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Para profesionales

Raúl García Díaz
Reflexiones y consejos para verdaderos profesionales, independientemente del puesto y del sector en el que trabajen.

Los YAVIS de la formación

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Ando estos días impartiendo una formación sobre trabajo en equipo y comunicación en una empresa. Es una formación voluntaria en la que se han inscrito más de cuarenta personas. La semana pasada hablando con los coordinadores de la acción formativa, me comentaban tristemente que aquellos que no se habían inscrito en el curso eran precisamente aquellos que más lo necesitaban. En ese momento recordé a los YAVIS.

 

En 1964 William Schofield, psicólogo y profesor de la universidad de Minnesota, acuñó el acrónimo YAVIS para describir el modelo de personas que los psicólogos definían como el que mejor respondía a los tratamientos psicológicos. Las características de las personas YAVIS son las siguientes: jóvenes, con atractivo, con capacidad verbal, inteligentes y exitosos (en inglés: young, attractive, verbal, intelligent y successful). ¿Quizá podría extrapolarse este término a la formación y al desarrollo de competencias? Es cierto que existe una creencia generalizada de que las personas que menos necesitan desarrollar sus competencias son las que más aprovechan la formación, y los que más carencias tienen son los que menos la aprovechan. Pero, ¿existen realmente los YAVIS de la formación?

 

En mi experiencia profesional me he encontrado con personas que han sabido aprovechar al máximo la formación (incluso contactando conmigo varios meses después de haber finalizado para consultarme, preguntarme…) y que no encajaban cien por cien en las características YAVIS. Pero también he de reconocer que si tuviera que describir las características personales de quienes creo que responden mejor a los programas de desarrollo de competencias, probablemente elegiría unas características similares.

 

Lo curioso de todo esto es que cuando William Schofield definió el término YAVIS lo presentó como un prejuicio o sesgo de los propios profesionales. Es decir, los terapeutas asumían equivocadamente que las personas con esas características eran los pacientes que reaccionaban mejor a la terapia. Equivocadamente porque la mejoría que experimentaban los YAVIS no era por tener esas características, sino porque los psicólogos se esforzaban más en sus sesiones al detectar esas características en sus pacientes. En cambio, cuando una persona no poseía esas características, inconscientemente, se esforzaban menos y sus resultados no eran tan buenos.

 

En el fondo, el término YAVIS es otro ejemplo más del llamado Efecto Pigmalión o la hipótesis que se auto confirma. Este es un sesgo que tiene mucho que ver con poner a las personas etiquetas basadas en prejuicios y que consiste en lo siguiente: una vez que etiqueto a una persona, inconscientemente mi comportamiento provoca que aquello que intuyo se cumpla, pero la causa no es la otra persona y sus características, sino mi propio comportamiento. Un ejemplo: un vendedor de coches ante los clientes que visten elegantemente se desvive pensando que tienen un alto poder adquisitivo y habitualmente consigue vender un coche a esas personas, mientras que ante los clientes vestidos desenfadadamente no se esfuerza un ápice y esos clientes no compran ningún coche. El vendedor puede estar convencido de que la vestimenta del cliente le da una información clara y contundente de la probabilidad de que compre un coche, cuando en realidad es su propio comportamiento el causante principal

 

Lo interesante de conocer un sesgo es que te mantiene alerta para no caer en él. Y ningún profesional en su trabajo está libre de caer en el Efecto Pigmalión. Profesores, vendedores, entrenadores, médicos, padres… todos ponemos etiquetas en las personas que nos rodean, debemos estar atentos para no provocar con nuestro propio comportamiento esas etiquetas en lo demás. Sobre todo si son negativas. Permaneced alerta.

 

Gracias por leer.

 

Raúl García Díaz es director de la consultora de recursos humanos Entrepersonas

www.entrepersonas.com

Comentarios

JMH 10/04/2019 20:00 #1
No he podido evitar acordarme de los Yoyas ("yo ya lo sabía") en definitiva diría que todo se traduce a cuestión de actitud y percepción. Como te ves y como ves a los demás. Sobre el efecto Pigmalión, actuar según como percibas a alguien diría que es inevitable por lo menos en el primer contacto, o me equivoco?

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