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Para profesionales

Raúl García Díaz
Reflexiones y consejos para verdaderos profesionales, independientemente del puesto y del sector en el que trabajen.

El falso mito de los 21 días para crear un hábito

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Si en tus propósitos de Año Nuevo se incluía la creación de un hábito (comer sano, hacer deporte, tocar un instrumento de música, aprender inglés, leer…), a estas alturas ya te habrás dado cuenta de que es falso que después de 21 días repitiendo un comportamiento se convierta en un hábito.

 

Mi trabajo consiste en ayudar a las personas a mejorar su desempeño profesional, para lo que es necesario construir hábitos de conducta. Por ejemplo, si quiero mejorar mi productividad personal utilizando el GTD, tendré que habituarme a recopilar continuamente y a procesar más tarde. En ocasiones me han preguntado si es cierto que si uno se esfuerza durante 21 días en repetir un comportamiento consigue establecer el hábito. La repuesta es no. También me han preguntado si se necesitan 28 días. Aquí la respuesta también es no. Incluso hay personas que me han preguntado si los días necesarios son 66. Y efectivamente, en esta caso la respuesta también es no. Pero veamos de dónde vienen esos períodos de tiempo para entender porqué son falsos.

 

El período de 21 días proviene de los estudios en la década de los 50 del doctor Maxwell Maltz. Maxwell era cirujano plástico y había observado que después de una operación sus pacientes se acostumbraban a su nueva imagen a los 21 días. ¿Y qué tiene que ver esto con la creación de hábitos de conducta? No tengo la menor idea, la verdad. Algunos han generalizado este período de 21 días al tiempo que se necesita para acostumbrarse a cambios importantes en la vida. Bueno, sigo sin entender la relación. Algunas personas dicen que fue William James, uno de los padres de la psicología, el autor de los 21 días necesarios para crear un hábito. Es falso, escribió una obra titulada “Hábitos” en 1890, pero nunca hizo referencia alguna a esos 21 días.

 

Sobre los 28 días he estado buscando información, pero la verdad es que no tengo ni idea de donde vienen. Si alguien sabe de dónde proviene ese período de tiempo agradecería que me lo hiciera saber.

 

El período de 66 días viene de un estudio dirigido por Phillippa Lally y realizado por la University College de Londres publicado en la Revista Europea de Psicología Social en 2009 y que se titula: “How are habits formed: Modelling habit formation in the real world”. En este estudio se pidió a 96 voluntarios universitarios que eligieran una conducta crear un hábito repitiéndola en el mismo contexto durante 12 semanas. Los resultados indican que, de media, se requirieron 66 días para crear el hábito. Sí, los 66 días son una media aritmética, que además tiene una amplia variabilidad: el período mínimo fue de 18 días y el máximo de 254 días.

 

De todo esto se deduce que no tenemos ni idea de cuánto tiempo se tarda en que una conducta se consolide en un hábito. No lo sabemos porque depende de un gran número de factores entre ellos la persona (de su voluntad, de lo importante que sea esa conducta para ella, de los entrenado que esté en establecer hábitos en sus comportamientos…) y la dificultad del comportamiento a consolidar (no es lo mismo tomarse un vaso de agua todos los días al levantarme, que salir a correr o leer un libro a la semana). Pero seguro que depende de muchos otros factores que desconocemos.

 

Lo más interesante de todo esto es preguntarnos porqué necesitamos que nos digan que algo lo conseguiremos en 21 días, en 28 o en 66. En mi opinión es porque huimos de la incertidumbre, evitamos esforzarnos si no tenemos garantías de éxito. Como cuando vamos a una academia de inglés y exigimos saber cuánto tiempo necesitaremos para hablar en inglés. Y además hay otra segunda razón: necesitamos saber que llegará el momento en el que no haga falta esforzarnos más, porque habremos llegado a la meta, habremos conseguido el objetivo y el hábito se habrá instaurado. El problema es que en la realidad no es así.

 

Como profesionales sabemos que nuestro objetivo es esforzarnos permanentemente, luchar para conseguir alcanzar los objetivos con la única garantía de nuestra perseverancia. Porque ser mejores de lo que somos ahora, es un trabajo que dura toda la vida.

 

Gracias por leer.

 

Raúl García Díaz es director de la consultora de recursos humanos Entrepersonas

www.entrepersonas.com

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