio que supera al tuyo en eficiencia, eficacia o en precio. Siempre hay que estar a la última e innovando permanentemente.

 

Pongamos ahora la atención en nosotros, los profesionales y en nuestra historia laboral. Después de realizar unos estudios con mayor o menor éxito saltas al mercado laboral con ganas. Te comes el mundo. Recalas en una empresa en la que pagan poco o casi nada, pero en la que vas aprendiendo todo aquello que la formación que tuviste durante años no te enseñó. Es decir, todo. Después te echan y vas a otra empresa. Tampoco pagan mucho, pero observas, escuchas y ves  a los que saben más que tú. Echas de menos estudiar, así que te matriculas en un máster de algo que está despuntando y que piensas que puede complementar perfectamente tus estudios y tu experiencia. Después de un tiempo decides irte a otra empresa. Te vas tú porque ya se te ha caído el plumón y sientes suficiente fuerza en las alas como para emprender tu propio viaje. Tu aprendizaje en esas dos empresas ha sido un trampolín clave para tu carrera. El master también. Te presentaste a una oferta de trabajo y te contrataron. Ya tienes ciertas responsabilidades, formas parte de un proyecto ilusionante, de un equipo competente e incluso gestionas tu propio equipo. Y ahora otros demandan tus conocimientos, tu experiencia, tu criterio... Ha comenzado tu final. Si no eres capaz de mantenerte actualizado profesionalmente, habrás puesto en marcha la cuenta atrás de tu obsolescencia.

 

“No acabo de entender cómo nadie habla de la obsolescencia programada de los profesionales. Mira si son tontos que se forman lo justo para que esa formación les dure solo unos años y la empresa que les ha contratado tengan que contratar a otro profesional. Ya podrían reciclarse un poco sus conocimientos y formación. En la época de mis abuelos la formación de los profesionales les duraban toda la vida laboral y les costaba mucho menos. Actualmente tienes que despedirles después de unos cuantos años porque se hace imposible poder trabajar con ellos. ¡No están actualizados! Y claro, a contratar al último recién titulado. Porque el tipo de profesional que habías contratado y que había sido tan bueno, ya no existe. Hay que fastidiarse...”

 

Gracias por leer.

 

Raúl García Díaz es director de la consultora de recursos humanos Entrepersonas

www.entrepersonas.com

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