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Para profesionales

Raúl García Díaz
Reflexiones y consejos para verdaderos profesionales, independientemente del puesto y del sector en el que trabajen.

Dire Straits, Pavlov y nuevos teletrabajadores

Teletrabajo detail

Hace muchos años que dejé de fumar. Más de dos décadas. Pero aún recuerdo perfectamente que un efecto secundario negativo de mi abandono de la nicotina fue tener que dejar de escuchar a Dire Straits durante una larga temporada. Pero sin ningún género de duda, mereció la pena. Todo el que ha sido fumador, o lo es ahora mismo, sabe que el vicio se vincula de forma intensa a ciertas situaciones cotidianas: la salida de clase, el café de después de comer, etc… sí, a muchas situaciones cotidianas. Este fenómeno de vinculación se denomina en psicología «condicionamiento clásico» y es la explicación de lo que ya están experimentando muchos nuevos teletrabajadores en sus casas.

 

El «condicionamiento clásico» lo descubrió el psicólogo ruso Iván Pavlov, premio nobel en fisiología en 1903. Iván realizó un experimento mundialmente famoso que consistió en asociar repetidamente el sonido de un metrónomo a la entrega de comida a un perro. Comprobó que después de varias repeticiones de esta asociación el perro salivaba cuando escuchaba el metrónomo hubiera o no comida a la vista. Es decir, se producía una respuesta fisiológica involuntaria (salivación) ante la presencia de un estímulo antes neutro (metrónomo) gracias a su asociación repetida (y condicionamiento) a la comida.

 

En mi época de fumador vivía en un décimo segundo piso y desde la ventana de mi habitación divisaba todo Valladolid. Durante las noches de verano el espectáculo era precioso y yo acostumbraba a fumar asomado a la ventana, con la luz de la habitación apagada y escuchando de fondo a Dire Straits. En concreto el doble disco en directo «Alchemy», propiedad de mi hermano. Tanto repetí este ritual nocturno que cuando dejé de fumar el simple hecho de escuchar música en mi habitación provocaba en mí un mono difícil de soportar. Por lo que tuve que dejar de escuchar música durante una larga temporada, sobre todo por la noche y asomado a la ventana.

 

En nuestra casa tenemos habitaciones y lugares que hemos asociado repetidamente, durante años, a ciertas actividades. El lugar donde vemos la televisión, el lugar donde cenamos, el lugar donde nos conectamos a internet, el lugar donde leemos, el lugar donde nos echamos una siesta… Desde hace unos días esos lugares en muchas casas han sido profanados por el trabajo. Debido a las medidas tomadas contra el coronavirus personas que antes desempeñaban su trabajo en una oficina, ahora trabajan desde casa. Esas personas no tomaron la decisión de que la manera de trabajar como profesionales fuera el teletrabajo. Por lo que se encuentran, por necesidad, en una situación que no han planificado ni preparado para ellos, ni para los que viven con ellos: pareja, hijos, familiares, mascotas, etc. Es cierto que la vida es una continua adaptación a situaciones diferentes y que muchas van surgiendo si posibilidad de planificación, por lo que estoy seguro de que esos profesionales conseguirán adaptarse y seguir manteniendo un nivel de desempeño y rendimiento laboral parecido, sino igual, al que tenían en su oficina.

 

Y precisamente por ese condicionamiento clásico que he explicado anteriormente, les costará concentrarse y tenderá a realizar otros comportamientos que ya estaban asociados a esas situaciones. Porque esa habitación donde ha puesto el portátil de la empresa es donde frecuentemente juega con sus hijos. Porque ese ordenador que utiliza ahora para trabajar es el que utiliza normalmente para leer la prensa digital tomándose un café. Porque estar en casa por la mañana significa habitualmente estar descansando y no trabajando. Porque si suena el teléfono cuando está en casa lo normal (hasta ahora) es que no sea del trabajo. Y ahora cuando se sientan delante de esa mesa, donde en este momento campan a sus anchas papeles del trabajo, tendrán que luchar con un montón de estímulos que les llevarán a evocar comportamientos que no son de trabajo, sino que son de ocio, disfrute y relax.

 

Pero además el resto de personas que viven en esa casa tenderán a actuar también de la forma en la que dicte la costumbre. Porque si papá o mamá están en casa me hacen caso cada vez que les llamo (hasta ahora). Porque si está mi pareja en casa y quiero hablar con él o ella simplemente lo hago, no tengo que pedir permiso o esperar a que termine una tarea que está realizando (hasta ahora). Porque nunca ha importado cuando hemos estado todos en casa tener la televisión encendida, o escuchar las noticias en la radio o estar disfrutando de la música (hasta ahora).

 

Esta nueva situación inesperada nos va a llevar a cambiar nuestras costumbres (si se prologa durante poco tiempo) o a aprender nuevas (si se prolonga demasiado). Los responsables de equipos van a tener que aprender nuevas maneras de gestión basadas aún más en la confianza y en el apoyo a sus colaboradores. Entender que cada colaborador tiene una realidad diferente en su casa y que no puede haber una única manera de afrontar esta situación va a ser vital. Reuniones que antes se podían convocar rápidamente en un mismo lugar, ahora será más complicado porque cada persona estará en un lugar y con sus circunstancias particulares. Y aunque las tecnologías actuales faciliten enormemente la comunicación seguimos siendo personas. Es absolutamente seguro que habrá conflictos, lo importante es que las personas encuentren en su jefe un profesional que sea, además de exigente y riguroso, también una persona que escuche, comprenda y ayude en esas situaciones.

 

Son nuevos tiempos en los que una vez más se demuestra que independientemente de nuestra edad o de nuestra experiencia, siempre tendremos que estar aprendiendo.

 

Gracias por leer.

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