Mantén los pies sobre la tierra
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Para profesionales

Raúl García Díaz
Reflexiones y consejos para verdaderos profesionales, independientemente del puesto y del sector en el que trabajen.

Mantén los pies sobre la tierra

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El ser humano a partir de los veinte años va a peor. Va a peor tanto física como mentalmente. Lo que pasa es que lo suple, por una parte, sabiendo qué esfuerzos merecen la pena con el fin de dosificar sus energías. Y por la otra, siendo un poco más sabio y, seamos sinceros, utilizando atajos como copiar y pegar. Bueno, quizá me he quedado un poco corto con la edad, admito que en algunos casos, algunos privilegiados, pueden empezar su caída al abismo a los veintidós años, pero no subo ni un año más.

 

La sabiduría que te dan los años se concreta fundamentalmente en saber cómo funcionan las cosas de la vida. Casi nada es nuevo y todo, en el fondo, es lo mismo aunque suene diferente. Lo que ahora se llama marca personal es lo que antes se llamaba venderse uno mismo. Mismo perro, distinto collar. Mismo regalo, diferente envoltorio. Misma mona con otro vestido de seda. El truco para estar a la última es bien sencillo: coger lo que antes se llamaba de una manera y ponerle otro nombre más cool, más guay, más moderno y volverlo a lanzar como si de una gran novedad se tratara.

 

Casi todas la teorías e ideas relacionadas con el trabajo han pasado por este restyling moderno, excepto probablemente el Principio de Peter. El Principio de Peter plantea que las personas que tienen un buen desempeño son promocionadas hasta llegar a su nivel de incompetencia. Es decir, que un buen trabajador irá subiendo escalones en una organización, hasta que llegue a conseguir un puesto para el que no está preparado y, por lo tanto, demuestre su incompetencia día tras día. Esto ocurre cuando, por ejemplo, un fantástico técnico se convierte en un pésimo responsable de equipo. Y sí, lamentablemente, sigue sucediendo.

 

¿Cuántas personas conoces que hayan rechazado una promoción porque sabían que ese puesto les iba a quedar grande? Yo conocí una, hace unos veinte años, cuando participaba como consultor externo en el proceso de promoción interna de un jefe de turno para una fábrica. Realizaba una entrevista individual a todos los candidatos para descubrir sus motivaciones y expectativas, y una de las personas a las que entrevisté fue a Pablo (nombre inventado, por supuesto). Pablo me contó que él no se había postulado al puesto, sino que había sido el director general el que le había incluido en la lista de candidatos. Pero la verdad es que él no quería ser promocionado. Una de las razones que me dio fue que a él le encantaba el trabajo que hacía y que no tenía ninguna intención de cambiarlo por otro, aunque fuera ganado más dinero. Estuvimos hablando durante una hora y, por supuesto, hice un informe desfavorable de Pablo. Su motivación no era la adecuada.

 

Creo que el motivo por el que el Principio de Peter no ha sido aún relanzado como una novedosa teoría para la gestión de las organizaciones (a pesar de ser un libro de 1969), es que se basa en tener una visión realista del trabajo que uno desempeña, fuera de artilugios, de fuegos artificiales y de eufemismos. Ser consciente de las exigencias realistas de un puesto de trabajo es clave, ya que es la manera de saber si estás en tu nivel de incompetencia o aún no has llegado a él.

 

Si dedicas un 50% de tu trabajo a leer y contestar emails, un 45% a asistir a reuniones y un 5% a pedir explicaciones a tu equipo sobre sus tareas, significa que tu trabajo consiste en leer emails e ir a reuniones. Pero si crees que estás liderando, potenciando y desarrollando a tu equipo siendo el super executive leader manager de una multinacional, allá tú. Pero no es así.

 

Es posible que después de pasarte por LinkedIn diez minutos y, por lo tanto, leer cuarenta frases motivadoras, veinte consejos de gurús sobre qué deberías hacer con tu vida y con tu trabajo y treinta experiencias fantásticas de empresas que son super geniales, quieras comerte el mundo. Pero eso no cambia el trabajo que tienes. Los que ya tenemos cierta edad sabemos que no es oro todo lo que reluce y que en todas partes crecen habas. Pero no te autoengañes. Si tu trabajo consiste en picar excels, admítelo. Si tu trabajo consiste en picar excels y te encanta, admítelo. No es necesario que llegues a ser CEO de una empresa (aunque LinkedIn esté lleno de CEOs). No te dejes embaucar por títulos y funciones rimbombantes que te lleven a tu nivel de incompetencia. Mantén los pies sobre la tierra.

Comentarios

Stephen Hicks 03/12/2021 13:44 #1
Gracias Raúl. Desgraciadamente, en muchos puestos no es posible aumentar el sueldo sin entrar el mundo de dirección. Por ejemplo, los profesores en las escuelas inglesas, mas o menos, tienen que volverse jefe de una sección para aumentar sus ingresos. Por el otro lado, los futbolistas no son directores pero pueden ganar un montón por haciendo lo que es su talento.

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