Desarrolla tu... gestión emocional I
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Para profesionales

Raúl García Díaz
Reflexiones y consejos para verdaderos profesionales, independientemente del puesto y del sector en el que trabajen.

Desarrolla tu... gestión emocional I

Triste enfado detail

El blog de Raúl García Díaz en Tribuna de Valladolid.

 

Esta semana y la próxima me voy a poner un poco psicólogo, tampoco me va a costar mucho porque efectivamente lo soy. Pero hoy me voy a adentrar en el desconocido mundo de las emociones y las cogniciones porque voy a explicar de dónde provienen las emociones que sientes. Y la próxima semana me explayaré (lo justo y necesario) explicando cómo puedes cambiarlas.

 

La competencia gestión emocional puede definirse como la capacidad para reconocer tus propias emociones, saber cuáles son sus causas y ser capaz de modificarlas cuando te están perjudicando impidiendo que des lo mejor de ti mismo.

 

Las emociones son como un iceberg (sí, ya sé que la comparación del iceberg se utiliza para todo, pero permíteme utilizarla también para este caso), normalmente lo que sabemos de ellas que por experimentarlas y ser conscientes (algunas veces) de sus consecuencias. Pero hay una gran parte que permanece escondida (como la enorme parte del iceberg que permanece sumergida) y desconocida para la gran mayoría de las personas, es la que hace referencia a qué es lo que provoca o causa las emociones. Y es curioso, porque es algo que ya conocían los antiguos griegos, en concreto Epícteto. Pero parece ser que lo hemos olvidado, o los seres humanos no nos lo hemos repetido las suficientes veces como para recordarlo.

 

Si le preguntas a una persona sobre qué es lo que ha causado su enfado, seguramente te dirá que la causa de esa emoción es algo que ha ocurrido: lo que le ha dicho alguien, lo que ha hecho alguien, algo que le ha pasado… Pero todas esas atribuciones causales son erróneas. Realmente quien causa nuestras emociones somos nosotros mimos. Epícteto, nacido en el año 50 d. C. y eminente filósofo griego, dijo que no nos afectan las situaciones sino nuestra interpretación de ellas. Es decir, la causa de tu enfado no es que una persona te haya dicho algo, sino los pensamientos o cogniciones que tienes sobre eso que te ha dicho. Porque probablemente si alguien te dijera eso mismo en otro momento o te lo dijera otra la persona lo interpretarías de diferente manera y, por lo tanto, la emoción sería diferente.

 

Comprender esto es muy importante para mejorar en tu gestión emocional, ya que si no fuera así, si realmente las emociones fueran causadas por hecho externos a nosotros seríamos simples marionetas emocionales en manos del destino. Que sí, que queda muy poético pero es una faena porque nos limitaríamos a reaccionar. En cambio, cuando nos damos cuenta de que las emociones las causamos nosotros mismos mediante nuestras interpretaciones de la realidad, tenemos el grandísimo poder de modificarlas y cambiarlas (no es sencillo, pero con entrenamiento se puede conseguir). De esta manera no estamos abocados a estar merced de lo que nos ocurre en la vida, como un barco sin timón o como simples amebas reaccionando a estímulos externos. Que sigue siendo poético pero muy fastidiado.

 

El objetivo del ejercicio de esta semana es entrenarte a reconocer las causas de las emociones que experimentas. Primero, identifica la emoción que estás sintiendo en un momento determinado. Segundo, establece cuál ha sido la situación desencadenante (qué ha ocurrido). Y  por último, sé analiza cómo estás interpretando esa situación: qué piensas sobre ella, cómo la evalúas, cómo la calificas… De esta manera serás cada vez más consciente de cómo tus pensamientos generan tus emociones.

 

Voy a realizar el ejercicio con un ejemplo. Imaginemos que una tarde te sientes furioso. Supongamos que un compañero no ha realizado bien su trabajo, eso te ha salpicado y te ha abroncado el jefe. Es cierto que la bronca del jefe ha sido el desencadenante, pero no la causa de tu furia. Ni siquiera lo es tu compañero, el que no ha hecho lo que tenía que hacer. La causa real de tu furia es tu interpretación de esos sucesos, son tus pensamientos. Si piensas que tu compañero es un jeta de aúpa y que debería haber hecho su trabajo porque para eso le pagan y que no le deberían permitir escaquearse así de sus obligaciones, lo más seguro es que estés furioso. Pero no por la situación, sino por cómo la interpretas (tal y como decía Epícteto).

 

La próxima semana seguiremos con la gestión emocional con un ejercicio para saber cómo entrenar el superpoder de modificar tus emociones.

 

Recuerda que si quieres que plantee un ejercicio para el desarrollo de una competencia en concreto, no dudes en escribirme a [email protected] y propón la próxima competencia a desarrollar.

 

Gracias por leer.

 

Raúl García Díaz es director de la consultora de recursos humanos Entrepersonas

www.entrepersonas.com

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