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Para profesionales

Raúl García Díaz
Reflexiones y consejos para verdaderos profesionales, independientemente del puesto y del sector en el que trabajen.

Sobre el derecho a la desconexión

Desconexion detail

El agente ajustó las esposas en torno a las muñecas del detenido y recitó:

 

—Tiene derecho a permanecer en silencio. Cualquier cosa que diga podrá ser utilizada en su contra en un tribunal. Tiene derecho a la asistencia de un abogado durante su interrogatorio. Si no puede pagarlo, se le asignará uno de oficio. ¿Entiende usted estos derechos?

 

Y seguidamente abrió la puerta del coche patrulla sin esperar respuesta.

 

—¿Entonces puedo hablar?

 

El agente Morgan miró extrañado al chaval durante unos segundos tratando de determinar si la pregunta había sido realizada honestamente o era una burla del Miranda Warning tan repetido en las series policiacas.

 

—Tiene derecho a permanecer en silencio —le repitió con la intención de zanjar la cuestión.

 

—Pero si quiero puedo hablar ¿verdad?

 

—¡Por supuesto que puedes hablar! ¡Entra en el coche!

 

Cualquier persona que haya conducido por una gran ciudad en plena hora punta sabe lo irritante que puede llegar a ser. Pero conducir por el sur de Los Angeles es una experiencia que debería estar entre las cinco más exasperantes del mundo. Y si además llevas en el asiento trasero del coche a un miembro de la pandilla de los Big Mouth, famosos por no callar ni debajo del agua, después de 30 minutos probablemente desearás no haber nacido.

 

—¿Por qué le has dicho que podía hablar? —le preguntó visiblemente molesta la agente Smith a su compañero.

 

Las manos del agente Morgan se agarraban con tanta tensión al volante que sus nudillos se habían teñido de blanco. Mantenía la mirada fija en el asfalto mientras conducía y sus labios habían quedado reducidos a una delgada linea recta apretados el uno contra el otro. Además la paciencia se le había agotado diez minutos antes, justo cuando pasaban a toda velocidad por el cruce de la avenida Graham con la 113. Haber encendido la sirena del coche no había atenuado el constante repiqueteo de palabras del detenido, sino más bien todo lo contrario. Envalentonado por la estridencia de la quejica sirena, ahora gritaba para asegurarse de que tanto él como su compañera le oían por encima de los aullidos de esta.

 

El agente Morgan clavó el pie derecho en el pedal del freno con tal fuerza que los cinturones de los tres se tensaron inmediatamente bloqueando la inercia de sus cuerpos.

 

—¡Cállate o te meteré una de esas Nike Cortez en la boca! —gritó fuera de sí.

 

En ese instante el interior del coche pareció congelarse en el tiempo, hasta que una voz que provenía del asiento de atrás quebró el aire.

 

—Entonces no podré ejercer mi derecho a permanecer en silencio.

 

El agente Morgan miró al detenido por el retrovisor y observó cómo una ligera y casi imperceptible sonrisa se iba dibujando lentamente en la enorme boca del pandillero.

 

CONCLUSIÓN

 

Tener un derecho no significa tener la obligación de cumplirlo. Tener un derecho para hacer algo, supone tener también el derecho a no hacerlo. Porque ese derecho se fundamenta en la libertad de elección de la persona.

 

El derecho a la desconexión implica permitir elegir a la persona si, en ciertos momento del día, quiere desconectarse o no de su email, de su teléfono móvil, etc. Si se prohibe el acceso al email fuera del horario de trabajo significará que se está obligando a cumplir con un mandato y por lo tanto negando el derecho a la desconexión (al igual que en la historia previa, meterle una zapatilla en la boca al pandillero hubiera supuesto negarle su derecho a guardar silencio obligándole a estar en silencio).

 

Las medidas que las empresas están utilizando para garantizar el derecho a la desconexión están encaminadas a negar el derecho a la desconexión, ya que no permiten a las personas elegir si quieren desconectarse o no. Si se limita o se prohibe el envío de emails a ciertas horas, como actualmente algunas empresas están haciendo, se está obligando a la desconexión (incluso a aquellos que no quieren desconectarse).

 

Cuando en realidad la manera de garantizar el derecho a la desconexión es controlar las consecuencias que se pueden sufrir por compañeros o jefes si no se descuelga el teléfono o no se contesta a un email fuera del horario de trabajo, ya que de esa manera se estará garantizando la libertad de elección.

 

Gracias por leer.

 

Raúl García Díaz es director de la consultora de recursos humanos Entrepersonas

www.entrepersonas.com

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