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Para profesionales

Raúl García Díaz
Reflexiones y consejos para verdaderos profesionales, independientemente del puesto y del sector en el que trabajen.

Nadie piensa igual que tú

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Hace años en una formación que estaba impartiendo sobre gestión de equipos, uno de los participantes compartió una reflexión en voz alta que nos sorprendió a todos. Estábamos en pleno debate sobre qué maneras tiene un jefe para motivar a los colaboradores, y que una de las maneras era que dijera a su colaborador que había realizado un buen trabajo. La persona en cuestión afirmó que él no quería que su jefe le dijera que había hecho un buen trabajo, es más, no le gustaba nada en absoluto. Supongo que a muchos gurús les pitaron los oídos en ese momento. No satisfecho con lo que había dicho continuó explicando que él sabía cuándo había hecho un buen trabajo y cuando no, y que por lo tanto no necesitaba que nadie se lo dijera. Para varios de los presentes esta última frase fue un síntoma de prepotencia y para otros de profesionalidad (dependiendo si le caía mal o le caía bien). Pero a mí me demostró una vez más que las personas tenemos opiniones muy diferentes de las cosas. O como dice el refrán: “cada cabeza una sentencia”.

 

La psicología social afirma que el ser humano es un animal social por naturaleza. Nos gusta sentirnos pertenecientes a un grupo. Cuando eres adulto coincides con ciertas personas porque escuchan a un locutor de radio determinado, porque leen un tipo de novela en concreto, porque practican cierto deporte los fines de semana, porque llevan a sus hijos a alguna actividad extra escolar al finalizar las clases o porque comen cierto tipo de comida y beben cierto tipo de bebida.

 

Muchas veces presuponemos que las personas con las que compartimos las mismas filias que nosotros comparten algo más profundo que esa actividad, esa tarea o ese pasatiempo. Creemos que comparten nuestras mismas opiniones en diversos temas. Por ejemplo, si veo que alguien tiene un iPhone, pienso que es un fan de la marca igual que yo lo soy. El efecto halo es algo muy común en el ser humano, es un sesgo irracional que consiste en deducir, en base a una característica conocida de alguien, otras de las que no tenemos ni idea.

 

En el trabajo el efecto halo es algo muy habitual. Por ejemplo, cuando hablamos con alguien del departamento de IT, estamos convencidos de que tiene una forma de ser determinada sin ninguna información que lo corrobore. Incluso cuando descubrimos de alguien que conocemos ha estudiado en nuestro mismo colegio, es de nuestra misma ciudad, es de nuestro mismo equipo de fútbol, ha estudiado la misma carrera que nosotros… pensamos que “es de los nuestros”, y creemos que tendrá nuestra misma opinión sobre diversos temas como el uso del móvil, la puntualidad en las reuniones, el envío de emails, la prioridad de las tareas a realizar, la importancia de ciertos proyectos, etc. Y eso no tiene que ser así.

 

En el trabajo lo más normal es que no sea así. Ya que no pertenecemos al grupo que trabaja en la misma empresa por nuestros valores, aficiones, creencias, filosofía de vida… Lo habitual es que tengamos que trabajar con personas con las que no estamos de acuerdo en muchos temas importantes, también de trabajo, y que no quieren ser convencidos de lo contrario de lo que piensan. Pero hemos de tener la suficiente profesionalidad como para que esas diferencias no nos influyan en nuestra tarea de llegar a acuerdos beneficiosos para las personas y para la empresa.

 

Aunque en ocasiones nos cueste llegar a entender ciertas cosas, como por ejemplo que a alguien le siente mal que su jefe le diga que ha hecho un buen trabajo.

 

Gracias por leer.

 

Raúl García Díaz es director de la consultora de recursos humanos Entrepersonas

www.entrepersonas.com

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