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Para profesionales

Raúl García Díaz
Reflexiones y consejos para verdaderos profesionales, independientemente del puesto y del sector en el que trabajen.

La tiranía de los ofendiditos

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El post de Raúl García en Tribuna de Valladolid

Acabo de leer una de esas frases que me dejan pegado a la silla, con los ojos como platos y en estado de shock. La frase es la siguiente: «La inteligencia está sobrevalorada, ser amable tiene mucho más mérito». ¿En serio? ¿De verdad que alguien ha dicho eso? Pues sí. Es verdad. He continuado leyendo el artículo y una vez que se entiende la lógica que hay detrás de la frase, me deja de piedra que haya personas que logran mediante razonamientos irracionales llegar a conclusiones absurdas, que las repitan sin el menor pudor y que haya gente que se las crea.

 

Los argumentos para apoyar la tesis son increíblemente estúpidos. El primero es que la inteligencia es un don y una suerte. La segunda es que ser una buena persona que ayuda a los demás es una elección que te lleva a sentirte alegre. Por lo tanto, y esta es la conclusión, como ser buena persona es algo que decides tú hacer, es algo mucho más meritorio que ser inteligente que es algo que te toca.

 

Se me ocurren entre una y cinco mil preguntas que hacer ante este inconexo batiburrillo de razonamientos sin sentido. Pero sólo expondré aquí algunas de esas preguntas. La primera es muy simple: ¿qué tiene que ver la inteligencia con la amabilidad? Es decir, ¿no se están juntando churras con merinas? ¿No es la inteligencia un atributo de la persona y la amabilidad un conjunto de comportamientos? ¿Realmente se pueden comparar inteligencia y amabilidad? ¿No es esto tan absurdo como comparar qué tiene más mérito ser rubio o levantarte a las seis de la mañana un domingo?

 

Podría seguir, pero haré la última pregunta: ¿qué es la amabilidad? Pues bien, según la Real Academia de la Lengua Española, se entiende por amabilidad: «la cualidad de amable». Y amable significa: «afable, complaciente, afectuoso». Es decir, tiene más mérito ser complaciente con las personas que ser inteligente. Efectivamente un sinsentido.

 

Pero vamos el fondo de la cuestión, realmente la base de esta ola de buenismo que nos aqueja actualmente es la tiranía de los ofendiditos. La razón por la que se anima a toda persona humana que debe ser amable, afable, afectuosa y complaciente es que vivimos en una época en la que los ofendidos tienen el poder. Aquel que se ofende por algo que ha dicho o hecho otra persona es el que tiene razón. Por lo tanto el mensaje es claro: ¡cuídate de ofender a nadie! ¡Sé amable y condescendiente!

 

Porque si yo siento que he sido tratado injustamente, entonces no me debías haber tratado así. (Cuando todos sabemos que la justicia es el valor más subjetivo que existe). Porque si yo siento que me has despreciado con eso que has dicho, eres tú el que no tenías que haberlo dicho y tengo derecho a recriminártelo incluso con brusquedad. Porque si me he sentido humillado por cómo te has comportado, no debías haber hecho eso, has actuado mal y mereces un castigo.

 

Cuando en realidad la culpa la tengo yo por haberme ofendido (tal y como afirmaba Chesterton con respecto al aburrimiento), ya que nada en el mundo es ofensivo si uno no se ofende. Por lo tanto la ofensa es algo propio del que se ofende no del presunto ofensor. Y seamos sinceros, hay personas muy sensibles. Incluso una opinión contraria se puede interpretar como una ofensa. Si aceptáramos que algo es correcto o incorrecto ciñéndonos exclusivamente a si alguien se ha sentido ofendido o no, estaríamos cercenando el derecho de las personas a pensar y a actuar libremente. Y esto sería un grave problema.

 

Por supuesto esta tiranía está contaminando también los ambientes profesionales. A los jefes se les está exigiendo que sean amables con sus colaboradores. Por eso se les animador ejemplo, a que cuando comunican algo pregunten: «¿me he explicado bien?» En vez de: «¿me has entendido?» No vaya a ser que el otro se ofenda porque le estás diciendo que no te ha entendido.

 

¿Pero es que realmente un jefe debe ser afable, complaciente y afectuoso? Pues yo creo que no. Porque un jefe también ha de ser exigente. Y ser exigente y complaciente a la vez lo veo realmente difícil, sino imposible. Un jefe debe ser respetuoso y educado en el trato. Y punto. ¿Amable? ¿Afable? ¿Condescendiente? No, gracias. Y si tuviese que elegir prefiero un jefe inteligente a uno amable. Una vez tuve un jefe amable y complaciente, su escasa inteligencia llevó a la empresa al desastre.

 

Gracias por leer.

 

Raúl García Díaz es director de la consultora de recursos humanos Entrepersonas

www.entrepersonas.com

Comentarios

X 18/05/2020 18:22 #1
Muy bien, entonces si, por ejemplo, te insultan por determinado rasgo físico y te ofendes, ¿la culpa es tuya y no del que te ha insultado? No me jodas. Cuando alguien da su opinion sobre un tema y no sobre tu persona, no hay razón para ofenderse. Tampoco cuando se hace una crítica sin faltar al respeto, es decir, sin mencionar características negativas de la otra persona que sean irrelevantes al asunto del que se está hablando. En cambio, puedes estar andando por la calle y viene alguien que no te conoce de nada y te insulta, sin venir a cuento. Entonces, no puedes darle una colleja porque según tú, eres un "ofendidito", así que la culpa es tuya por ofenderte. En resumen, hablas por hablar

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