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Para profesionales

Raúl García Díaz
Reflexiones y consejos para verdaderos profesionales, independientemente del puesto y del sector en el que trabajen.

La diversidad en la empresa

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La diversidad es un valor, que creo que a estas alturas no es discutible. Es más, actualmente existen galardones que premian la diversidad en las empresas. Incluso hay empresas que realizan campañas de publicidad basadas en la diversidad de las personas que trabajan en ellas. Estoy de acuerdo en que la diversidad es un valor para cualquier empresa, pero hoy quiero reflexionar sobre lo que en mi opinión es la verdadera diversidad.

 

Considero que la diversidad se puede entender de dos maneras o puede tener dos objetivos. La diversidad con el objetivo de ofrecer las mismas oportunidades a todas las personas independientemente de su sexo, edad, raza, lugar de nacimiento, religión, etc y por lo tanto, no discriminar a ningún ser humano por esas razones. Y la diversidad para lograr ser más competitivos como equipo o como empresa. Parece que debieran ser dos objetivos relacionados, pero no tienen porqué. Elegir uno u otro objetivo va a marcar qué estrategias se utilizarán para generar diversidad en una organización.

 

Si me guío por el primer objetivo, es decir, tratando de no discriminar a ningún ser humano. Mis actuaciones irán dirigidas primero a establecer cuáles son las características que quiero tener en cuenta en mi organización para no discriminarlas: podrá ser el género (mujeres, hombres, transexuales…), podrá ser la edad (tener menos de 20 años, tener más de 50…), podrá ser la raza (personas de color, asiáticos, latinos…), etc. Y posteriormente tendré que asegurar que mis procesos de selección, promoción, asignación a ciertos trabajos y proyectos no están sesgados hacia ninguno de los grupos. Cuidado con las características que se eligen ya que nos podemos pasar si, por ejemplo, empezamos a tratar de no discriminar a diabéticos, a miopes, a obesos… eso sería ingestionable.

 

Si me guío por el segundo objetivo: aumentar la competitividad de mi empresa. Esto se traducirá en que actuaré para que en mi organización haya diferentes puntos de vista, opiniones, enfoques, formas de pensar… de esta manera la empresa no tendrá un «pensamiento único» sino que tendrá diferentes maneras de pensar que enriquecerán a la organización, la harán más creativa, más innovadora y por lo tanto más competitiva. Esto se hace consigue mediante un proceso de selección que evalúe las competencias, los valores y las actitudes de los candidatos a los puestos ofertados, para de esta manera enriquecer a la organización. Pero cuidado porque no se trata de conseguir que estén representadas todos las formas de pensamiento posible, ya que hay un límite importante, una linea roja que no se debe cruzar: las personas que tengan valores contrapuestos a los de la organización. Por ejemplo, una empresa cervecera no creo que deba contratar a una persona que piense que el alcohol es una droga que debería prohibirse y su consumo, por muy moderado que sea, debiera conllevar penas de cárcel. Ni tampoco una empresa farmacéutica debería contratar a una persona que piense que las enfermedades son un invento de las organizaciones farmacéuticas y que están propagadas por ellas para vender medicamentos y enriquecerse salvajemente.

 

Como he dicho antes los dos objetivos no están relacionados, porque contratar a personas de una determinada raza, o de un determinado género, o de un determinado rango de edad (por poner tres ejemplos) no tiene porqué conllevar que se aumente la diversidad de opiniones y formas de pensar en una organización. Si eso fuera cierto, estaríamos asumiendo que todas y cada una de las personas que forman parte de ese grupo tienen exactamente la misma manera de pensar y las mismas opiniones porque pertenecen a ese grupo, lo cual es absolutamente falso. Y peor aún, a esas personas les estaríamos otorgando el monopolio de esa forma diferente de pensar, al no aceptar que otras personas que no pertenezcan a ese grupo pudieran pensar de la misma manera.

 

La diversidad debería ser una consecuencia de la justicia. Obligar en una organización a que todos los grupos humanos estén representados en la misma proporción es absolutamente injusto. Injusto sobre todo para todas aquellas personas que perteneciendo a una minoría han luchado para que se les trate por lo que son: seres humanos únicos e irrepetibles.

 

Gracias por leer.

 

Raúl García Díaz es director de la consultora de recursos humanos Entrepersonas

www.entrepersonas.com

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