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Para profesionales

Raúl García Díaz
Reflexiones y consejos para verdaderos profesionales, independientemente del puesto y del sector en el que trabajen.

¡Por favor! ¡No lo digas!

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El blog de Raúl García en Tribuna Valladolid.

Reconozco que hay una frase que me pone de los nervios. Que cuando la oigo me hierve la sangre y me entran unas ganas terribles de arrancarle la cabeza a la persona que la ha dicho (de manera figurada, se entiende). La frase que me revuelve los higadillos es la siguiente: «Me da igual». Por ejemplo, si estamos paseando por la calle una tarde de domingo primaveral y alguien propone: «¿Tomamos algo?». Puede que alguien diga «sí», puede que alguien diga «no», pero siempre hay alguien que dice: «me da igual». Y en ese momento es cuando me hierve la sangre. ¡Cómo que te da igual! Algo te puede apetecer más o te puede apetecer menos, o puedes preferir una cosa a otra aunque sea solamente por una pequeñísima diferencia, pero ¿que te dé igual? ¡Por favor! ¡Debería estar prohibido!

 

Nos hemos acostumbrado en nuestras conversaciones con otras personas a utilizar esta frase de tres palabras con dos objetivos fundamentalmente. El primero, tratar de evitar pensar en la decisión que tienes delante de ti. Es decir, analizar la situación, evaluar las diferentes alternativas, anticipar consecuencias y determinar cuál es la mejor decisión para ti. Te encuentras en un momento perezoso y no quieres hacer el esfuerzo. Respetable pero vergonzoso.

 

El segundo objetivo es intentar no empezar una discusión con otra persona, ya que piensas que no te llevará a ninguna parte provechosa. Y es que sabes perfectamente que cuando te decantes por una opción y digas cuál es tu preferencia, sea cuál sea esta, seguro que habrá alguna persona que se decante por otra diferente, y ahí empezará el lío. Entonces esa persona te preguntará el porqué de tu preferencia y no otra, después rebatirá tus argumentos e incluso intentará convencerte de que su opción es mucho mejor que la tuya (así somos los humanos, triste pero cierto). Para tratar de evitar todo ese cúmulo de desencuentros contestas: «Me da igual». Respetable pero triste.

 

Pero no es de recibo que un profesional diga esa frase tan insulsa y desagradable, porque ninguno de esos dos objetivos son válidos para un profesional de verdad. Precisamente un profesional es una persona que analiza cosas, situaciones, problemas… esa es una parte muy importante de su trabajo. Y como buen profesional no debe dejar pasar ninguna oportunidad de análisis porque sí. Aunque sea algo nimio, a priori, deberá que evaluar las diferentes posibilidades y consecuencias de cada alternativa y, evidentemente, emitir un veredicto. Pero nunca, nunca y nunca un buen profesional dirá «me da igual», porque si lo dijera estaría negando la misma esencia de su profesionalidad.

 

¿Qué es eso de no entrar en debate con otra persona porque tiene una opinión diferente? ¡Válgame Dios! No sé cómo no nos hemos extinguido ya de la faz de la tierra. ¡Si precisamente el debate de ideas es lo que nos ha hecho avanzar como especie! Un profesional no dirá jamás de los jamases «me da igual» para evitar un debate, sea cual sea el tema del que se trate. Porque una discusión es una oportunidad para contrastar tus ideas con otra persona. Es una oportunidad para que alguien las retuerza, las golpee, las machaque, las triture, es decir, las ponga en duda. Y gracias al debate lograrás avanzar en tus ideas, cambiándolas o afianzándolas haciendo que evolucionen a un nivel superior.

 

Por lo tanto, si eres un profesional, no tienes excusa. Por favor… ¡Nunca digas «me da igual»!

 

Gracias por leer.

 

Raúl García Díaz es director de la consultora de recursos humanos Entrepersonas

www.entrepersonas.com

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